Entrades amb l'etiqueta ‘Segle XX’

Procés i execució del president Lluís Companys

divendres, 14/10/2011

Després de l’entrada de les forces franquistes a Barcelona i consumada així la desfeta republicana en la Guerra Civil, Lluís Companys, el president de la Generalitat de Catalunya, va exiliar-se a França el gener de 1939. Aviat, però, el 13 d’agost de 1940, va ser detingut per les forces del govern alemany a la localitat de Baule-les-Pins (Bretanya). Els alemanys mai van considerar-lo com un refugiat de guerra que s’havia exiliat de l’Espanya franquista, sinó com un criminal fugit d’un règim amic del nazisme i, en conseqüència, se li va aplicar l’extradició. Així, Companys va ser conduit cap a Madrid, als calabossos de la Direcció General de Seguretat, on va ser víctima de diverses vexacions i tortures.

El 3 d’octubre va ser traslladat al castell de Montjuïc de Barcelona per ser sotmès a un Consell de Guerra sumaríssim per rebel·lió militar, un judici que va estar ple d’irregularitats. La voluntat de Companys d’autodefensar-se no li va ser admesa i va declarar-se totalment responsable de la seva actuació pública, com a dirigent polític i com a president de la Generalitat, tot assumint la de tots els seus col·laboradors, d’abans, de durant i de després de la guerra. La sentència a mort era inevitable i el 15 d’octubre de 1940, cap a dos quarts de set del matí, al fossar de Santa Eulàlia del Castell de Montjuïc, el president Companys va ser afusellat. De cara a l’escamot, format per soldats d’infanteria, va pronunciar les seves darreres paraules: “Per Catalunya!”. El president de Catalunya havia estat assassinat. Naixia el mite del president màrtir.

companys.jpg

Lluís Companys i Jover

Reproduïm els fets sobre la detenció el consell de guerra sumaríssim i l’execució de Companys a través de dos documents del moment: l’Informe sobre Lluís Companys i Jover que va realitzar el Consolat alemany a Barcelona i un fullet que la FORCA (Fuerza Obrera Organizadora Reaccionista Catalana y Antifascista) va repartir clandestinament a la ciutat de Barcelona.

Informe sobre el procés i execució de Lluís Companys i Jover realitzat pel Consolat alemany a Barcelona (15 d’octubre de 1940):

Procedente de la Dirección General de Seguridad, llegó hace unos quince días el que durante el período rojo fue presidente de la Generalidad de Cataluña. En esta ciudad debía incoarse el procedimiento correspondiente y verse el Consejo de Guerra que lo juzgase.

Durante la semana pasada se llevan a efecto las diligencias correspondientes, formulando sus conclusiones provisionales tanto el fiscal como el defensor. Se señaló el día de ayer para la celebración del Consejo de Guerra.

Durante los breves días en que se procedió a recoger los datos necesarios y se han practicado las oportunas diligencias, Companys ha permanecido alojado en un departamento situado en el castillo de Montjuich, próximo a la verja del rastrillo de la Plaza de Armas de dicha fortaleza. Como únicas visitas ha recibido las de sus dos hermanas residentes en esta ciudad, siendo atendido debidamente por los servicios de la prisión. En sus conversaciones se ha mostrado tranquilo y resignado ante su próximo fin. Se ha quejado del trato recibido en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, así como en la Prefectura de Policía de París. Decía que se le había exhibido como a una fiera o ejemplar raro […].

La sala está atestada. Asisten unas trescientas personas, en su mayoría jefes y oficiales del Ejército. Hay algunos jefes y elementos de Falange, así como paisanos, perfectamente controlados. También concurren hasta una docena de señoritas.

Companys aparece sentado en el banquillo, siendo su aspecto normal si bien demacrado, ofreciendo su semblante un color terroso. Viste traje claro y calza alpargatas.

Previa a la venia del presidente, comienza el instructor a leer el apuntamiento que, aunque algo extenso, es concreto, determinándose en forma clara los antecedentes y actuación del encartado. Se leen los informes de la Policía y la Guardia Civil; también se citan declaraciones de algunos testigos, entre ellos Armenteros, Capitán Bravo [sic], señor Sánchez Cañete y un funcionario del Ayuntamiento. Cuando tiene lugar la lectura del informe de la policía se hacen en él alusiones a la vida privada del encartado y éste, entonces, se levanta de su asiento para decir que lo que es leído es «canallesco y falso». Pretende continuar, mas es invitado por aquél a sentarse, debiendo exponer lo que desee cuando le llegue su vez. Dice entonces Companys que nada manifestará entonces y se sienta […].

El defensor, en forma muy breve y concisa, estima que su patrocinado es autor en todo caso del delito de auxilio a la rebelión con atenuantes, por lo que considera debe imponérsele la pena de veinte años y un día. Basa su informe en el hecho de que aquél ningún mal hizo directamente y siempre que pudo evitar sufrimientos a los perseguidos los realizó [sic].

Al terminar el defensor su informe, se dirige al procesado el presidente por si desea hacer alguna manifestación, levantándose éste y dice: «La historia nos juzgará a todos; moriré por mis ideales, pero sin rencor».

A continuación, es despejada la sala, para deliberar en sesión secreta el Consejo. Pasa algún tiempo y no se reanuda la vista, por lo que los asistentes, que aún esperaban una nueva llamada abandonan el Castillo.

En el día de ayer, Companys vuelve a recibir la visita de sus hermanas y habiendo entrado en capilla en las últimas horas de dicho día se despiden del mismo aquéllas en forma serena […].

En el Castillo se hacen los preparativos para llevar a cabo la ejecución, que tendrá lugar en el día de hoy. Des de las últimas horas de la tarde se establece por las afueras de Asalto [sic] servicios de vigilancia en los alrededores del Castillo y carretera que va al cementerio de Casa Antúnez [Can Tunis]. Llegan los forenses y el piquete de ejecución. Las personas que se mueven en las inmediaciones del sentenciado no duermen en toda la noche. Este sigue tranquilo y es asistido por dos capellanes militares, con los cuales conversa sobre materia de religión, admitiendo ha sido, en su vida, dominado por un confusionismo absoluto sobre tales extremos, mas reconoce es un gran pecador. Admite la preparación que le ofrecen los sacerdotes para recibir las Sagradas Formas. En la madrugada se dice misa, que es oída por el condenado a muerte; éste confiesa y comulga. Terminada esta ceremonia, conversa con los que le acompañan, principalmente con los dos sacerdotes, que no se separan de él ni un momento; el defensor también le asiste en estos sus últimos momentos.

Dan las seis, la hora señalada para la ejecución, pero aún es de noche. Se espera un poco más y veinte minutos después, según el reloj de la Plaza de Armas, se organiza la fúnebre comitiva. Companys sale de su alojamiento fumando un pitillo y sereno. Se inicia la marcha desde el rastrillo de entrada en el patio del castillo; rompe aquella un soldado, llevando un crucifijo en alto; siguen otros dos, alumbrando el camino con dos potentes faroles de gasolina; a continuación marcha el condenado con los dos sacerdotes y el defensor, seguidos por el juez de la fortaleza y diversos oficiales; cierra la marcha un piquete de la Guardia Civil el mando de un oficial. Domina el silencio más absoluto y así se llega al pasadizo subterráneo que, descendiendo desde la explanada norte del castillo, comunica ésta con el foso que da a la Exposición. El descenso se realiza lentamente y de uno en uno. Al llegar abajo sólo se oye hablar animadamente al reo con los sacerdotes; incluso sonríe. En sus últimos pasos es invitado por sus confesores a que se desprenda de todo sentimiento material y eleve su alma a Dios.

Por fin se hace alto, se despide de sus acompañantes inmediatos y es conducido cerca del muro. Su marcha es decidida. Empiezan a romper las primeras claridades del nuevo día. Los zapatos blancos que lleva el condenado, así como el pañuelo del bolsillo, destacan claramente en la oscuridad. Mira de frente al pelotón, sin titubeos, y al dar el oficial que manda el piquete la voz de firmes a sus fuerzas, levanta, se oye la voz de apuntes y fuego [sic]. La sentencia ha sido cumplida. Se acerca el oficial y dispara un tiro de gracia, que repite. Los forenses proceden a reconocer el cadáver, el cual es colocado en una camilla y cubierto por una manta colorada. Se le transporta a la ambulancia que le ha de conducir al cementerio.

Y así terminó su existencia el que en vida fue Lluís Companys i Jover.

Summari_lluis_companys.jpg

Extracte del summari judicial on es condemna a mort al president Companys

Fullet que circulava per Barcelona explicant la detenció i execució del president Companys (28 de novembre de 1940):

Tras la derrota del ejército francés tuvo lugar la ocupación de casi toda Francia […]. Companys demoró su huída para buscar a su hijo, que había desaparecido tras un ataque aéreo. Después ya fue demasiado tarde […] En el villorrio de Le Baule les Pins (Loire Inf.) fue detenido por la policía alemana e internado en la “Santé” de París, donde se le maltrató en diversas ocasiones. Su alimentación consistía en pan y agua. Se le traslado posteriormente a una prisión de la Gestapo, en donde arreciaron los malos tratos y los interrogatorios. Se le quitaron todos los objetos de uso personal. A medio vestir hubo de fregar la cocina de la cárcel, azuzado a golpes. Se le decía: “No se dice que los alemanes somos unos brutos. Ya te lo demostraremos”.

A finales de agosto fue entregado a las autoridades españolas […]. Se le traslado a Madrid vía Hendaya y se le internó en los sótanos de un edificio público. Tampoco tenía mantas. El trato y los interrogatorios fueron malos, pero no tanto como en el caso de la Gestapo. Se le dio permiso para escribir a su familia y para obtener comida y objetos personales, pero sus cartas no llegaron a su destino, pues fueron confiscadas.

El 4 de octubre se le trasladó a Barcelona por Zaragoza y se le internó en el Castillo de Montjuich. Hizo el viaje esposado. En Cataluña no recibió malos tratos. La noticia del encarcelamiento de Companys se extendió como un reguero de pólvora en toda Cataluña […], produciendo pena y compasión generales. La población se negó a creer la noticia.

El 7 de octubre se le leyó la acusación. Fue en la misma fecha en la que se había encontrado, también en Montjuich en 1934. La acusación se basaba en que Companys había luchado con todo su prestigio contra el triunfo de la causa nacional, en que se había hecho cargo del poder ilegalmente y en que había incitado a la rebelión […]. El 14 se reunió el Consejo de Guerra para juzgar a Lluís Companys. El 15 de octubre, a las 6:30 de la madrugada, se le fusiló en los fosos del Castillo, poco después de darle conocimiento de la sentencia. A lo largo de todo su calvario, Companys mantuvo siempre su fortaleza de carácter, lo que incluso llegó a impresionar a sus enemigos. Esperaba un final así, pero lo aguardaba con seriedad, gallardía y serenidad. Poco antes de su muerte pidió permiso para descalzarse, con el fin de tocar con sus propios pies la tierra catalana al morir, afirmando: “Moro per Catalunya i per la República. Sóc feliç de morir a Catalunya i si hi ha alguna cosa que em pesa és només que ja no podré fer res pels meus ideals. Que tinguin valor els qui encara queden, esperança i fermesa. Visca Catalunya!”.

Rosa de Foc: Setmana Tràgica, la revolta

divendres, 30/09/2011

El 1909, els esdeveniments a l’àrea de domini espanyol al Marroc van obligar a cridar a la lleva dels reservistes per anar a la guerra, una nova guerra colonialista per defensar les restes de l’Imperi espanyol i els seus interessos miners al Rif marroquí. L’error del govern cridant els reservistes catalans per anar a la guerra, la majoria casats i amb fills i sense la possibilitat de convertir-se en soldats de quota, és a dir, sense les 1.500 pessetes que costava evitar la lleva, va provocar l’esclat d’una vaga general contra el mateix govern de Maura i contra la guerra.

barcelona-Setmana-Tragica.jpg

La proposta de vaga general va ser feta pel grup socialista de La Internacional, recolzat pels anarquistes. Com que ni la Solidaritat Obrera ni els lerrouxistes ni els dirigents d’Esquerra Catalana van voler fer-se càrrec de la direcció de la vaga, va formar-se un Comitè de Vaga integrat per un representant socialista, un anarquista i un republicà federal. Reunits a la seu de la Solidaritat Obrera, van arribar a diferents acords sobre l’estratègia a seguir: es van nomenar delegats per diferents llocs de Catalunya i van donar instruccions sobre la tàctica a seguir.

El dilluns, 26 de juliol, cap al migdia ja només funcionaven els tramvies a Barcelona. El governador civil va haver de cedir aleshores el poder al comandament militar i la Guàrdia Civil ja que no se’n refiava de les tropes i la policia. A la tarda, la vaga general ja era completa, però el capità general va limitar-se a col·locar guàrdies davant dels centres públics i a reforçar les casernes fins que arribessin reforços. En paral·lel, l’anticlericalisme radical donava els seus fruits i la vaga general derivava en una revolta dirigida contra els centres religiosos. Van aixecar-se barricades i van tallar-se totes les comunicacions de Barcelona amb la resta de l’Estat. Mentrestant, la burgesia catalana es tancava als seus domicilis o marxava cap a les seves residències fora de la ciutat a l’espera de l’evolució dels esdeveniments ja que interpretava que interpretava que simplement s’estava produint un enfrontament entre el govern central i els obrers.

La revolta va ser caòtica i espontània. De dimarts a dijous la ciutat va quedar en mans dels revoltats, però els mateixos dirigents de la vaga van veure com la situació se’ls escapava de les mans per manca d’organització. Amb Lerroux, oportunament de viatge a l’Argentina, negant-se a proclamar la República, la revolta es quedava sense el seu rostre més visible i explotava la vessant més radical i anticlerical: quaranta convents i vint-i-una esglésies van ser cremades. La realitat és que no dirigien la sublevació ni els radicals, ni els nacionalistes republicans, ni els mateixos anarquistes i la manca de direcció i coordinació polítiques van derivar cap a l’acció incontrolada de grups que actuaven indiscriminadament.

Tanmateix, a la resta de Catalunya, amb l’excepció de Sabadell, la vaga va ser més limitada, tot i que van aixecar-se barricades a la major part de les localitats industrials. A més, des de dijous, amb l’arribada dels reforços militars i de la Guàrdia Civil, la situació va fer un tomb, fent-se evident que el restabliment de l’ordre era cosa de pocs dies.

rosa de foc.jpg

Les conseqüències de la revolta van ser més d’un centenar de morts, nombrosos ferits, una forta repressió amb la suspensió de les garanties constitucionals a Barcelona fins el novembre, 2.500 persones detingudes, uns 2.000 exiliats o fugits a França temorosos de la repressió, la celebració de 216 consells de guerra i l’afusellament de Francesc Ferrer i Guàrdia, un pedagog anarquista fundador de l’Escola Moderna, qui va ser acusat de ser el dirigent de la revolució frustrada. Les massives protestes internacionals no van poder evitar la seva mort, tot i que no s’havia provat que tingués cap relació directa ni amb la vaga general ni amb l’esclat dels incidents. L’execució va ser tant una represàlia originada per l’atac al sistema escolar catòlic pels seus intents de potenciar l’escola laica com una mostra del càstig exemplar que volia exercir el govern.

Si a nivell espanyol, l’actuació del govern va aixecar una onada de protestes que van fer caure Maura del poder, a Catalunya també van produir-se conseqüències polítiques: el lerrouxisme, desacreditat pel seu posicionament oportunista, va començar a perdre influència entre els treballadors; el fracàs del moviment va provocar el desengany d’importants sectors de la classe obrera respecte dels polítics republicans, fet que afavoriria sensiblement l’arrelament del sindicalisme apolític anarquista de la CNT en els anys següents; i la Solidaritat Catalana va rebre el seu cop definitiu amb la Lliga Regionalista patint un important retrocés electoral després d’haver donat el seu suport indirecte a la repressió de la revolta popular.

Article publicat a Esquerra Nacional nº 198 (2011).

Els orígens de l’esvàstica

dilluns, 5/09/2011

Inconfusible. Ja sigui per influència del cinema, la televisió, la premsa o els llibres d’història no crec que avui dia puguem trobar ningú que davant la imatge de l’esvàstica no identifiqui el símbol i el relacioni amb el nazisme i la figura d’Adolf Hitler. Tanmateix, molt poques persones deuen conèixer que l’origen d’aquesta figura té ben poc a veure amb el nazisme, sinó que pertany a cultures ancestrals, les quals li atorgaven un significat que ben diferent del que li van concedir els fanàtics nazis de l’Alemanya dels anys vint i trenta del segle XX.

esvasticas.gifLa forma més habitual de representar l’esvàstica és aquella que orienta els braços cap a la dreta i és una modalitat que acostuma a representar la sortida del sol, és a dir, la creació, l’inici. També se l’anomena com creu gamada per la seva semblança amb la lletra grega gamma: quatre lletres gamma que neixen d’un punt comú. Però aquesta no és l’única varietat d’esvàstica que podem trobar. Així, en la versió en la qual els braços es troben orientats cap a l’esquerra (també anomenada sauvàstica) el significat s’inverteix i esdevé una representació del sol de tardor, l’ocàs i la destrucció.

El símbol de l’esvàstica ja va ser emprat fa milers d’anys per algunes cultures prehistòriques que l’atribuïen un significat protector. Aleshores era considerat com una mena de talismà amb la capacitat d’atreure bona fortuna i salut per a tots aquells que el portaven. Tanmateix era un element de protecció davant les influències dels mals esperits.

Més endavant, l’esvàstica apareixeria en diferents civilitzacions del món de l’antiguitat, des de les indoeuropees fins a les orientals. Per exemple, a la Xina i el Japó el símbol s’associava amb la longevitat, la fortuna i el poder, fins al punt que existeixen imatges de Buda en les quals podem identificar-la al seu pit com a element de prosperitat. A més, a l’Índia antiga s’associava al déu Ganesa, el protector del gènere masculí, de la llum i de la vida –mentre que la sauvàstica s’associava amb Kali, la deessa portadora del mal i la foscor–.

És així com ens trobem davant d’un símbol iconogràfic força estès en diferents àmbits culturals i geogràfics. En l’àmbit europeu, si viatgem fins a l’antiga tradició escandinava, l’esvàstica va ser àmpliament relacionada amb la figura de Thor, el déu del Tro i fill d’Odin, la deïtat suprema dels nòrdics. I en un marc més proper a la nostra cultura, egipcis, celtes, grecs, etruscs i romans també van emprar la iconografia de l’esvàstica per representar el poder, el sol i l’existència.

Ja en temps del cristianisme, els primers màrtirs de la nova religió que estaria cridada a ser hegemònica a l’Europa medieval farien ús de l’esvàstica en les catacumbes de la Roma imperial, tot convençuts que aquest símbol era una representació perfecta de la pedra sobre la qual Crist havia d’edificar la seva església. I durant l’edat mitjana la creu gamada va seguir acompanyant moltes de les representacions de Jesús.

Arribats a temps més propers, algunes branques de la maçoneria també van fer ús de l’esvàstica dins de la seva complexa trama simbòlica perquè interpretaven que la seva forma representava els quatre punts cardinals de l’Osa Major al voltant del cel.

Flag_of_Nazi_Germany_(1933-1945).png

En definitiva, l’esvàstica té una llarga història de misteri i simbolisme esotèric que en el primer terç del segle XX, quan el nacionalsocialisme alemany va fixar-se en ella com a emblema, va quedar totalment eclipsada i oblidada. Sembla ser que a Hitler va cridar-li l’atenció l’estètica d’aquesta creu en temps de l’Imperi Romà, quan va ser emprada com a símbol per algunes legions en els seus estendards, així com la seva simbologia relacionada amb el poder diví en la cultura nòrdica. La força del nazisme va acabar per destruir el significat esotèric que l’esvàstica havia acumulat durant anys i encara avui només la relacionem amb el totalitarisme hitlerià. Desgraciadament, encara hauran de passar molts més anys perquè la nostra memòria col·lectiva superi aquell trauma i el símbol quedi net de tota la brutícia que el Tercer Reich va llençar-hi a sobre.

Joan Peiró: “La Revolució és crear”

dimecres, 3/08/2011

En el context de l’esclat de la Guerra Civil i de la revolució social que va acompanyar el conflicte, el dirigent anarcosindicalista Joan Peiró va publicar al diari Llibertat de Mataró un interessant article titulat “Revolucionaris”, una reflexió al voltant de la naturalesa de la violència revolucionària que va acompanyar els dies posteriors al 19 de juliol i que va reproduir La Vanguardia el 5 de setembre de 1936:

joan peiro.jpgVivimos una revolución, la más profunda registrada en nuestro país, y aparte de las vida inmoladas, los revolucionarios –quiero decir los partidarios de la destrucción por la destrucción– no han destruido más que las iglesias y conventos. ¿Es posible que alguno crea que las iglesias y conventos son toda la estructura de la vieja sociedad capitalista? ¿Es que quizá la sociedad capitalista, la responsable del imponente dramatismo de nuestros días, no tiene nada más para ser destruido?

Mientras los partidarios de la destrucción arruinan iglesias y conventos, el fascismo va destruyendo toda la economía y toda la riqueza que es su base, y cuando se tiene la sensación de encontrarse ante una estructuración económica que desaparece –que desaparece con la multitud de vicios y defectos fundamentales que la caracterizaban–, se pregunta cuál es la nueva estructuración económica que habrá de sustituir a la del viejo mundo que ha llegado a su fin.

Yo sé perfectamente bien que todavía no ha llegado la hora de las concreciones definitivas. Pero sí digo que ha llegado la hora de las inquietudes. De las inquietudes, porque la nueva estructuración económico-industrial del porvenir inmediato no es una cosa que se pueda improvisar. Hacer hijos, es una función relativamente fácil. Lo más difícil, sin embargo, es saber crear estos hijos y hacer de ellos unos hombres de provecho. Destruir una civilización –sobre todo cuando es destruida por los más interesados en su subsistencia– cuesta poco. El trabajo gigantesco se presenta a la hora de poner en marcha el nuevo estado de cosas sustitutivo de la civilización destruida.

La revolución de ahora tiene plasmaciones espirituales bien concretas. Las incautaciones de fábricas, talleres, ferrocarriles y de todo lo que es base creadora de la riqueza social, dan la sensación de que nos encontramos en el dintel de un ciclo colectivista. ¿Qué formas de colectivización revestirá este ciclo revolucionario? ¿Será la cooperativa, superada con las nuevas modalidades socializantes, netamente socializantes, impuestas por el imperativo del gran acontecimiento económico-social de nuestros días? Si no es la cooperativa, ¿qué será?

Es preciso que los revolucionarios dejen de pensar y de hacer tanto en sentido destructivo, para dar lugar a que el pensamiento y las actividades se encarrilen hacia la regulación del mundo nuevo que se nos viene encima. Más que pensar en hacer de esbirro y de verdugo, la voz de las horas graves y de bienaventuranza nos llaman a pensar cómo ha de hacerse la revolución social.

Destruyamos, si es preciso. Pero los revolucionarios no podemos pensar demasiado en destruir. Los verdaderos revolucionarios ponen la inteligencia, las energías todas y el alma, por encima de todo, al servicio de la magna función de crear, crear, crear siempre.

Esquerra Republicana de Catalunya: la fundació

dimarts, 2/08/2011

El 19 de març de 1931, sota l’impuls de Francesc Macià i Lluís Companys, en el marc de la Conferència d’Esquerres Catalanes i com a conseqüència de la unió de tres organitzacions: l’Estat Català, el Partit Republicà Català i el grup de L’Opinió, així com també de moltes agrupacions locals i comarcals, naixia el partit que estaria cridat a exercir l’hegemonia política a la Catalunya de la Segona República: l’Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). El nou partit esdevindria hegemònic a Catalunya ja que va saber integrar les idees de catalanisme, federalisme, republicanisme i confiança en les llibertats democràtiques coexistents en la societat catalana.

fundacio_ERC.gifLa fusió va tenir el seu origen en el Comitè d’Enllaç dels Partits Republicans (1930) i en el Manifest d’Intel·ligència Republicana (maig del 1930). Amb aquests antecedents, la Conferència d’Esquerres va inciar-se el 17 de març a l’Ateneu Republicà de Gràcia, al carrer Verdi. Allà van trobar-se representats uns 16.000 afiliats que cercaven la creació d’un partit republicà i catalanista capaç d’esdevenir una força política dirigent per al país. És a dir, una organització que fos capaç d’apropar les dues grans reivindicacions polítiques del moment: la República i l’autonomia de Catalunya. La nova ERC que naixeria dos dies després en el Foment Republicà de Sants, al carrer Cros de Barcelona, havia d’assumir les reivindicacions històriques del catalanisme, tot esdevenint un partit obert, pletòric d’universalisme i socialment avançat, encara que no podia acceptar en el seu si el concepte rígid de la lluita de classes marxista.

Les vuit ponències presentades al Congrés distingien dos blocs de problemes a afrontar. D’una banda, qüestions democràtiques bàsiques com la llibertat d’expressió i de consciència, el dret d’associació, la igualtat dels ciutadans davant la llei, el reconeixement de la voluntat popular com a única font de poder i la República com a forma d’Estat. A més, el seu programa social defensava la llibertat sindical, el dret de vaga, les prestacions socials avançades, la jornada laboral màxima de vuit hores, la defensa d’un salari mínim, les escoles del treball, les vacances pagades i la jubilació obrera. Tot i això, l’absència del terme “socialista” del nom de la formació i la negativa a constituir-se com un partit de classe va comportar que els delegats de la Unió Socialista de Catalunya (USC) optessin perquè aquest partit no s’hi integrés.

100408_1207824812_81_169907.jpgD’altra banda, les ponències van recollir el drets fonamentals de Catalunya com a nació: després de reivindicar la necessitat de la federació dels pobles ibèrics, els ponents van definir “l’estructura i règim de la vida administrativa, econòmica, social i política catalana amb les facultats que segueixen: manteniment i garantia de la llibertat i de l’ordre […], l’organització de les milícies catalanes sense ingerència del poder federal, excepte en cas de guerra contra l’estranger; legislació social, civil i penal, exceptuant els casos de delictes anomenats federals […], impost i cobrament de tributs de tota mena; l’organització de l’ensenyament en tots els seus graus; la participació en els poders federals”. Aquestes demandes majoritàriament, però, només podien aconseguir-se en el marc d’una República no unitària.

Les conclusions dels delegats comarcals en el Congrés van ser ratificades per unanimitat, donant lloc a la creació d’un partit amb disciplina i doctrina úniques. La nova ERC va ser organitzada en seccions i federacions (un mínim de cinc, una per a cada província més la de la ciutat de Barcelona). Així, els òrgans de govern eren el Congrés Nacional i el Comitè Executiu Central, format per tants membres com federacions, més el secretari general. Inicialment l’executiu va estar format per Francesc Macià i Jaume Aiguader (Estat Català), Joan Lluhí i Vallescà (L’Opinió), Lluís Companys i Marcel·lí Domingo (Partit Republicà Català), el qual se separaria del partit pel gener del 1932; uns altres membres destacats van ser Pere Comas, Joan Casanovas (Barcelona), Ricard Palacín (Lleida), Ignasi Iglésies (Tarragona) i Miquel Santaló (Girona), entre d’altres. La secretaria general va recaure en mans de Joan Lluís i Font, que la cediria l’abril de 1931 a Josep Tarradellas. La revista L’Opinió va esdevenir l’òrgan de premsa del partit.

La primera decisió del Comitè Executiu va ser l’elaboració de la tàctica a seguir pel partit en referència a les imminents eleccions municipals, és a dir, optar per l’abstenció, la participació en solitari o la coalició amb el Partit Catalanista Republicà (PCR). Finalment, l’executiva d’ERC va optar per participar a Barcelona en coalició amb la USC, decisió forçada per Lluhí i Companys (Macià era partidari de l’abstenció). En paral·lel, arreu de Catalunya es pactaven coalicions amb d’altres formacions republicanes i catalanistes, esdevenint la més comuna l’aliança entre ERC, USC i PCR.

100408_1207824875_64_172187.jpgArribats a aquest punt, la resta de les formacions polítiques catalanes consideraven que ERC era poc més que un muntatge electoral sense una ideologia perfilada i destinant a desaparèixer després de la previsible clatellada que rebria en les eleccions. Tot i això, les eleccions municipals del 12 d’abril també van reflectir el sentit plebiscitari sobre la monarquia. Així, la Lliga Regionalista va presentar-se davant de l’electorat com una opció política continuista i reformadora, mentre que les forces republicanes, la coalició republicano-socialista i la recentment creada ERC es presentaven com una opció rupturista amb el règim monàrquic.

D’aquesta manera, les coalicions republicanes van imposar-se a Catalunya, significant un clar triomf de l’Esquerra Republicana i una inesperada derrota de la, fins aquell moment hegemònica, Lliga Regionalista. A la ciutat de Barcelona ERC va obtenir 43.000 vots i 25 regidors dels 50 que composaven l’Ajuntament. Ja fos pel carisma de la figura de Macià, pel desig de l’electorat d’un canvi cap al republicà, pel fet que ERC encarnés la nova política de masses o pel populisme obrerista, els resultats de les eleccions van resultar esclatants per ERC.

El mite del setge de l’Alcázar de Toledo

dilluns, 1/08/2011

El Setge a l’Alcázar de Toledo va ser una batalla dels inicis de la Guerra civil espanyola plena de simbolisme i elements propagandístics per part d’ambdós bàndols, en la qual els milicians del Front Popular i els colpistes van lluitar pel control de l’edifici, on hi havia l’acadèmia d’Infanteria. Les forces republicanes, compostes per uns 8.000 milicians de la FAI, la CNT i la UGT comptaven amb algunes peces d’artilleria, uns pocs blindats i tanquetes, a més de la presència de l’aviació que hi va fer missions de reconeixement i va bombardejar l’edifici trenta-cinc vegades. De l’altra banda, els defensors de l’Alcàsser, encapçalats pel general Moscardó, eren 800 guàrdies civils, 318 cadets i un centenar de soldats de l’Acadèmia, juntament amb 110 civils, armats amb fusells, unes metralladores velles i algunes granades.

Alcazar_of_Toledo.jpg

El 27 d’agost el diari ABC de Madrid (edició republicana) publicava la següent crònica, inscrita en la batalla de la propaganda, que anunciava una propera derrota dels assetjats:

En las primeras horas de la mañana de hoy nos hemos trasladado a Toledo con el objeto de apreciar la situación en que se encuentra esa capital después de que los fascistas fueran reducidos y sitiados en el Alcázar de la que fue imperial ciudad […]. Hemos podido contemplar que el Alcázar de Toledo ha sido seriamente castigado por la artillería leal. La techumbre está totalmente derruida y la fachada norte reducida a escombros. Tales han sido los efectos de la artillería republicana en lo que es el último reducto de los fascistas. Estos sólo hacen acto de presencia en muy contadas ocasiones, disparando sus pistolas. El Alcázar está totalmente rodeado por las fuerzas leales a la República, quienes hostilizan los escasos enemigos que hacen acto de presencia.

Tot i això, el setge republicà fracassaria i es acabaria convertint-se en un mite de l’Espanya franquista. I és que l’exèrcit de Franco, desviant-se del seu objectiu principal que era Madrid, posaria fi al setge i es faria amb el control de la ciutat. L’ABC de Sevilla del 29 de setembre (edició nacional) ho narrava així:

Nuestros soldados durmieron el sábado [26] a la vista de Toledo. A las cuatro y media de la mañana, los rojos, ante la seguridad de nuestro éxito, ordenaron una nueva voladura del Alcázar colocando los mineros asturianos una enorme carga de dinamita que produjo una horrorosa explosión con grandes derrumbamientos. Pasados los primeros momentos intentaron asaltar la fortaleza, impidiéndoselo el fuego de ametralladoras que hacían los heroicos sitiados. A las nueve de la mañana hacían conjunción las columnas de Mizzián y Barrón sobre el cruce de la carretera de Madrid-Ávila dos quilómetros antes de la puerta de Bisagra […].

Abandonados los atrincheramientos que defendían la carretera y perdidas las posiciones de Vega, el enemigo concentró sus esfuerzos en evitar el paso por la Puerta de Bisagra […]. A las once de la mañana llegamos nosotros a Toledo donde se apreciaban a simple vista los enormes destrozos del Alcázar. Las torres estaban abatidas y en el último piso, hundido, se elevaba una nube de humo. En otros lugares de Toledo advertimos un fuego intensísimo de ametralladoras. La ocupación prosigue lenta conquistándose palmo a palmo […].

Después de durísimos combates en Mirdero, franqueóse el paso hacia Zocodover penetrando por Bisagra, magnífico puente y puerta. Los rojos intentaron antes de marcharse la voladura de todos los edificios principales, quedando muchos de ellos reducidos a escombros. Por la tarde se hizo contacto con el Alcázar recibiendo refuerzos los sitiados bajo un fuego infernal de fusilería enemiga, desde los escombros de las casas cercanas convertidas en atrincheramientos, quedando la ciudad tomada ya de noche.


Más de seis mil granadas rompedoras han caído en furiosa tempestad sobre la alta fortaleza imperial de España. La furia marxista concentróse sobre el baluarte espiritual de la raza. Conocían que más aún que el valor militar importaba en Toledo el valor que como símbolo tenía la posesión del Alcázar, donde Carlos V duerme, con el furor encadenado a sus pies […]. Desde anoche sabe Madrid que la guerra la hemos ganado al reconquistar Toledo y que hay un designio providencial […].  Aquí no podemos decir han perecido las ruinas; aquí más afortunadas que las murallas de Troya, no han perecido. Viven y desde estos escombros humeantes que el mundo mira, España tiende su mirada a Europa, desde una atalaya de dolor no abatida.

El naixement del PSUC

dimecres, 27/07/2011

El 23 de juliol de 1936, al Bar del Pi de Barcelona i en el context de l’inici de la Guerra Civil, va néixer el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), resultat de la integració de quatre organitzacions polítiques d’àmbit català: la Federació Catalana del PSOE, el Partit Comunista de Catalunya, la Unió Socialista de Catalunya i el Partit Català Proletari. La creació del partit va veure’s precipitada per l’alçament militar del 19 de juliol, però venia precedida per mesos de converses prèvies entre els diversos grups de l’esquerra catalana que integrarien el partit i responia a un projecte ampli i treballat.

9788488839466.jpg

A finals de 1935 ja s’havien establert contactes entre les direccions del PSOE i del PCE per tal d’integrar de manera progressiva les dues organitzacions i superar la divisió entre socialistes i comunistes existent des dels anys vint. El procés va inciar-se en clau sindical, amb la integració de la comunista Confederación General del Trabajo Unitaria dins la UGT. Després s’unificarien les organitzacions de les joventuts dels dos partits amb el naixement de les Juventudes Socialistas Unificadas. El tercer pas, i més difícil, havia d’arribar amb la fusió dels dos partits en una nova formació.

Aquesta unificació responia a la reorientació de la Internacional Comunista que, després de la celebració del VII Congrés del Komintern l’agost del 1935, havia abandonat els plantejaments de “classe contra classe” en favor de les convergències democràtiques i antifeixistes, del tipus Front Popular, que reunissin els partits obrers amb els democràtics de centre i d’esquerra moderada per donar pas a l’articulació d’un ampli front antifeixista. Unions d’aquest caràcter van plantejar-se a França o Bèlgica amb el naixement del Parti Ouvrier Français i el Parti Ouvrier de la Belgique.

En el cas espanyol, aquesta unificació inicialment no va plantejar-se de forma general, sinó que socialistes i comunistes van optar per començar el procés a Catalunya on ambdues formacions eren especialment febles. I és que el predomini anarcosindicalista de la CNT en el pla sindical i l’hegemonia política de l’Esquerra Republicana de Catalunya deixaven un espai molt limitat a les organitzacions marxistes. A més, l’existència de la USC i les reticències a vincular el catalanisme amb el programa democràtic havien deixat el PSOE en una situació especialment feble a Catalunya.

D’aquesta manera, en el laboratori català del 1935, les primeres converses per a la unificació de l’esquerra van comptar amb la participació del Bloc Obrer i Camperol, l’Esquerra Comunista, la Unió Socialista de Catalunya, el Partit Català Proletari i la Federació Catalana del PSOE, quedant-ne exclosos els sectors faistes; però no va arribar-se a cap acord malgrat els esforços del PCP per a superar tant les reticències entre les organitzacions comunistes i socialistes així com per l’hostilitat de l’organització comunista oficial contra els dos partits dissidents.

Tanmateix, a la darreria del 1935 ja s’havien creat dos blocs diferenciats, un format pel Bloc Obrer i Camperol de Maurín i l’Esquerra Comunista d’Andreu Nin, que formaren el Partit Obrer d’Unificació Marxista (POUM), i l’altre per les altres quatre organitzacions restants que derivarien en el PSUC. En produir-se l’aixecament del militar del 19 de juliol, només faltava que es realitzés el congrés de la Federació Catalana del PSOE per a ratificar el procés unitari amb la Unió Socialista, el PCC i el PCP. L’esclat de la Guerra Civil i la situació política i social existents a Catalunya n’accelerarien finalment la fusió.

Comorera Pasionaria Thores Antonov-Ovsenko PSUC PCE.jpg

El PSUC naixia el 23 de juliol de 1936 i Joan Comorera, de la USC, era nomenat com a secretari general de la formació. El nou partit de l’esquerra marxista catalana s’organitzaria seguint els principis del centralisme democràtic i el seu caràcter de partit independent dins de la Internacional Comunista —a la qual va adherir-se— li va ser confirmat pel ple d’aquesta del juny del 1939 en admetre’l com a secció catalana dels comunistes espanyols.

Amb el triomf de la legalitat republicana a Catalunya després del fracàs del cop d’Estat, el PSUC s’incorporaria immediatament al Consell Executiu de la Generalitat republicana i, sobretot, va convertir-se en un element clau de l’esforç de guerra. Tot posant en primer pla l’exigència de guanyar la guerra i de restaurar la legalitat republicana, el PSUC va conèixer un desenvolupament espectacular al llarg del conflicte. A més, en combinar la presència institucional amb una intensa acció de masses, el PSUC aspirava a aconseguir tant el paper dominant que els anarcosindicalistes de la CNT tenien entre els treballadors com a fer-se amb el predomini polític de l’ERC. El fet de formar part del govern de la Generalitat va fer que el partit es comportés a la vegada com un partit d’ordre defensor de la legalitat republicana, un element que mobilitzava la classe obrera i una formació netament antifeixista.

Combinant aquests elements, seu creixement durant la guerra va ser força notable: dels sis o set mil militants amb que comptava el juliol del 1936 en unificar-se va passar a tenir prop de 60.000 pel juliol del 1937 (15.000 de Barcelona). Igualment, la UGT va experimentar un fort impuls dins del sindicalisme català, fet que va permetre aquest sindicat poder arribar a igualar-se per primera vegada amb la CNT. El seu portaveu era el diari Treball i el de les joventuts Juliol.

Psuc.jpg

afich-espag15.jpg

L’estratègia del PSUC durant la Guerra Civil va consistir en posar en primer pla la unió de les forces democràtiques per defensar la legalitat republicana i la Generalitat, però la seva tendència a convertir-se en força hegemònica en el camp polític i sindical va xocar frontalment amb els plantejaments de les altres formacions obreres. Així, en el camp del sindicalisme, el PSUC va enfrontar-se amb la CNT perquè aquesta desenvolupava un estil de milícies populars que es trobava fora de les regles d’un exèrcit regular. I en el camp polític va trobar-se amb l’oposició de l’esquerra comunista del POUM, pel qual la transformació social a través de l’èxit de la Revolució era un requisit previ indispensable per guanyar la guerra.

L’enfrontament entre les diferents forces de l’esquerra va acabar per desembocar en els enfrontaments dels Fets de Maig de 1937, el “pecat original” que dificultaria per molts anys les relacions entre les diferents formacions de l’esquerra catalana. El govern de la Generalitat, integrat fonamentalment per l’ERC i el PSUC, va enfrontar-se per les armes amb la CNT-FAI i el POUM als carrers de Barcelona fins a derrotar l’esquerra dissident de la política oficial. El combat va costar vides per ambdós bàndols i va comportar la repressió política dels derrotats amb l’assassinat d’Andre Nin com a fet més destacat. Els hereus del POUM i els socialistes catalans es tancarien des d’aquest moment, i durant molts anys, a qualsevol tipus de col·laboració amb un PSUC considerat culpable de l’enfrontament.

L’Església davant la Guerra Civil

dijous, 21/07/2011

Un dels elements més polèmics de la Guerra Civil espanyola va ser el paper de l’Església. Si bé, ja des d’un primer moment, l’episcopat espanyol va adherir-se a l’alçament pràcticament en bloc, el Vaticà només s’hi sumaria parcialment i amb reserves. Públicament, semblava que les relacions entre Franco i el Vaticà eren òptimes, però, com ha demostrat Hilari Raguer, la documentació secreta revela grans tensions. Ara bé, la propaganda republicana, que desconeixia les tensions, i la nacional, que les silencia, van coincidir a identificar la Santa Seu amb els insurrectes.

El cardenal Isidre Gomà, cardenal primat d’Espanya en el moment de l’esclat de la guerra, va ser decisiu en el reconeixement del franquisme per part del Vaticà, proporcionant a Roma documentació com aquest Informe acerca del levantamiento cívico-militar de España en julio de 1936 adreçat al cardenal Pacelli (el futur papa Pius XII), l’agost de 1936, on Gomà realitza una aferrissada defensa de l’alçament militar recolzant-se en la hipòtesi d’un cop comunista que mai es va produir:

cardenal gomà.jpg

Isidre Gomà

Génesis del alzamiento. La labor desdichada de la República en el orden religioso, civil y económico, durante el bienio 1931-1933, dio sin duda origen al levantamiento del 10 de agosto de 1932, que fracasó por la falta de unión entre el elemento militar. Los dos años de colaboración radical-derechista, 1933-1935, fueron un sedante y una esperanza para el vejado espíritu. Toda esperanza de solución pacífica de la lucha entablada en el fondo de la conciencia nacional se frustró con el nuevo advenimiento del gobierno Azaña.

La forma de las elecciones de febrero último, sobre las que ya tuve el honor de informar a la Santa Sede; las coacciones gubernamentales para lograr una mayoría artificial, con manifiesto vejamen de los partidos de centro-derecha; la prosecución, especialmente, de la labor legislativa del bienio primero; la falta absoluta de autoridad, o mejor, la complicidad del Gobierno con las bandas de malhechores que tenían perturbado profundamente el orden público, sin garantía ninguna para personas, cosas y derechos, produjo la tensión enorme del sentido patriótico y religioso que culminó a raíz del asesinato del Sr. Calvo Sotelo, el más caracterizado y valeroso de los derechistas.

El triste hecho que privó a España de los servicios que podía prestarle el gran estadista [sic] hizo que se acelerara el estallido del alzamiento militar, preparado hacía semanas. Fue providencial, porque es cosa comprobada, por documentos que obran en poder de los insurgentes, que el 20 de julio último debía estallar el movimiento comunista, para el cual se habían pertrechado con fuertes elementos de guerra las ciudades y pueblos de alguna importancia. Será sensacional la publicación de los proyectos que debía llevarse a cabo así que triunfara el régimen comunista. A más de la destrucción o incautación de todo lo de la Iglesia, una verdadera “checa”, indicada en las listas negras que obran hoy, muchas de ellas en poder de los insurgentes, debía aniquilar, en un momento dado y en cada localidad, las vidas de los más conspicuos de derechas, empezando por los sacerdotes.

Su naturaleza o carácter. En conjunto puede decirse que el Movimiento es una fuerte protesta de la conciencia nacional y del sentimiento patrio contra la legislación y procedimiento de gobierno de este último quinquenio, que paso a paso llevaron a España al borde del abismo marxista y comunista.

Pero no puede precisarse el móvil que ha impulsado a cada uno de los directores del Movimiento. Unos se mueven, sin duda, por el ideal religioso al ver profundamente herida su conciencia católica por las leyes sectarias y laicizantes y por las desenfrenadas persecuciones; otros, por ver amenazados sus intereses materiales por un posible régimen comunista; muchos, por el anhelo de una paz social justa y por el restablecimiento del orden material profundamente perturbado; otros, por el sentimiento de unidad nacional amenazado por las tendencias separatistas de algunas regiones.

Cierto que, como en la civilización cristiana están salvaguardados todos esos intereses, aun los de orden material y temporal, los dirigentes del Movimiento, según se desprende de sus proclamas y arengas, propenden a la instauración de un régimen de defensa de la civilización cristiana.

Pero es muy de lamentar que, según manifestaciones que acaba de hacerme una de las figuras más destacadas y más católicas del Movimiento, no se haya concretado previamente en sus líneas generales la forma que habrá de tener el Nuevo Estado español, caso de triunfar el Movimiento. Ello podría malograr en parte la victoria y causar descontento en su día a grandes núcleos que han ofrendado su vida y derramado su sangre primero y ante todo por la defensa de la religión.

Es muy diversa la ideología de los dirigentes del Movimiento y corre desde la de algunos militares de alta graduación que no se hallarían mal con una República laicizante, pero de orden, hasta la de algunos otros que combaten con la imagen del Corazón de Jesús en el pecho y que quisieran una monarquía con unidad católica, como en los mejores tiempos de los Austrias.

De hecho y en reuniones previas de los dirigentes, para no malograr el germen del Movimiento, se han debido eliminar del programa común cuestiones fundamentales que deberán forzosamente plantearse así que triunfara el Movimiento. Entre los puntos tratados han sido el de los colores de la bandera –la tricolor ha sido el símbolo de la República–, el del régimen corporativo y el de las relaciones del Estado con la Iglesia. Esto último ha quedado así en el programa común: “Separación de la Iglesia y el Estado”. Falta ver el alcance que se daría a esta proposición.

Posteriorment, el juliol de 1937, els bisbes espanyols van donar a conèixer una carta pastoral col·lectiva on es mostraven a favor dels sublevats. Seria el mes d’octubre, un cop la sort de les armes ja indicava una futura victòria militar, quan el franquisme va rebre finalment el reconeixement diplomàtic per part del Vaticà. D’aquesta manera, el règim franquista va guanyar-se el suport de l’Església, que es convertiria en un element omnipresent en el Nou Estat que s’estava configurant.

Les lletres contra el feixisme

dijous, 21/07/2011

L’esclat de la Guerra Civil va radicalitzar les posicions ideològiques de molts intel·lectuals i artistes espanyols, els quals van contribuir a mobilitzar esforços i a commoure consciències amb les seves obres. Així, el conflicte va trasbalsar profundament el món de la cultura, l’educació i la intel·lectualitat, i molts dels seus integrants van esdevenir representants de la propaganda ideològica d’un o altre dels bàndols. La majoria de la intel·lectualitat va mantenir-se al costat de la República i dels ideals de la democràcia i la llibertat que aquesta representava. D’aquesta manera, nombrosos intel·lectuals i escriptors espanyols, que ja s’havien compromès amb la tasca cultural iniciada en paral·lel a l’establiment de la República, van situar-se al costat de la legalitat i contra la insurrecció militar, tot redactant aquest manifest publicat al diari El Sol el 30 de juliol de 1936:

manifiesto.gifSe ha producido en toda España una explosión de barbarie en que las viejas formas de la reacción del pasado han tomado nuevo y más poderoso empuje, como si alcanzasen una suprema expresión histórica al integrarse en el fascismo.

Este levantamiento criminal de militarismo, clericalismo y aristocratismo de casta contra la República democrática, contra el pueblo, representado en su Gobierno por el Frente Popular, ha encontrado en los procedimientos fascistas la novedad de fortalecer todos aquellos elementos mortales de nuestra historia, que por su descomposición lenta venían corrompiendo y envenenando el pueblo en su afán activo de crear una nueva vida española. Contra la auténtica España popular se ha precipitado, para destruirla o corromperla, envileciéndola con una esclavitud, embrutecedora y sangrienta, como la de la represión asturiana, ese criminal empeño de una parte del Ejército, que al traicionar a la República lo ha hecho de tal modo que han desenmascarado la culpabilidad de su intención, agravándola con la de traicionarse a sí mismo en la falsedad de los ideales patrióticos que se decía defender, sacrificando la dignidad internacional de España y ensangrentando y destruyendo el suelo sagrado de su historia. Y esto con tal ímpetu desesperado, demoledor, suicida, que la trágica responsabilidad delictiva de sus dirigentes lo ha determinado con características vesánicas de crueldad y destrucción acaso jamás conocidas en España; en una palabra: fascistas.

Contra ese monstruoso estallido de fascismo, que tan espantosa evidencia ha logrado ahora en España, nosotros, escritores, artistas, investigadores, científicos, hombres de actividad intelectual, en suma, agrupados para defender la cultura en todos sus valores nacionales y universales de tradición y creación constante, declaramos nuestra identificación plena y activa con el pueblo, que ahora lucha gloriosamente al lado del Gobierno del Frente Popular, defendiendo los verdaderos valores de la inteligencia al defender nuestra libertad y dignidad humana, como siempre hizo, abriendo heroicamente paso, con su independencia, a la verdadera continuidad de nuestra cultura, que fue popular siempre, y a todas las posibilidades creadoras de España en el porvenir.

La crisi de la República i les causes de la Guerra Civil segons Manuel Azaña

dimecres, 20/07/2011

El 1939, poc després d’iniciar el camí cap a l’exili francès del qual mai retornaria, Manuel Azaña, el ja dimitit president de la Segona República, va escriure un llarg article (que no va arribar a publicar-se en el seu moment) en el qual, tot dirigint-se a la opinió pública internacional, apuntava quines, segons la seva opinió, havien estat les causes que havien conduit a l’esclat de la Guerra Civil espanyola, a més de fer un anàlisi en profunditat dels anys de govern republicà i els entrebancs que aquest va trobar en el seu intent de modernitzar el país:

manuel-azana.jpg

Manuel Azaña

Las causas de la guerra y de la revolución que han asolado a España durante treinta y dos meses son de dos órdenes: de política interior española y de política internacional. Ambas series se sostienen mutuamente, de suerte que faltando una, la otra no habría sido bastante para desencadenar tanta calamidad. Sin el hecho interno español del alzamiento de julio de 1936, la acción de las potencias totalitarias, que ha convertido el conflicto de España en un problema internacional, no habría tenido ocasión de producirse, ni materia donde clavar la garra. Sin el auxilio previamente concertado de aquellas potencias, la rebelión y la guerra civil subsiguiente no se habrían producido. Es lógico comenzar por la situación política de España este rápido examen, que no se dirige a atacar a nadie ni a defender nada, sino a proveer de elementos de juicio al público extranjero, aturdido por la propaganda.

Desde julio del 36, la propaganda, arma de guerra equivalente a los gases tóxicos, hizo saber al mundo que el alzamiento militar tenía por objetivo: reprimir la anarquía, salir al paso a una inminente revolución comunista y librar a España del dominio de Moscú, defender la civilización cristiana en el occidente de Europa, restaurar la religión perseguida, consolidar la unidad nacional. A estos temas no tardaron en agregarse otros dos: realizar en España una revolución nacional-sindicalista, crear un nuevo imperio español. ¿Cuáles eran, desde el punto de vista de la evolución política de mi país y confrontados con la obra de la República, el origen y el valor de estos temas?

Sería erróneo representarse el movimiento de julio del 36 como una resolución desesperada que una parte del país adoptó ante un riesgo inminente. Los complots contra la República son casi coetáneos a la instauración del régimen. El más notable salió a la luz el 10 de agosto de 1932, con la sublevación de la guarnición de Sevilla y parte de la de Madrid. Detrás estaban, aunque en la sombra, las mismas fuerzas políticas y sociales que han preparado y sostenido el movimiento de julio del 36. Pero en aquella fecha no se había puesto en circulación el slogan del peligro comunista.

La instalación de la República, nacida pacíficamente de unas elecciones municipales, en abril de 1931, sorprendió, no solamente a la corona y los valedores del régimen monárquico, sino a un buen número de republicanos. Los asaltos a viva fuerza contra el nuevo régimen no empezaron antes porque sus enemigos necesitaron algún tiempo para reponerse del estupor y organizarse. El régimen monárquico se hundió por sus propias faltas, más que por el empuje de sus enemigos. La más grave de todas fue la de unir su suerte a la dictadura militar del general Primo de Rivera, instaurada en 1923 con la aprobación del rey. Siete años de opresión despertaron el sentimiento político de los españoles. En abril del 31, la inmensa mayoría era antimonárquica. La explosión del sufragio universal en esa fecha, más que un voto totalmente republicano, era un voto contra el rey y los dictadores. Pero la República era la consecuencia necesaria.

El nuevo régimen se instauró sin causar víctimas ni daños. Una alegría desbordante inundó todo el país. La República venía realmente a dar forma a las aspiraciones que desde los comienzos del siglo trabajaban el espíritu público, a satisfacer las exigencias más urgentes del pueblo. Pero el pueblo, excesivamente contento de su triunfo, no veía las dificultades del camino. En realidad, eran inmensas.

Las dificultades provenían del fondo mismo de la estructura social española y de su historia política en el último siglo. La sociedad española ofrecía los contrastes más violentos. En ciertos núcleos urbanos, un nivel de vida alto, adaptado a todos los usos de la civilización contemporánea, y a los pocos quilómetros, aldeas que parecen detenidas en el siglo XV. Casi a la vista de los palacios de Madrid, los albergues miserables de la montaña. Una corriente vigorosa de libertad intelectual, que en materia de religión se convertía en indiferencia y agnosticismo, junto a demostraciones públicas de fanatismo y superstición, muy distantes del puro sentimiento religioso. Provincias del noroeste donde la tierra está desmenuzada en pedacitos que no bastan a mantener al cultivador; provincias del sur y del oeste, donde el propietario de 14.000 hectáreas detenta en una sola mano todo el territorio de un pueblo. En las grandes ciudades y en las cuencas fabriles, un proletariado industrial bien encuadrado y defendido por los sindicatos; en Andalucía y Extremadura, un proletariado rural que no había saciado el hambre, propicio al anarquismo. La clase media no había realizado a fondo, durante el siglo XIX, la revolución liberal. Expropió las tierras de la Iglesia, fundó el régimen parlamentario. El atraso de la instrucción popular, y su consecuencia, la indiferencia por los asuntos públicos, dejaban sin base sólida al sistema. La industria, la banca, y, en general, la riqueza mobiliaria, resultante del espíritu de empresa, se desarrollaron poco. España siguió siendo un país rural, gobernado por unos cientos de familias. Aunque la Constitución limitaba teóricamente los poderes de la corona, el rey, en buen acuerdo con la Iglesia, reconciliada con la dinastía por la política de León XIII, y apoyado en el ejército, conservaba un predominio decisivo a través de unos partidos pendientes de la voluntad regia. La institución parlamentaria era poco más que una ficción.

Las clases mismas estaban internamente divididas. La porción más adelantada del proletariado formaba dos bandos irreconciliables. La Unión General de Trabajadores (UGT), inspirada y dirigida por el Partido Socialista, se distinguía por su moderación, su disciplina, su concepto de la responsabilidad. Colaboraba en los organismos oficiales (incluso durante la dictadura de Primo de Rivera), aceptaba la legislación social. La organización rival, Confederación Nacional del Trabajo (CNT), abrigaba en su seno a la Federación Anarquista Ibérica (FAI), rehusaba toda participación en los asuntos políticos, repudiaba la legislación social, sus miembros no votaban en las elecciones, practicaba la violencia, el sabotaje y la huelga revolucionaria. Las luchas entre la UGT y la CNT eran durísimas, a veces sangrientas. Por su parte, la clase media, en que el republicanismo liberal reclutaba los más de sus adeptos, también se dividía en bandos, por dos motivos: el religioso y el social. Muchos veían con horror todo intento de laicismo del Estado. A otros, cualquier concesión a las reivindicaciones del proletariado les infundía miedo, como un comienzo de revolución. En realidad, esa discordia interna de la clase media y, en general, de la burguesía, es el origen de la Guerra Civil. La República heredó también de la monarquía el problema de las autonomías regionales. Sobre todo la cuestión catalana venía siendo, desde hacía treinta años, una perturbación constante de la vida pública española.

El primer Parlamento y los primeros Gobiernos republicanos tenían que contemporizar entre esas fuerzas heterogéneas, habitualmente divergentes, acordes por un momento en el interés común de establecer la República. Una república socialista era imposible. Las tres cuartas partes del país la habrían rechazado. Tampoco era posible una república cerradamente burguesa, como lo fue bastantes años la Tercera República en Francia. No era posible, primero porque la burguesía liberal española no tenía fuerza bastante para implantar por si sola el nuevo régimen y defenderlo contra los ataques conjugados de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Segundo, porque no habría sido ni justo ni útil que el proletariado español en su conjunto se hallase bajo la República en iguales condiciones que bajo la monarquía. En la evolución política española, la República representaba la posibilidad de transformar el Estado sin someter al país a los estragos de una conmoción violenta. El primer presidente del Gobierno provisional de la Republica, monárquico hasta dos años antes, jefe del partido republicano de la derecha, y católico, formó el Ministerio con republicanos de todos los matices y tres ministros socialistas. La colaboración socialista, indispensable en los primeros tiempos del régimen, a quien primero perjudicó fue al mismo partido, en cuyas filas abrieron brecha los ataques de los extremistas revolucionarios y de los comunistas.

La obra legislativa y de gobierno de la República arrancó de los principios clásicos de la democracia liberal: sufragio universal, Parlamento, elegibilidad de todos los poderes, libertad de conciencia y de cultos, abolición de tribunales y jurisdicciones privilegiados, etc. En las cuestiones económicas era imposible (con socialistas y sin socialistas) atenerse al liberalismo tradicional […].

Las reformas políticas de la República satisfacían a los burgueses liberales, interesaban poco a los proletarios, enemistaban con la República a la burguesía conservadora. Las reformas sociales, por moderadas que fuesen, irritaban a los capitalistas. Las realizaciones principales de la República (reforma agraria, separación de la Iglesia y el Estado, ley del divorcio, autonomía de Cataluña, disminución de la oficialidad en el ejército, etc.) suscitaron, como es normal, gran oposición. También fue rotundamente combatida la función de millares de escuelas y de un centenar de establecimientos de segunda enseñanza porque la instrucción era neutra en lo religioso […].

[En 1934] Había amenazas de un golpe de Estado, dado desde el poder por las derechas, y amenazas de insurrección de las masas proletarias. Huelga de campesinos en mayo del 34. Conflicto con Cataluña. Entrega del poder (octubre 1934) a los grupos de la derecha que no habían aceptado lealmente la República. Decisión gravísima, llena de riesgos. Réplica: insurrección proletaria en Asturias, e insurrección del gobierno catalán. Errores mucho más graves aún, e irreparables. El gobierno no se contentó con sofocar las dos insurrecciones. Realizada una represión atroz, suprimió la autonomía de Cataluña y metió en la cárcel a treinta mil personas. Era el prólogo de la Guerra Civil.

Del aluvión electoral de febrero de 1936, que produjo una mayoría de republicanos y socialistas, salió un gobierno de republicanos burgueses, sin participación socialista. Su programa, sumamente moderado, se publicó antes de las elecciones. El gobierno pronunció palabras de paz, no tomó represalias por las persecuciones sufridas, se esforzó en restablecer la vida normal de la democracia. Los dislates cometidos desde 1934 daban ahora sus frutos. Extremas derechas y extremas izquierdas se hacían ya la guerra. Ardieron algunas iglesias, ardieron Casas del Pueblo. Cayeron asesinadas algunas personas conocidas por su republicanismo y otras de los partidos de derecha. La Falange lanzaba públicas apelaciones a la violencia. Otro tanto hacían algunos grupos obreros. La organización militar clandestina, que funcionaba por lo menos desde dos años antes, y los grupos políticos que se habían procurado el concurso de Italia y Alemania, comenzaron el alzamiento en julio. Lo que esperaban golpe rápido, que en 48 horas les diese el dominio del país, se convirtió en Guerra Civil, en la que inmediatamente se insertó la intervención extranjera.