Entrades amb l'etiqueta ‘Restauració absolutista’

Els pronunciaments

diumenge, 27/11/2011

Com a conseqüència de la política absolutista de Ferran VII i de la crisi econòmica que va afectar Espanya en la postguerra, l’oposició liberal es va anar enfortint. Així, a les ciutats van créixer les societats secretes i maçòniques, i, a més, la integració dels caps de la guerrilla a l’exèrcit va originar un sector liberal, partidari de reformes, que protagonitzaria un gran nombre de pronunciamientos militars, mètode que en el futur jugaria un paper fonamental a l’hora de forçar canvis de governs a Espanya.

D’aquesta manera, bona part de l’agitació arribava principalment des de les files d’un exèrcit que es trobava equipat de forma deficitària, era pagat de forma irregular i patia de macrocefàlia. La Guerra de la Independència havia suposat l’inici d’un procés que va fomentar la intervenció dels militars a la vida política, convertint-los en un factor dominant de la vida pública. Els pronunciaments liberals proclamaven la Constitució de 1812 pels hereus de la guerrilla influïts per una forta càrrega utòpica insurreccional que associava la Constitució de Cadis amb la llibertat.

Manifest de la Junta Provincial de Galícia, presidida pel mariscal de camp Juan Díaz Porlier, dirigit a la Nació espanyola (21 de setembre de 1815)

Juan Díaz Porlier.jpg

Juan Díaz Porlier

Obligados por la necesidad, viendo que la verdad no puede llegar a oídos del Rey, sitiado a toda costa por sus consejeros, a menos que ésta se le presente de una manera a propósito para hacerla respetar, hemos tomado la resolución terrible, pero indispensable, de reclamar con las armas en la mano lo que se ha negado a nuestras solicitudes.

Nuestro objeto es el de España entera: una monarquía sometida a leyes justas y sabias, y constituida de una manera que sea una garantía, lo mismo de las prerrogativas del trono que de los derechos de la nación. Pedimos la convocación de Cortes nombradas por el pueblo, y que estas tengan la capacidad de hacer en la Constitución proclamada por las Cortes extraordinarias, los cambios que exige nuestra situación, que aconseja la experiencia, que nos indiquen las leyes constitucionales de las otras monarquías.

Las Cortes restablecerán el orden en nuestra Hacienda, cuidarán de la suerte de nuestros soldados, recompensarán sus servicios, les asegurarán la existencia para la vejez, y harán en adelante la nación sea respetada y estimada.

Renunciando la nobleza a una insignificante parte de sus privilegios, encontrará la indemnización del sacrificio en las nuevas disposiciones constitucionales que le darán existencia política. Todas las clases de la sociedad verán mejorar su situación: los párrocos, cuya influencia puede ser tan útil, obtendrán sueldo más elevado; el agricultor, el artesano, el comerciante y el industrial gozarán de nuevo de las ventajas que habían empezado a sacar de los cambios hechos en su favor por las Cortes; y gracias a una sabia administración de los fondos públicos, los acreedores del Estado podrán esperar ser indemnizados de los adelantos que tienen hechos y de las pérdidas que han sufrido, ya por sacrificios patrióticos, ya por desconfianza en las promesas del gobierno.

¡Españoles! Tales son nuestros deseos; tales serán sin duda los de las Cortes cuando estén reunidas. Para alcanzar tan sagrado objeto, Galicia invita a sus hermanas a reunirse a ella. Igual invitación ofrecemos a los intrépidos defensores de la patria, a los dignos oficiales, a los ilustres generales, en una palabra, a los españoles de todas las clases.

Firmes en nuestra resolución, no dejaremos las armas (si nos vemos obligados a recurrir a ellas) antes de obtener lo que pedimos; y tan dispuestos estamos a estrechar entre nuestros brazos a todo español que se aliste bajo el estandarte nacional, como a ser implacables para con los que, enemigos a un tiempo de su patria y de su rey, prefieran abandonar a éste en manos de sus viles consejeros, a apartarle de su influencia y ponerle delante de los ojos sus pérfidas intenciones.

Nuestra conducta servirá de modelo a la de nuestros adversarios. Respetaremos la propiedad, y la libertad individual será santa para nosotros. Pero ¡desgraciados aquellos que, abusando del augusto nombre del Rey, se permitirán contra quien quiera que sea el insulto o la persecución! Responderán con sus cabezas, y en su defecto, la responsabilidad caerá sobre los que se crean susceptibles de ser tomados en rehenes.

Estamos seguros de la justicia de nuestra causa, y el mundo verá que España, que ha sabido desplegar tanto valor guerrero para el sostén de su independencia contra el extranjero, está dispuesta a mostrar igual energía para proteger en el interior sus derechos y libertades.

El retorn a l’absolutisme de Ferran VII

dimecres, 23/11/2011

Un cop derrotat Napoleó, a Espanya es plantejava el problema de la integració de Ferran VII en el nou ordre constitucional nascut a les Corts de Cadis. El monarca havia abandonat el país com a rei absolut i hi retornava, després del Tractat de Valençay, en el marc d’una monarquia constitucional, fet que feia desconfiar els liberals que acceptés el nou ordre. Així, els diputats van disposar que Ferran VII viatgés directament a Madrid per jurar la Constitució i aquest, temorós d’enfrontar-se amb els que durant sis anys havien resistit l’invasor francès, va acatar les condicions. Però els absolutistes, fonamentalment la noblesa i el clergat, sabien que amb el retorn del monarca disposaven de la seva millor oportunitat per a desfer-se de tot allò que s’havia fet a Cadis i precipitar el retorn cap a l’Antic Règim.

Fernando_VII.jpg

Ferran VII

Els absolutistes, per primer cop, es veien obligats a justificar i legitimar enfront dels liberals el règim que ells defensaven. Així, aquests sectors reaccionaris, tron i altar, van organitzar-se ràpidament contra el liberalisme per a demanar el retorn de l’absolutisme a través del Manifest dels Perses d’abril de 1814 (seixanta nou signats conservadors demanaven a Ferran VII que suspengués la Constitució i anul·lés les lleis promulgades per les Corts) i van mobilitzar el poble perquè, a través de la creació del mite de “Fernando el Deseado”, mostrés la seva adhesió incondicional al monarca. D’aquesta manera, l’arribada de Ferran VII va aixecar un gran entusiasme entre una població, que havia lluitat més per l’expulsió dels francesos i per l’alliberament del seu rei que per una Constitució que ni coneixia ni podia entendre. Des del poble, la monarquia es veia com un ens no qüestionable.

Manifest dels Perses de 12 d’abril de 1814

Manifiesto_de_los_Persas.jpgLa monarquía absoluta […] es una obra de la razón y de la inteligencia: está subordinada a la ley divina, a la justicia y a las reglas fundamentales del Estado: fue establecida por derecho de conquista o por la sumisión voluntaria de los primeros hombres que eligieron sus Reyes. Así que el Soberano absoluto no tiene facultad de usar sin razón de su autoridad […]: por esto ha sido necesario que el poder Soberano fuese absoluto, para prescribir a los súbditos todo lo que mira al interés común, y obligar a la obediencia a los que se niegan a ella. Pero los que, declaman contra el Gobierno monárquico, confunden el poder absoluto con el arbitrario; sin reflexionar que no hay Estado […], donde en el constitutivo de la Soberanía no se halle un poder absoluto. La única diferencia que hay entre el poder de un Rey y el de una República es que aquel puede ser limitado y el de esta no puede serlo: llamándose absoluto en razón de la fuerza con que pueda ejecutar la ley que constituye el interés de las sociedades civiles. En un gobierno absoluto las personas son libres, la propiedad de los bienes es tan legítima e inviolable, que subsiste aun contra el mismo Soberano que aprueba el ser compelido ante los tribunales, y que su mismo Consejo decida sobre las pretensiones que tienen contra él sus vasallos. El Soberano no puede disponer de la vida de sus súbditos, sino conformarse con el orden de justicia establecido en su Estado. Hay entre el Príncipe y el Pueblo ciertas convenciones que se renuevan con juramento en la consagración de cada Rey: hay leyes, y cuanto se hace contra sus disposiciones es nulo en derecho. Póngase al lado de esta definición la antigua Constitución Española, y medítese la injusticia que se le hace […].

El que debemos pedir, trasladando al papel nuestro voto, y el de nuestras Provincias, es con arreglo a las leyes, fueros, usos y costumbres de España. Ojalá no hubiera materia harto cumplida para que V. M. repita al Reino el decreto que dictó en Bayona y manifieste […] la necesidad de remediar lo actuado en Cádiz, que a este fin se proceda a celebrar Cortes con la solemnidad, y en la forma que se celebraron las antiguas; que entre tanto se mantenga ilesa la Constitución española observada por tantos siglos, y las leyes y fueros que a su virtud se acordaron: que se suspendan los efectos de la Constitución y decretos dictados en Cádiz, y que las nuevas Cortes tomen en consideración su nulidad, su injusticia y sus inconvenientes que también tomen en consideración las resoluciones dictadas en España desde las últimas Cortes hechas en libertad, y lo hecho contra lo dispuesto en ellas, remediando los defectos cometidos por el despotismo ministerial, y dando tono a cuanto interesa a la recta administración de justicia; al arreglo igual de las contribuciones de los vasallos, a la justa libertad y seguridad de sus personas, y a todo lo que es preciso para el mejor orden de una monarquía.

En aquest context, Ferran VII, convençut de la feblesa del sector liberal, va trair les seves promeses inicials i, per mitjà del Reial Decret de 4 de maig de 1814, va abolir la Constitució de 1812 i les lleis elaborades a Cadis per iniciar la restauració de l’absolutisme. Així, van eliminar-se pràcticament totes les reformes impulsades per les Corts durant la guerra i va restablir-se la vella organització administrativa. L’Església va recuperar les seves prerrogatives i les ordres religioses la seva legalitat, els jesuïtes van poder retornar al país i la Inquisició va rebre els seus vells drets. La llibertat d’indústria quedava abolida i els gremis restablerts.

Reial Decret de 4 de maig de 1814

Dado que la divina Providencia por medio de la renuncia espontánea y solemne de mi augusto padre me puso en el trono de mis mayores […] y desde aquel fausto día en que entré en la capital, en medio de las sinceras demostraciones de amor y lealtad con que el pueblo de Madrid salió a recibirme, imponiendo esta manifestación de su amor a mi real persona a las huestes francesas […]; desde aquel día, pues, puse en mi real ánimo para responder a tan leales sentimientos y satisfacer a las grandes obligaciones en que está un Rey con sus pueblos, dedicar todo mi tiempo al desempeño de tan augustas funciones, y a reparar los males a que pudo dar ocasión la perniciosa influencia de un valido durante el reinado anterior […].

Pero la dura situación de las cosas y la perfidia de Buonaparte, de cuyos crueles efectos quise, pasando por Bayona, preservar a mi pueblo, apenas dieron lugar a más. Reunida allí la real familia, se cometió en toda ella, y señaladamente en mi persona, un atroz atentado […]; y violado, en lo más alto el sagrado derecho de gentes, fui privado de mi libertad y de hecho del gobierno de mis reinos […].

Por tanto, habiendo oído lo que ecuánimemente me han informado personas respetables por su celo y conocimientos y lo que acerca de cuanto aquí se contiene se me ha expuesto en representaciones que de varias partes del reino se me han dirigido […] declaro que mi real ánimo es no solamente no jurar ni acceder a dicha Constitución ni a decreto alguno de las cortes generales y extraordinarias, y de las ordinarias actualmente abiertas […] sino a declarar aquella constitución y tales decretos nulos y de ningún valor y efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos, y se quitasen de en medio del tiempo, y sin obligación en mis pueblos y súbditos, de cualquiera clase y condición, a cumplirlos ni guardarlos […].

La represa de l’economia catalana en el final del regnat de Ferran VII

dissabte, 18/12/2010

Els burgesos barcelonins van fer tot el possible per “educar” Ferran VII en la teoria del mercat nacional. Així, la Junta de Comerç va presentar-li una exposició amb una llista final de quinze peticions sobre contraban, aranzels, etc. Aquestes peticions es justificaven amb una argumentació “nacionalista” que venia a dir que els catalans no volien l’aplicació d’aquestes mesures en el seu propi benefici, sinó que el progrés de la seva indústria permetria el benefici d’altres zones d’Espanya amb la compra de primeres matèries. A més, demanaven la prohibició de la importació de cereals per benefici de l’Espanya agrària.

Cap de les argumentacions de la burgesia catalana, però, va fer cap mena d’impacte en el rei. Si Catalunya va aconseguir en aquests anys recuperar el seu comerç i transformar la seva economia industrial per preparar-la per a una nova etapa de creixement, va ser al marge de la política econòmica de l’Estat espanyol (si es que en podem parlar de política econòmica de l’absolutisme agonitzant).

Catalunya estava assentant els fonaments d’un creixement sòlid i prometedor. El creixement i canvi econòmic va afectar a tots els sectors, també a l’agricultura que seguia sent el seu principal fonament. Ens trobem en uns moments de davallada del volum i dels preus de les exportacions vitícoles, però aquesta crisi conjuntural es superarà i la vinya continuarà sent un dels motors fonamentals de l’economia catalana al llarg del segle XIX gràcies a les exportacions de vins comuns.

Hi havia tot un sector de petits productors camperols que van veure’s afectats a la vegada per la crisi conjuntural de la caiguda de preus i per la crisi de la producció de la indústria rural que els permetia complementar els seus ingressos. Aquesta situació es veuria agreujada, a més, per la situació que la transformació de la propietat produiria en els anys següents. El progrés de l’agricultura capitalista va anar acompanyat de la ruïna dels petits productors de les explotacions familiars. Una bona part d’aquests camperols s’arruïnarà i això permet explicar la seva hostilitat cap a la societat burgesa en construcció allistant-se a les files del carlisme.

La indústria tèxtil, per la seva banda, estava reconvertint-se per especialitzar-se en el cotó i tindria en aquests anys una de les seves majors fases d’expansió. En aquest període es van construir les grans fàbriques noves que integraven el filat i el teixit, que utilitzaven telers mecànics i que començaven a usar el vapor com a força motriu essencial. S’estava produint la renovació tecnològica. Els anys que van de 1824 a 1833 van ser rics en la construcció de velers, fet que només s’explica per un increment del tràfic comercial. Després de la pèrdua de les colònies americanes, el comerç amb el mercat espanyol a través de la navegació de cabotatge va augmentar.

A més, l’esquema del comerç exterior català també va reconstruir-se. El mecanisme d’intercanvi interior de cereals contra teixits va complementar-se amb un circuit exterior que permetia vendre a l’estranger els excedents de vins per tal d’adquirir la fibra de cotó que alimentés la producció industrial. En aquests anys, els homes de negocis i financers catalans van començar a fer operacions a gran escala amb el govern i, per primera vegada, van introduir-se en els organismes de l’administració econòmica del país. Es va tornar a reconstituir l’associació pròpia dels fabricants que van realitzar un cens industrial, van elegir un president i van iniciar les campanyes contra la concessions d’importació de teixits fets a Dollfuss.

La burgesia catalana estava iniciant el camí cap a la represa que explica el seu progrés des de 1833. Era encara una força social progressiva i conscient de la necessitat de la necessitat de canviar la trajectòria política espanyola per tal d’evitar el perill d’unes revolucions que podien posar en perill la propietat. La burgesia estava disposada a aliar-se amb altres “forces propietàries” per tal de salvar l’ordre social vigent i fer possible el creixement econòmic. A la burgesia el que li molestava de l’Antic Règim no era la seva arbitrarietat i la seva injustícia, sinó la seva profunda incompetència en les matèries econòmiques i hisendístiques que posava en perill el seu progrés.

Catalunya durant la Dècada Ominosa: repressió, rebel·lió pagesa i aixecament dels “malcontents”

dissabte, 18/12/2010

La repressió. La violència repressiva contra el liberalisme que va suposar el retorn a l’absolutisme per part de la monarquia de Ferran VII va tenir una relativa poca importància a Catalunya ja que l’ocupació de Barcelona per part de l’exèrcit francès va fer que els ocupants s’esforcessin a fer que les autoritats espanyoles respectessin les lleis. No va ser fàcil frenar els afanys de revenja de les autoritats absolutistes a Barcelona, però els francesos va poder frenar els representants del poder reial. Així, la ciutat de Barcelona va esdevenir un oasi de pau i un asil per als constitucionals catalans que van trobar-hi refugi. Això s’acabaria amb la marxa dels ocupants francesos a finals de 1827, deixant la ciutat en una situació de normalitat sota el comandament del comte d’Espanya (1828-32).

comte d'espanya.jpg

Comte d'Espanya

D’altra banda, la violència civil, que podia exercir-se fora dels murs protectors de les places controlades per la guarnició francesa, va ser tant dura a Barcelona com a la resta de l’Estat. Aquesta violència va anar acompanyada d’un element social que va prendre un caire populista de lluita dels camperols pobres i de les classes baixes urbanes contra els burgesos liberals acomodats. A Catalunya, els components socials d’aquesta violència van ser menys visibles en el medi urbà per les característiques de la pròpia societat catalana (avançada pel desenvolupament capitalista), però van ser poderosos al camp. Només entre octubre i desembre de 1824 van produir-se més de 2.000 assassinats, la majoria motivats per causes de “diferent opinió política”.

La crisi al camp. El camperolat català va patir una forta crisi entre 1825-1827. La caiguda dels preus agrícoles va arribar a Catalunya agreujat per un problema de sequera que va fer minvar la producció. Ni els anys de sequera van permetre impedir la caiguda dels preus, arrossegada per la dinàmica europea. En menys de deu anys, els camperols van veure reduïts a la meitat els seus ingressos produïts per la venda d’excedents mentre que els preus d’aquelles mercaderies que ells podien necessitar (teixits) no van baixar tant i els impostos estatals es mantenien com una dura càrrega. Només el manteniment de la pressió fiscal ja suposava, en termes monetaris, que la pressió real s’havia duplicat.

laborde.jpgLa primera reacció dels camperols va ser de malestar contra el govern que, en comptes d’alleugerir la càrrega fiscal que havia portat a la revolta contra els liberals, la mantenia i agreujava. El clergat més ultra s’encarregaria dir a la pagesia que aquesta situació injusta era deguda a que el govern no estava en mans de qui havia d’estar ja que no es seguien les bones normes del temps passat, que els reformistes tenien segrestada la voluntat del rei i que calia tornar a la insurrecció per assegurar-se d’instaurar a Madrid un autèntic govern absolutista i cristià.

A més, s’oferia als camperols malcontents la possibilitat de prendre les armes per la causa de la religió, el rei i el bon ordre tradicional a canvi d’un sou molt superior al que podien obtenir llaurant o segant. Els ultres cercaven entre els malcontents els seus soldats i van posar al capdavant a alguns d’aquells militars carismàtics i prestigiosos sorgits de la pagesia en els anys de guerra contra els liberals i que ara no veien reconeguts els seus mèrits per part del govern. Aquest clima no feia més que anunciar una guerra civil i la tensió no cessaria fins a l’esclat de la Guerra dels Malcontents.

La Revolta dels Malcontents. El 1827 esclatava la revolta als voltants de Tortosa quan la partida del capità il·limitat Llovet va preparar un cop de mà contra la ciutat, dins de la qual hi comptava amb complicitats. Es volia iniciar un aixecament general en diversos punts de Catalunya a partir del mes d’abril i es comptava amb la col·laboració de tota una sèrie d’antics guerrillers reialistes descontents de la seva situació “d’oficials il·limitats”. Les primeres partides van ser batudes amb facilitat i el govern, convençut de que el perill havia passat, va concedir un indult general a tots els insurgents que no haguessin estat fets presos amb armes a la mà. L’esperança del govern era equivocada ja que aquests primers moviments no havien estat altra cosa que signes anunciadors d’uns altres millor preparats.

Revolta 1827.jpgEl govern tampoc no donava tota la informació sobre la situació ja que també hi havia partides armades a Girona. El govern volia ocultar un fet que en la primera fase de la revolta estava present en la insurrecció: ens trobem davant d’un aixecament de caràcter declaradament carlí.

Això canviaria aviat perquè no era convenient desconcertar als camperols cridant-los a aixecar-se contra el propi rei a qui havien defensat en dues guerres i el nou argument dels insurgents seria el de deslliurar Ferran VII dels perversos ministres que l’envoltaven i no el deixaven actuar en llibertat.

Pels ultres era fàcil reclutar camperols per participar de l’aixecament només oferint-los una bona soldada. Així, el moviment va anar estenent-se de sud a nord a mida que s’acabava la sega. Les possibilitats de diner per pagar els homes demostrava que els rebels estaven ben organitzats. Al principi de la revolta, les partides eren formades per pocs homes, però, a poc a poc, els rebels van anar agafant força i atreviment per baixar al pla i mantenir-se mentre disputaven combats contra les columnes mòbils. Així, van arribar a presentar-se a les portes de Figueres i Girona.

1827.JPGA finals d’agost de 1827, es constituí a Manresa una Junta Superior Provisional de Gobierno del Principado que estava presidida per Saperes i integrada per quatre vocals i un secretari. Paral·lelament, els insurrectes van apoderar-se de Vic, Cervera i Berga, mentre la lluita revifava al sud. El setembre els rebels es feien amb Valls i Reus i es preparaven per assetjar Tarragona mentre al nord s’iniciava el setge de Girona. Els insurrectes se sentien tant segurs de si mateixos que ja començaven a establir un esquema d’organització del territori que dominaven creant juntes corregimentals que depenien de la superior i a publicar el seu propi diari: El Catalán Realista.

Els malcontents eren entre 12.000 i 30.000 homes i les participacions majors van donar-se als corregiments de Manresa i Tarragona. No només hi havia pagesos, sinó que també trobem artesans, teixidors, espardenyers, ganiveters, etc. i molts procedien de les viles més grans dels corregiments. Els seus dirigents havien sortit dels vells caps reialistes insatisfets amb el govern de Ferran VII. És a dir, la zona on predominaven els malcontents no era ni la més pobra i endarrerida de la muntanya pirinenca ni la costa urbanitzada i econòmicament més desenvolupada. El contrast de la revolta era el d’un univers rural i urbà en decadència contra un nou món que havia superat millor la crisi econòmica i prosseguia per la via del desenvolupament capitalista.

Guerra dels Malcontents. Execucions davant la Ciutadella, a Barcelona, segons un gravat de l'època.jpgEls rebels no van haver d’enfrontar-se a una enèrgica acció repressiva per part d’unes autoritats que restaven desconcertades davant del que estava succeint i no tenien gens clar com devien actuar. Si es deixava avançar la insurrecció de Catalunya, tota la monarquia podia veure perillar i finalment, cap a finals d’agost, el capità general de Catalunya, el marquès de Campo Sagrado, es va veure obligat a fer front a la insurrecció amb les escasses tropes de que disposava. Seria, però, a mitjans de setembre quan la situació donaria un gir amb la intervenció del propi rei que va prendre consciència de la gravetat de la situació i va reemplaçar el capità general pel comte d’Espanya i va anunciar la seva intenció d’acudir personalment a Catalunya per demostrar que no estava segrestat pels seus ministres i tenia plena llibertat d’actuació.

Ferran VII va restar a Tarragona fins a finals d’octubre mentre el comte d’Espanya acabava ràpidament amb els insurrectes que, desconcertats per l’arribada del rei i per la inhibició dels ocults instigadors a la revolta, es rendien a les tropes monàrquiques sense oposar gaire resistència. A finals d’octubre de 1827 la pacificació podia donar-se per enllestida i el comte d’Espanya tornava a Tarragona, deixant les darreres operacions als seus subordinats. A la vegada, el rei sortia cap a València per deixar les mans lliures al comte perquè exercís una repressió que no estava d’acord amb les promeses de perdó que havia fet d’entrada sense que es pogués acudir al rei a demanar clemència.

La Dècada Ominosa (1823-1833)

divendres, 17/12/2010

La intervenció francesa de 1823 va donar pas a l’últim període del regnat de Ferran VII amb la segona restauració de l’absolutisme, l’anomenada Dècada Ominosa (1823-1833), en la qual va produir-se el col·lapse definitiu de l’Antic Règim a Espanya.

Ferdinand_VII_of_Spain_in_his_robes_of_state_by_Goya.jpg

Ferran VII

Ferran VII, recuperava així la seva condició de monarca absolut, però les potències absolutistes, temoroses davant de l’agitació constant que es vivia en el país, van demanar-li que introduís algunes reformes molt moderades com ara la proclamació d’una amnistia i l’organització d’una administració eficaç que donés estabilitat a la monarquia. Així, els francesos no arribaven com a restauradors de l’absolutisme, sinó com a propugnadors d’un sistema moderat calcat del parlamentarisme moderat francès establert per Lluís XVIII.

marianas_pineda_color.jpg

El monarca, però, no va fer cas de les peticions dels seus aliats internacionals i de nou es va produir una ferotge repressió contra els liberals, molts dels quals van marxar cap a l’exili per escapar de la pena de mort o la presó. A més, es va depurar l’exèrcit i, durant tota la dècada, es va perseguir els partidaris de les idees liberals en una veritable caça de bruixes. A Catalunya, per exemple, tot i la presència francesa que va evitar una represàlia encara pitjor, van ser executats uns 2.000 liberals només l’any 1824.

Fusilamiento_torrijos.jpg

La repressió política va ser molt precisa i va ser dirigida des del Ministeri de Gràcia i Justícia per Calomarde, acompanyada de la violència civil consentida pel govern. L’actuació de les comissions militars i el sistema de purificacions del funcionariat estaria vigent fins 1825. El coronel Rafael del Riego va ser executat i la mateixa sort van tenir personatges com Juan Martínez Díaz “el Empecinado”, el més destacat guerriller de la Guerra de la Independència. Moltes persones van convertir-se en màrtirs del liberalisme espanyol. Van ser executades unes 30.000 persones i van ser empresonades unes 20.000 persones més.

Principals pronunciaments liberals entre 1823 i 1833:

  • 1824: Pronunciament de Valdés.
  • 1826: Pronunciament dels germans Batán.
  • 1830: Pronunciament de Valdés, Milans del Bosch i Espoz y Mina.
  • 1831: Pronunciament de Torrijos.

Tot i això, durant la darrera etapa del regnat de Ferran VII s’observa un progressiu allunyament dels realistes purs respecte de la monarquia i un acostament d’aquesta als sectors més moderats del reformisme. Les causes d’aquest procés cal cercar-les en un incompliment per part del rei del programa defensat pels realistes (per exemple, el restabliment de la Inquisició) i en la permanència d’elements ideològicament propers als liberals més moderats en l’aparell de l’Estat i, sobretot, en l’exèrcit.

L’altra gran preocupació de la monarquia en aquest període va ser, novament, la resolució del problema econòmic i Ferran VII no va poder abstreure’s de la tendència reformista del seu moment i, encara que aplicava una política absolutista, les necessitats econòmiques derivades de la insuficiència d’ingressos de la Hisenda Reial el van acabar portant a adoptar algunes mesures reformistes. Així, les dificultats de la hisenda reial, agreujades per la pèrdua definitiva de les colònies americanes, van forçar un control estricte de la despesa pública i, a partir de 1825, va iniciar-se la col·laboració del sector moderat de la burgesia financera i industrial de Madrid i Barcelona. En aquesta direcció, es va atorgar un aranzel proteccionista per a les manufactures catalanes i es va incorporar López Ballesteros, un home proper als industrials, al Ministeri d’Hisenda.

A Catalunya, aquesta política i l’agitació realitzada des dels sectors més reaccionaris van provocar l’aixecament dels voluntaris realistes, els anomenats “malcontents” o “agraviats”, aplegant dirigents nobiliaris i clericals així com pagesos descontents per la crisi al camp i que reclamaven el retorn als costums tradicionals. Aquest moviment, específic i exclusiu de Catalunya, va començar al Baix Ebre el mes d’agost de 1825 i tenia una tendència netament foralista.

Carlos_Maria_Isidro.jpg

Carles Maria Isidre

L’agitació va ser tan important que el mateix monarca va haver de desplaçar-se a Catalunya el 1827, on va nomenar Carles d’Espange, comte d’Espanya, nou capità general de Catalunya, el qual a través d’una contundent ofensiva va forçar la retirada de les tropes franceses que encara hi restaven i va iniciar una fortíssima repressió política. Aquesta actitud, tot i que va sufocar la revolta en poc temps, va ser contraproduent a llarg termini per a la monarquia ja que va provocar la deserció dels sectors més joves de l’absolutisme cap al reformisme i, a la vegada, dels sectors més radicals cap al carlisme.

En aquest context, a la Cort, el sector conservador i tradicionalista, partidari de l’Antic Règim i oposat a qualsevol forma de liberalisme, va anar agrupant-se al voltant de l’Infant Carles Maria Isidre, germà del rei i previsiblement el seu successor atès que Ferran VII no tenia descendència. Tanmateix, el naixement, l’any 1830, d’una filla del rei i la seva quarta esposa, Maria Cristina de Nàpols, la infanta Isabel, va iniciar un conflicte de caràcter successori.

La Llei Sàlica, d’origen francès i implantada a Espanya per Felip V, impedia l’accés de les dones al tron, però Ferran VII, influït per la seva esposa, va promulgar la Pragmàtica Sanció que la derogava tot restablint els vells usos successoris i convertia Isabel en hereva de la corona espanyola. En aquell moment ningú no va protestar per aquesta mesura que era un cop pels carlins, ni tan sols l’Infant Don Carlos.

Però el govern no només havia de fer front al problema successori ja que els enemics l’acorralaven a dreta i esquerra. La xarxa de conspiracions que els liberals promovien contra Ferran VII va potenciar-se arran del triomf de la revolució francesa de 1830 i el govern, que no ignorava els projectes dels liberals, va respondre a qualsevol amenaça amb ferocitat, multiplicant les condemnes pels motius més insignificants.

Maria Cristina.jpg

Maria Cristina

Per la seva banda, els carlins (partidaris de Carles Maria Isidre) tampoc s’estarien quiets i l’any 1832, en un intent de cop de mà a La Granja, influirien sobre el monarca, greument malalt, que va restaurar la Llei Sàlica retornant a Don Carlos els seus drets successoris. Aleshores, Maria Cristina va comprendre que si volia salvar el tron per a la seva filla havia de cercar suports en els sectors més moderats del liberalisme.

Amb la recuperació de la salut del rei, Ferran va anul·lar la concessió feta en un moment de debilitat i, amb el rei ja agonitzant, la regent Maria Cristina va iniciar una política clara i decidida contra el carlisme, formant un govern de caràcter reformista,  destituint els ultres i organitzant les Corts que havien de jurar a Isabel com a successora. A més, es van nomenar nous capitans generals en substitució d’aquells que, com el de Catalunya,  estaven compromesos amb el carlisme mentre decretava una amnistia que suposava el retorn de 100.000 exiliats liberals.

Així, en els darrers mesos de la vida de Ferran VII pot considerar-se que ja s’estava configurant l’escenari que conduiria a la primera guerra carlina. L’any 1833, en morir el monarca i confirmar-se a través del seu testament que la Infanta Isabel era l’hereva al tron i que el país restava sota una regència governada per Maria Cristina fins a la seva majoria d’edat, Carles Maria Isidre es va proclamar rei donant lloc a l’esclat d’una insurrecció reialista al nord d’Espanya i a Catalunya. S’iniciava així una sagnant guerra civil i, a la vegada, el procés que havia de portar la Revolució Liberal a Espanya.

fernando7-museo-municipal-madrid.jpg

Catalunya davant la restauració de l’absolutisme i els inicis del provincialisme (1814-1820)

dimarts, 14/12/2010

En el període 1808-1830 va produir-se una revifalla de la consciència particular del país. Si bé la Guerra del Francès va donar lloc al naixement de la nació espanyola, a la vegada va provocar una primera exaltació de l’ideal català i també el funcionament d’una mena de govern del Principat amb l’articulació de la Junta Suprema de Catalunya. La posterior restauració de l’absolutisme monàrquic que va dur a terme Ferran VII va provocar que la joventut liberal catalana s’inclinés cap a les formulacions “unitàries” de l’Estat, mentre que els sectors reialistes van inclinar-se cada cop més vers el provincialisme que derivaria, a la llarga en el carlisme.

Fernando_VII.jpg

Ferran VII

La crisi econòmica que va sacsejar el país en la postguerra venia de lluny i exigia reformes profundes de caràcter estructural en un moment en el qual Catalunya advertia els límits del mercat colonial i per mantenir el desenvolupament industrial com a motor d’expansió de l’economia catalana havia de conquerir els mercats interiors d’Espanya, cosa que només seria possible amb una nova ordenació de la pròpia societat espanyola.

Era impossible que la burgesia catalana pogués tirar endavant el seu projecte en una societat en la que pervivien els drets senyorials, les fronteres interiors, els peatges, la càrrega dels delmes, les taxes i els privilegis com a obstacles per a la producció i circulació de les collites. Aquesta consciència portaria la burgesia a prendre una actitud política favorable al liberalisme per desenvolupar el seu projecte de creixement econòmic lligat a la formulació d’un mercat interior espanyol. Tot això era coherent amb el programa polític de construcció nacional que havia nascut a les Corts de Cadis i resultava totalment inviable en el marc de les institucions i el sistema de drets de propietat restablerts el 1814.

La burgesia catalana es mostrava en aquests anys plena d’empenta i participava activament en la tasca de renovació cultural represa a Barcelona el 1814 amb l’obertura d’escoles de primeres lletres, la represa de vells ensenyaments i la inauguració d’altres per part de la Junta de Comerç i la publicació regular de les Memorias de agricultura i artes. El malestar general engendrat per la crisi econòmica va preparar un clima propici per a la col·laboració de burgesos, menestrals, treballadors de les fàbriques i militars afectes al liberalisme, compromesos en l’organització de moviments a favor del restabliment de la Constitució de 1812.

Tot i això, la fractura que la lluita pel liberalisme produiria a Espanya també havia de traduir-se en una escissió dins de la societat catalana. El 1814 tornaven a Barcelona els inquisidors i s’instal·lava un nou capità general, el marqués de Campo Sagrado. Aviat es crearia una Junta Militar i començarien a celebrar-se “missions” per iniciativa del bisbe Sichar, sense gaires resultats ja que la religiositat aniria minvant a la ciutat.

Hi ha prou signes d’un canvi en les actituds i en els costums que ja no només afectava a les capes més altes de la societat, com sembla que succeïa a finals del segle XVIII, sinó que aquest anava penetrant a les capes mitjanes i populars urbanes. També hi havia canvis en les actituds polítiques. Sembla clar que, entre el retorn a l’absolutisme de 1814 i la revolució de 1820, Barcelona va ser una ciutat marcada per les inquietuds i les conspiracions de signe liberal revolucionari.

Luis_Roberto_de_Lacy_y_Gautier.jpg

Lluís de Lacy

El torn de la participació directa de Catalunya en les conspiracions liberals que van succeir-se a Espanya en aquest període no arribaria fins 1817 amb la sublevació del seu antic capità general Lluís de Lacy. Va ser una gran conspiració preparada amb un doble vessant militar i civil (força ampli en el seu conjunt). Aquest moviment va fracassar, però, per errades elementals d’organització i per l’existència d’informadors que van alertar les autoritats a temps. Lacy va posar-se al capdavant d’un grup armat, però ni va rebre el suport previst ni va rebre noves informacions de Barcelona, fet que va fer que s’entregués i fos empresonat a la Ciutadella.

Mentre a Barcelona s’organitzava una petició per demanar clemència al rei per Lacy, signada per dirigents dels gremis, col·legis i fàbriques, un grup de militars van intentar alliberar-lo per la força però van fracassar. El judici de Lacy pot ser qualificat d’assassinat ja que sense poder provar que ell havia estat el conspirador va ser condemnat a ser afusellat per només haver-hi participat en alguna mesura.

La figura de Lacy seria convertida en heroi del liberalisme i les llibertats a Barcelona. Aquest intent d’aixecament liberal, però, deuria espantar els sectors més conservadors de la societat catalana, especialment al camp on els propietaris s’adonaven de la gravetat de la crisi econòmica provocada per la sequera i la carestia que estava fent que el gra estigués en el seu preu més elevat.

La manca de gra va provocar mortaldats i emigració dins de Catalunya per després veure com es produïa un sobtada i profunda baixada dels preus en temps d’escassetat i carestia sense que ningú en fes cap profit. A les ciutats, la minva de la demanda de productes industrials des del camp i el col·lapse de les exportacions cap a Amèrica van provocar fam i atur. Aquesta situació no feia més que aguditzar la consciència d’una burgesia plena d’empenta i energia, que no ignorava pas la culpa que en tenia el govern d’aquella situació. Així, el de Lacy no va ser el darrer intent de restablir la Constitució mitjançant un cop de força que no triomfaria fins el 1820.

La restauració absolutista de Ferran VII (1814-1820)

dilluns, 13/12/2010

Un cop Napoleó va acceptar la derrota en la Guerra del Francès es plantejava el problema de la integració de Ferran VII en el nou ordre constitucional nascut a les Corts de Cadis. El monarca havia abandonat el país com a rei absolut i hi retornava, després del Tractat de Valençay, en el marc d’una monarquia constitucional, fet que feia desconfiar els liberals que acceptés el nou ordre. Així, els diputats van disposar que Ferran VII viatgés directament a Madrid per jurar la Constitució i aquest, temerós d’enfrontar-se amb els que durant sis anys havien resistit l’invasor francès, va acatar les condicions.

Però els absolutistes, fonamentalment la noblesa i el clergat, sabien que amb el retorn del monarca disposaven de la seva millor oportunitat per a desfer-se de tot allò que s’havia fet a Cadis i precipitar el retorn cap a l’Antic Règim. Els militars Elio i Eguía, amb la col·laboració del mateix Wellington, havien propiciat un cop d’Estat contra la legitimitat de les Corts de Cadis. Eguía s’encarregaria d’ocupar Madrid amb el suport de les tropes d’Elío. El 10 de maig es detenien gran nombre de liberals i diputats de les Corts que van ser tancades al dia següent. Seguidament, el rei va entrar a Madrid amb l’escorta de les tropes angleses que van participar en aquesta operació.

Els absolutistes, per primer cop, es veien obligats a justificar i legitimar enfront dels liberals el règim que ells defensaven. Així, aquests sectors reaccionaris, tron i altar, van organitzar-se ràpidament contra el liberalisme per a demanar el retorn de l’absolutisme a través del Manifest dels Perses d’abril de 1814 (seixanta nou signats conservadors demanaven a Ferran VII que suspengués la Constitució i anul·lés les lleis promulgades per les Corts) i van mobilitzar el poble perquè, a través de la creació del mite de “Fernando el Deseado”, mostrés la seva adhesió incondicional al monarca. D’aquesta manera, l’arribada de Ferran VII va aixecar un gran entusiasme entre una població, que havia lluitat més per l’expulsió dels francesos i per l’alliberament del seu rei que per una Constitució que ni coneixia ni podia entendre. Des del poble, la monarquia es veia com un ens no qüestionable.

Fernando_VII.jpg

Ferran VII

En aquest context, Ferran VII, convençut de la feblesa del sector liberal, va trair les seves promeses inicials i, per mitjà del Reial Decret de 4 de maig de 1814, va abolir la Constitució de 1812 i les lleis elaborades a Cadis per iniciar la restauració de l’absolutisme. Així, van eliminar-se pràcticament totes les reformes impulsades per les Corts durant la guerra i va restablir-se la vella organització administrativa. L’Església va recuperar les seves prerrogatives i les ordres religioses la seva legalitat, els jesuïtes van poder retornar al país i la Inquisició va rebre els seus vells drets. La llibertat d’indústria quedava abolida i els gremis restablerts.

Immediatament va desencadenar-se una persecució de liberals i afrancesats en la qual els principals líders del constitucionalisme van ser detinguts o assassinats, mentre d’altres van haver de fugir a l’exili. Ciutats com París, Londres i Gibraltar van convertir-se en els punts de trobada dels liberals a l’exili.

Era una tornada plena a l’Antic Règim en un context internacional marcat per la derrota definitiva de Napoleó, la celebració del Congrés de Viena, on s’havia impulsat el restabliment del vell ordre a Europa, i la creació de la Santa Aliança, que garantia el dret d’intervenció militar a qualsevol país on la monarquia es veiés amenaçada per una revolució liberal. A més, les classes populars, sumides en una profunda crisi econòmica, van mantenir-se al marge dels processos polítics, evidenciant la manca de base social que tenien les idees liberals en aquest moment.

Un cop en el poder, Ferran VII va governar voltat d’una camarilla d’addictes integrada per reialistes purs i va restaurar les antigues institucions de la monarquia absoluta així com el règim senyorial i la Inquisició. A la Cort de Ferran VII regnava l’arbitrarietat i va ser la forta camarilla propera al rei la que va influenciar totes les seves decisions sobre política de personal. Cap dels successius ministres va ser capaç de solucionar els problemes financers de l’Estat. Els governs de la camarilla van demostrar que les reformes que necessitava el país eren impossibles sense un canvi de sistema.

Les conseqüències de la llarga guerra havien estat molt greus. Pel que fa a vides humanes, hi va haver entre 255.000 i 375.000 morts i, a Catalunya, alguns pobles van arribar a perdre la meitat de la població. Pel que fa a béns materials, les destrosses i les pèrdues al camp van ser incalculables i van provocar la ruïna de la pagesia i la paràlisi del comerç i de la producció manufacturera a les ciutats. El 1814 hi havia un 50% més de deute que el 1808. A més, en el món colonial el sorgiment dels moviments d’independència acabarien d’esfondrar el sistema comercial, fet que va obligar a la monarquia a dedicar uns recursos econòmics extraordinaris per enfrontar-s’hi. L’Espanya de la postguerra era un país arruïnat pel deute, les pèrdues humanes i la paralització del comerç.

hambre en madrid.jpg

D’altra banda, tot i el retorn legal a l’Antic Règim, ja era impossible el retorn a l’antic sistema social i el canvi de mentalitat de molts grups socials com a conseqüència dels esdeveniments succeïts durant la Guerra del Francès va fer-se present. D’una banda, la pagesia havia deixat de pagar les rendes senyorials i començava a entendre que certes contribucions senyorials eren injustes, i les protestes davant la pretensió de tornar a imposar els vells tributs es van succeir. Amb el retorn de Ferran VII els terratinents no van recuperar ni la jurisdicció patrimonial, ni els drets exclusius, ni els monopolis. Així hauran de conformar-se amb els drets sobre la propietat de la terra. D’altra banda, els sectors burgesos havien gaudit de la llibertat de fabricació i de mercat, que havia permès el desenvolupament d’empreses i de negocis, qüestionaven la tornada a l’antiga i rígida reglamentació gremial.

Els governs de la monarquia es veurien limitats als ingressos ordinaris dels impostos que venien a representar més o menys la meitat del que estaven acostumats a gastar en els anys precedents a la Guerra del Francès. Tot això va traduir-se en: impotència política ja que la monarquia es veia obligada a veure com Espanya es convertia en una potència de segona fila en l’escena europea per la seva impossibilitat de reunir els recursos necessaris per a fer front a la reconquesta militar d’una Amèrica insurgent i incapaç de realitzar una política de reconstrucció de les destrosses de la guerra; un descrèdit interior quan no es va poder fer front al pagament dels rèdits del deute, incomplint el compromís amb els pobles que havien proporcionat subministraments a l’exèrcit durant la guerra; un increment d’impostos que era l’única solució que va trobar la monarquia va ser continuar pressionant amb nous impostos i noves exigències en un moment en el que la crisi econòmica aconsellava una política totalment oposada.

A més, l’oposició liberal es va anar enfortint. A les ciutats van créixer les societats secretes i maçòniques, i finalment, la integració dels caps de la guerrilla a l’exèrcit va originar un sector liberal, partidari de reformes, que protagonitzaria un gran nombre de pronunciamientos militars, mètode que en el futur jugaria un paper fonamental a l’hora de forçar canvis de governs a Espanya.

D’aquesta manera, bona part de l’agitació arribava principalment des de les files d’un exèrcit que es trobava equipat de forma deficitària, era pagat de forma irregular i patia de macrocefàlia. La Guerra de la Independència havia suposat l’inici d’un procés que va fomentar la intervenció dels militars a la vida política, convertint-los en un factor dominant de la vida pública. Els pronunciaments liberals proclamaven la Constitució de 1812 pels hereus de la guerrilla influïts per una forta càrrega utòpica insurreccional que associava la Constitució de Cadis amb la llibertat.

Principal pronunciaments entre 1814 i 1820:

  • 1814 Elio (absolutista).
  • 1814 Espoz y Mina (liberal).
  • 1815 Porlier (liberal).
  • 1817 Lacy (liberal).
  • 1819 Vidal (liberal).
  • 1820 Riego (liberal).

Francisco_Espoz_y_Mina_by_Francisco_Goya.jpg

Espoz i Mina

Els pronunciaments serien una constant en la història contemporània d’Espanya que farien el país ingovernable. Així, entre el 1814 i el 1819 es van succeir diversos aixecaments militars contra Ferran VII, protagonitzats per militars com Espoz y Mina, Vidal o Porlier, amb l’objectiu d’obligar el rei a jurar la Constitució de Cadis. A Catalunya, el més important va produir-se l’abril de 1817 i va estar dirigit per l’antic capità general Luis Lacy, però va fracassar, en part a causa d’una delació, i Lacy va ser detingut i executat.

Els governs de Ferran VII van haver de canviar constantment per la formació de camarilles en torn al monarca que impediran la modernització del país, però els diversos executius van fracassar l’un rere l’altre en els seus intents de trobar solucions a la crisi d’una Hisenda que estava en fallida, a l’emancipació de les colònies, a la crisi econòmica i al progrés de l’oposició liberal. La repressió va ser l’única resposta que va saber donar la monarquia enfront dels pronunciaments militars, els aldarulls a les ciutats i les revoltes de la pagesia que posaven de manifest, un cop passat l’efecte propagandístic del mite de “Ferran el desitjat”, el descontentament popular i les dificultats de restaurar la monarquia absoluta com si no hagués passat res durant els anys de guerra.

Era impossible que el país es recuperés amb l’Antic Règim en vigor. La crisi i fallida de la monarquia absoluta era irreversible si no es realitzaven canvis en el funcionament polític i en les bases socioeconòmiques espanyoles. Per això, la manca de reformes efectives provocaria la fallida de la monarquia, primer el 1820, i després de la mort de Ferran VII el 1833.

Liberalisme i nacionalisme a l’època de les revolucions (1815-1870)

divendres, 8/10/2010

Malgrat l’aparent retorn a l’Antic Règim que van suposar la Restauració i la implantació del sistema Metternich, una bona part de les idees que havia generat la Revolució francesa i que s’havien expandit per Europa a través dels exèrcits napoleònics havien penetrat de forma profunda a molts països europeus.

Molts dels ciutadans dels Estats sotmesos a l’Antic Règim restaurat se sentien identificats amb el liberalisme polític (llibertat, igualtat i propietat) i amb el dret dels pobles a constituir nacions independents. D’aquesta manera, el Congrés de Viena, que no va respectar ni els principis del liberalisme ni les aspiracions nacionals d’alguns països europeus, va donar un nou impuls a aquestes idees com a eixos de l’oposició al sistema restauracionista.

El liberalisme polític, doctrina política hereva i continuadora de la Il·lustració i de la Revolució francesa, fonamentava la societat en l’individu. L’Estat havia de garantir els drets dels ciutadans, és a dir, les llibertats fonamentals dels individus: llibertat de consciència, de culte, d’expressió, de reunió, etc.

Aquest individu era un ciutadà, no el súbdit de l’absolutisme de l’Antic Règim, i el conjunt de ciutadans constituirien la nació, detentora de la sobirania. Així doncs, el liberalisme propugnava un sistema representatiu (parlamentari) en el qual les decisions emanarien d’una assemblea escollida per sufragi, tot i que en principi es limitaria el dret de vots als ciutadans que disposessin d’uns recursos econòmics suficients (sufragi censatari).

La voluntat de la nació s’expressaria mitjançant l’elaboració de lleis per part del Parlament, i la Constitució seria la Gran Llei, el marc a través del qual regular les relacions dels ciutadans. L’altre gran eix del liberalisme polític seria la divisió de poders (executiu, legislatiu i judicial) per evitar el despotisme i la concentració de poder de l’absolutisme.

La llibertat individual s’estendria també a l’àmbit econòmic i social. El dret de propietat seria, en aquest àmbit, una de les llibertats fonamentals a perseguir. Tanmateix, l’Estat ideal del liberalisme havia de reduir al mínim les intervencions econòmiques i permetre que la iniciativa privada s’expandís i es consolidés. En definitiva, el liberalisme defensava l’autonomia de la societat civil tot afirmant la seva total confiança en l’economia de mercat.

Eugène Delacroix-La liberté guidant le peuple.jpg

El nacionalisme, el dret dels pobles a disposar d’ells mateixos i de defensar la seva independència i sobirania, va anar estretament lligat al liberalisme en els inicis del segle XIX. Ara bé, la idea de nació podia definir-se de diferents maneres segons les tendències polítiques i la pròpia nacionalitat.

Així, l’anomenat model francès definia la nació com un contracte entre ciutadans lliures i iguals que aplegava tots els que volien viure en comú defensant els valors de la llibertat i la igualtat. Per contra, el model alemany va establir una definició de tipus cultural que fonamentava la nació en la llengua, la raça o la història. En qualsevol cas, tots dos aspectes es barrejarien en la primera meitat del segle XIX en defensa d’una Europa de les nacions lliures davant de l’Europa de la Santa Aliança i els monarques absoluts.

Ja a l’Antic Règim els Estats no es corresponien amb el que es consideren les nacionalitats històriques. En aquest període imperava el concepte que els regnes eren un patrimoni únic del sobirà per sobre de les diferències nacional que la corona inclogués. El fet que les fronteres resultants del Congrés de Viena tampoc coincidissin amb les nacionalitats va suscitar dos tipus de reaccions que marcarien el segle XIX europeu: l’existència de nacions dividides en diversos Estats i que aspiren a la unificació (Alemanya, Itàlia) i la presència de nacions que depenien d’altres Estats i que aspiraran a la seva independència nacional (Bèlgica, Polònia, Grècia, Hongria, etc.).

El nacionalisme en la segona meitat del segle XIX, més que com ideologia, es configuraria com un sentiment: la consciència de pertinència a una mateixa comunitat formada per un conjunt d’elements territorials, lingüístics, culturals i ètnics que actuarien de nexe entre les persones. Es buscaria la seva existència, recreació i justificació en la història remota de cada població, exaltada per la propagació de l’ideal romàntic. En el seu origen, però, el nacionalisme es basava en l’ideal burgès de la nació sobirana configurada per la unió dels ciutadans amb uns drets i deures.

Els factors principals que van contribuir al desenvolupament del nacionalisme van ser:

1. L’extensió dels ideals de la Revolució francesa, amb la idea de que la nació (unió de ciutadans) és sobirana, no sotmesa a cap autoritat superior, i per tant la proclamació dels pobles a disposar d’ells mateixos. D’altra banda, els canvis introduïts per la dominació napoleònica van afavorir un procés d’unificació administrativa de territoris molt dividits (Alemanya i Itàlia) i van provocar l’aparició d’un sentiment patriòtic de resistència enfront de l’invasor.

2. El moviment cultural del Romanticisme, en rehabilitar i idealitzar el passat, va estimular els pobles a descobrir els seus particularismes (o a crear-los) i a exaltar la seva especificitat davant altres entitats nacionals.

3. La Revolució Industrial i el liberalisme econòmic van veure un inconvenient per a l’articulació dels nous mercats en l’existència de fronteres i divisions nacionals internes per a realitzar l’intercanvi dels excedents agraris i de la producció industrial. Fet especialment acusat a Itàlia i Alemanya.

4. La democratització de la cultura i la difusió de l’esperit democràtic que afectaria al llarg del vuit-cents a la classe burgesa, tant industrial com rural, que fins a cert punt va identificar la sobirania dels pobles amb el seu dret a formar una nació lliure de la dependència política d’un altre Estat. Per això, en parlar dels Estats europeus en el tombant de segle podrem parlar d’Estats burgesos i nacionals.

Davant la renúncia de les monarquies absolutes a acceptar els canvis que el liberalisme econòmic estava introduint en la població dels seus regnes, van aparèixer societats secretes que englobarien grups liberals i republicans clandestins com els carbonaris a França o Itàlia. Sota una organització ramificada i una jerarquització absoluta, aquestes societats conspirarien per obtenir els seus objectius a través de la revolució, seguint l’ideal francès de 1789. A altres països, com Espanya, el paper d’aquestes societats seria reduït (tot i que podem trobar el seu paral·lelisme en la maçoneria). El sistema d’imposar-se seria el del pronunciament militar per aconseguir un canvi de règim.

El Tractat de Verona

dijous, 7/10/2010

La Santa Aliança perseguia un objectiu doctrinal: mantenir Europa sota els principis establerts al Congrés de Viena (1814-15), és a dir, el manteniment de l’absolutisme i la defensa enfront de l’amenaça del liberalisme i el nacionalisme. A més, aquesta organització defensava el dret d’intervenció per sufocar qualsevol moviment revolucionari i restablir l’Antic Règim allà on estigués amenaçat.

En conseqüència, en nom de la Santa Aliança, Àustria va encarregar-se de suprimir l’agitació estudiantil als Estats alemanys i de restablir, el 1821, el poder absolut dels reis de Nàpols i del Piemont, quan aquests s’havien vist obligats a promulgar una Constitució liberal a causa de la pressió popular desfermada per l’onada revolucionària de la dècada de 1820.

La principal actuació de la Santa Aliança, però, va tenir lloc el 1823 a Espanya quan França, que s’havia sumat a la coalició absolutista el 1819, després de la reunió dels monarques absolutistes a Verona, va enviar l’exèrcit conegut com els Cent Mil Fills de Sant Lluís per eliminar el règim constitucional que havia suposat el Trienni Liberal i retornar el poder absolut al rei Ferran VII.

Ruta de los Cien Mil Hijos de San Luis.jpg

Extracte del Tractat de Verona (1823):

Article 1r. Les Altes Parts Contractants, plenament convençudes que el sistema de govern representatiu és tan incompatible amb el sistema monàrquic com de la màxima que la sobirania del poble es oposada al principi de dret diví, s’obliguen de la forma més solemne fer servir tots els seus mitjans, i unir tots els esforços, per destruir el sistema de govern representatiu de qualsevol Estat d’Europa on existeixi, i per evitar que s’introdueixi en els Estats on no es coneix.

Article 2n. Com no es pot dubtar que la llibertat d’impremta és el mitjà més eficaç que fan servir els pretesos defensors dels drets de les nacions […] les Altes Parts Contractants es comprometen recíprocament a adoptar totes les mesures per suprimir-la, no sols als seus Estats sinó també en tots els altres d’Europa.

Article 3r. Persuadits que els principis religiosos són els que encara poden contribuir més poderosament a conservar les Nacions en l’estat d’obediència passiva que deuen als seus Prínceps, Les Altes Parts Contractants declaren que la seva intenció és la de sostenir cadascuna en els seus Estats les disposicions que el Clergat pel seu propi interès estigui autoritzat a executar, per mantenir l’autoritat dels Prínceps, i totes juntes ofereixen el seu reconeixement al Papa […] sol·licitant la seva constant cooperació a fi i efecte d’avassallar les Nacions.

los_cien_mil_hijos_de_san_luis_originalarticleimage.jpg

Article 4t. Com que la situació d’Espanya i Portugal reuneix per desgràcia totes les circumstàncies a que fa referència aquest tractat, les Altes Parts Contractants, confiant a França l’encàrrec de destruir-les, li asseguren l’auxili de la manera que menys pugui comprometre-les amb el seu poble i el poble francès.

El Tractat de la Santa Aliança

dimecres, 6/10/2010

Després de la derrota de Napoleó es va crear una nova organització en defensa de l’Antic Règim: la Santa Aliança. Es tractava d’una coalició entre Rússia, Àustria i Prússia (França s’hi afegiria el 1819) que tenia una finalitat totalment diferent de les aliances estratègiques que havien sorgit del Congrés de Viena. La Santa Aliança perseguia un objectiu doctrinal: el manteniment de l’absolutisme i la defensa de l’aliança entre tron i altar enfront l’amenaça liberal.

Extracte dels Protocols de la Santa Aliança (1815):

En nom de la Molt Santa i Indivisible Trinitat.

SS.MM. l’Emperador d’Àustria, el Rei de Prússia i l’Emperador de Rússia, com a conseqüència dels grans esdeveniments que han assenyalat en Europa el curs dels últims tres anys, i pricipalment els beneficis que la Divina Providència ha tingut a bé repartir sobre els Estats els governs dels quals han col·locat la seva confiança i la seva esperança solament en Ella, havent adquirit la convicció íntima de que és necessari assentar la marxa de l’adopció per les potències de les seves relacions mútues sobre les veritats sublims que ens ensenya l’eterna religió de Déu Salvador […] han acordat els articles següents:

Franz_I_(II)_half-length_portrait_in_Austrian_uniform.jpg

Francesc I d'Àustria

FWIII.jpg

Frederic-Guillem III de Prússia

Aldawe.jpg

Alexandre I de Rússia

Declarem solemnement que la present acta no té més objecte […] que no prendre com a regla de la seva conducta […] sinó els preceptes d’aquesta Santa Religió, preceptes de justícia, de caritat i pau […]

Article Primer: Segons les paraules de les Sagrades Escriptures, que ordenen a tots els homes considerar-se germans, els tres monarques contractants restaran units pels lligams d’una fraternitat venerable i indissoluble, i tot considerant-se compatriotes, i es prestaran en tota ocasió i en tot lloc assistència, auxili i socors; miraran pels seus súbdits i exèrcits com a pares de família, i els dirigiran en el mateix esperit de la fraternitat que els anima per protegir la religió, la pau i la justícia.

Article Segon: Consegüentment, l’únic principi en vigor, ja sigui entre els governants esmentats o entre els súbdits, serà el de prestar-se ajuda recíprocament […]. Ses majestats recomanen amb la més tendre sol·licitud als seus pobles […] que es fortifiquin cada dia més en els principis i exercici dels deures que el Diví Salvador ha ensenyat als homes […] considerant-se tots com a membres d’una mateixa nació cristiana.

Article Tercer: Totes les potències que vulguin ratificar solemnement els sagrats principis que han dictat aquesta acta i reconeguin com n’és d’important per a la felicitat de les nacions, massa temps agitades, que d’ara en endavant aquestes veritats exerceixin sobre els destins humans tota la influència que els correspon, seran rebudes amb tanta diligència com afecte en aquesta Santa Aliança.

Fet triplicat i firmat a París l’any de gràcia de 1815, el 26 de setembre.

Francesc I d’Àustria, Frederic-Guillem III de Prússia i Alexandre I de Rússia.