Entrades amb l'etiqueta ‘Ludisme’

La crema de la Fàbrica Bonaplata

divendres, 9/12/2011

Un nou moviment de bullanga, l’agost de 1835, va adreçar-se contra les autoritats militars ja que el general Bassa acudia en una actitud provocadora a castigar els barcelonins després de les primeres bullangues i emparant-se en el context de la Primera Guerra Carlina. Bassa va ser assassinat per un grup d’assaltants i llançat daltabaix del balcó sense que la milícia ni la tropa fessin res per evitar-lo. El cadàver va ser arrossegat i cremat posteriorment a costat de la destrucció de l’estàtua de Ferran VII i la crema de les casetes dels burots i de la fàbrica Bonaplata.

La crema del vapor Bonaplata va ser un acte de ludisme, un atac a la industrialització i mecanització, en un període en que la persistència de la guerra carlina creava dificultats de treball i ocupació. Aquest fet revelava que els burgesos no podien controlar les masses populars amb la facilitat que havien cregut quan van estimular la seva agitació o l’havien tolerada mentre les seves accions respectaven la seva propietat. La crema del Vapor faria néixer el temor a les masses descontrolades, apartaria els més tebis de l’acció revolucionària i donaria lloc a que l’autoritat actués sense contemplacions.

D’aquesta manera es relataven els fets que van culminar amb l’incendi de la fàbrica Bonaplata al diari liberal barceloní El Vapor de 10 d’agost de 1835:

el vapor.jpg

La fuerza impotente de la facción carlista del Norte; los repetidos descalabros que nuestro valiente ejército sufrió en Navarra; el aumento escandaloso de la facción de Cataluña, y su insolente audacia; los asesinatos de los urbanos de Manresa, Camarasa, Reus y otras poblaciones; los continuos robos que diariamente estaban haciendo los facciosos a los ciudadanos más pacíficos y honrados, deteniéndolos en los caminos públicos o sacándolos de su casa para exigirles por su libertad cantidades que no podían pagar ni aun desposeyéndose de cuanto tenían; las quemas de las diligencias y de los coches que conducen la correspondencia pública; la obstrucción, por estos medios, del comercio exterior y consecuente paralización de la industria […] hechos eran que hacían penetrar en los espíritus de todas las personas interesadas en el nuevo orden de cosas aquella inquietud que precede ordinariamente las grandes crisis […].

Autorizado con este decreto venía el general Bassa a castigar de un modo ejemplar a los que hubiesen tomado parte en los acontecimientos de la noche del 25 al 26 de julio: la resistencia del Pueblo produjo la muerte del general gobernador.

En ambos días las propiedades de los particulares habían sido respetadas, y en medio del desorden reinaba cierto orden que honraba al pueblo barcelonés; pero por una de aquellas desgracias, inevitables en una población de 150.000 habitantes, un enemigo de las prosperidad pública logró sin duda seducir a algunos sugiriéndoles la idea de que la fábrica de vapor de Bonaplata, Vilaregut, Rull y compañía, perjudicaba al pobre jornalero, porque causaba la disminución en el precio de su jornal.

incendi fabrica bonaplata.jpgCon este engaño los seducidos, en vez de acudir a la Junta de Autoridades pidiendo leyes que mejorasen la suerte de las clases inferiores; que diesen una instrucción proporcionada a sus hijos para que con el tiempo pudiesen ser unos ciudadanos útiles, que disminuyesen los enormes derechos que pesan sobre la clase más pobre y más numerosa; que reformasen la ley de elecciones, para que los Procuradores pudiesen ser verdaderos representantes de la Nación española; que la elección de alcaldes y regidores, como que es un gobierno de familia, pudiese recaer en cualquier ciudadano que mereciese la confianza del pueblo sin necesidad de la autorización del Gobierno; que la policía dependiese exclusivamente del alcalde del pueblo, como autoridad central del Gobierno civil de la Provincia, a fin que la policía no pudiese ser convertida en un medio de opresión del hombre de bien, libertando al pueblo de las engorrosas y dispendiosas trabas con que hasta ahora se le ha mortificado: leyes que autorizasen a los individuos de una compañía de la Milicia ciudadana, protectora especial de los derechos del Pueblo, a nombrar sus oficiales y los capitanes de batallón, la plana mayor; que toda la Milicia de España estuviese organizada por batallones […]; que concediesen libertad de imprenta […], leyes en fin que declarasen nacionales los bienes del clero […].

En vez, repetimos, de ocuparse el Pueblo en pedir estas leyes que podían hacer su felicidad y establecer sólidamente un verdadero gobierno representativo, se detuvo en destruir los elementos de la riqueza nacional quemando la fábrica de Bonaplata y compañía. Con ello, los que lo hicieron, acreditaron las voces de que Barcelona estaba llena de anarquistas que sólo aspiraban a enriquecerse con el robo de la propiedad de los ciudadanos pacíficos […]. Dieron con su ejemplo motivo a otros desórdenes y son responsables de los castigos que algunos desgraciados sufran: desmintieron a los que habían prometido que el pueblo no cometería ningún exceso de este género: privaron al Pueblo inocente y desgraciado de sus mejores defensores que de ordinario son filósofos, que al paso que intentan hacer restituir al pueblo los derechos que le competen, son enemigos del robo y del asesinato: finalmente, fueron ingratos con los jefes de aquella fábrica que en aquel mismo día los habían conducido al combate.

d7eed8d81e047d730dc59d4129290485_1M.png.jpgY cuando todas las naciones de Europa recompensan con munificencia a los inventores de un descubrimiento que acelere los motores de las máquinas de vapor para dar mayor vigor a la industria; cuando por medio de caminos de hierro se conducen por el vapor con extraordinaria rapidez, facilidad y baratura de las primeras materias, los géneros de consumo y los artefactos; cuando por el vapor llegamos con velocidad y tiempo determinado a las regiones más distantes; cuando sin el vapor seremos siempre y necesariamente tributarios de la industria extranjera porque nunca podremos rivalizar ni competir con ella; cuando por carecer España de aguas no pueden abrirse canales; y sin el vapor no puede haber caminos de hierro que nos transporten los granos de que abundan otras provincias para comer el pan barato […] ¿no es un enemigo del Pueblo el que induce a quemar las máquinas de vapor? ¿Podremos nunca sin el vapor fabricar las muselinas, holandas y otras manufacturas que tenemos ahora que comprar al extranjero, y en qué se emplearían los brazos del jornalero español? […].

Pero el mal está hecho: de lo que debe tratarse ahora es de repararlo. La política y la justicia lo exigen. Lo primero, para que se vea que cuando en un trastorno político se causa un mal, se repara; lo segundo, porque si no nos engañamos: y en efecto los gobernantes, siguiendo un sistema erróneo, dieron lugar al estallido popular de resultas del cual se quemó la fábrica, es justo y muy justo que la Nación indemnice a los propietarios de los perjuicios sufridos, toda vez que por carecer de una ley de responsabilidad no pueden los propietarios reclamar la responsabilidad de los agentes del poder.

Si nuestro dictamen debiese prevalecer, la Junta de Autoridades autorizaría a la de Comercio para que abriese una suscripción voluntaria y recaudase las sumas que entregasen para la indemnización: la Junta de Autoridades pediría la Reina Gobernadora el terreno de uno de los conventos derruidos de esta ciudad para que vendiéndolo se aplicase su producto a la indemnización entregando lo restante, si lo hubiese, al Ayuntamiento para el equipo de los que se alistasen ahora a la Milicia Urbana y no tuviesen facultades para costearse el uniforme.

Del ludisme a la formació de sindicats i les primeres formulacions polítiques del moviment obrer

divendres, 19/11/2010

Els governs i els parlaments, elegits només per aquells que gaudien d’un cert grau de riquesa, van ignorar la penosa situació dels treballadors durant gairebé mig segle. Serien els propis treballadors els que crearien les primeres organitzacions i reivindicarien les primeres mesures per intentar pal·liar les enormes injustícies derivades de la implantació del capitalisme industrial.

El maquinisme va comportar molt aviat el deteriorament de les condicions de vida dels obrers i, en principi, va deixar-ne molts sense feina. De les 800.000 persones que el 1800 treballaven als telers manuals d’Anglaterra, el 1834 només n’hi quedaven 200.000. És per això que a les primeres dècades del segle van produir-se molts aixecaments d’obrers i de pagesos que protestaven contra la introducció de les màquines i la generalització del sistema fabril. L’existència de lleis antiassociatives –per exemple, les Combination Acts angleses o la llei Le Chapelier francesa– impedia qualsevol associació legal dels treballadors per defensar els seus interessos i condemnava els treballadors a un tipus de revolta espontània i desorganitzada.

Generalment, la seva acció es dirigiria contra els instruments de producció (les màquines de les fàbriques), que consideraven responsables de l’atur o de la davallada dels salaris, o contra els amos i l’Estat que els protegia. Aquestes primeres formes de resistència obrera al maquinisme van rebre el nom de ludisme ja que tenien el seu origen en el nom d’un personatge anglès mític: el capità Nedd Lud.

incendi fabrica bonaplata.jpgLa lluita contra la màquina va esdevenir una manera de defensar el lloc de treball i també una manera d’intimidar els empresaris en els moments de conflicte laboral i s’estendria per Europa en les primeres dècades del segle XIX. Així, a Gran Bretanya es produirien quatre grans onades ludistes entre 1811 i 1816. A Espanya, per exemple, van esclatar revoltes ludistes a molts llocs (Andalusia, València, Catalunya), però els fets més coneguts són la revolta d’Alcoi de 1820 i la crema del vapor Bonaplata a Barcelona el 1835 enmig del moviment de les Bullangues.

Ben aviat, però, els obrers van adonar-se de que formaven una classe social diferent, amb uns problemes comuns i uns objectius propis que donaven peu a la necessitat de crear unes organitzacions pròpies, independents dels grups burgesos, formades exclusivament per treballadors. D’aquesta manera, i per defensar els seus interessos, per primer cop es crearien organitzacions estables de treballadors, no mobilitzacions puntuals més o menys violentes com a l’època anterior.

Ara sorgirien organitzacions que es dotarien d’instruments per a la lluita permanent en defensa dels seus drets. A més, va començar a formular-se una alternativa a la societat capitalista burgesa amb uns ideals contraposats, basats en els desitjos i en l’experiència de la classe treballadora: el cooperativisme davant de la competència i el col·lectivisme davant de l’individualisme burgès. Ja no era una lluita desigual entre el pobre i el ric, sinó l’enfrontament entre dues concepcions econòmico-socials, la dels treballadors i la dels propietaris.

ludismo.jpgEl primer tipus d’organització obrera seria l’associació o societat de socors mutus, sovint clandestina, que prenia com a model el model adoptat pels treballadors anglesos des de finals del segle XVIII. Actuaven com a societats de resistència i, molts cops, provenien d’antigues formes de protecció dels artesans per oficis: ajudaven els treballadors en cas de malaltia o atur i van organitzar les primeres vagues gràcies al cobrament de quotes que permetien crear caixes de resistència.

Va ser a Gran Bretanya, a partir de la derogació de les lleis antiassociatives (1825) quan el sindicalisme va fer el seu gran pas endavant. Els obrers es van agrupar en organitzacions per oficis que van anar transformant-se en Trade Unions (unions d’oficis). La més important d’aquestes “trades” seria el Gran Sindicat General de Filadors (1829), dirigit per John Doherty, que va obrir el camí a la proliferació de nombrosos sindicats. Per adherir-s’hi calia pagar una cotització elevada, la qual cosa reduïa l’accés a una minoria de treballadors altament qualificats. El 1834, sota la direcció de Robert Owen, va produir-se la unió dels diversos sindicats d’ofici, formant la Great Trade Union que ràpidament va tenir més de mig milió de treballadors afiliats.

A França, el sindicalisme va iniciar la seva expansió a la dècada de 1830, sobretot arran de les grans vagues produïdes a París i Lió, que culminarien el 1843 amb la formació de la Unió Obrera. A Espanya, el primer sindicat naixia el 1840 i va ser l’Associació de Teixidors de Barcelona, que va arribar a tenir 4.000 afiliats d’un cens laboral de 16.500, encara que el més important d’aquest període seria Les Tres Classes del Vapor, sindicat que agruparia la majoria dels obrers industrials de Catalunya.

D’altra banda, a la primera meitat del segle XIX el moviment obrer encara era massa feble i poc organitzar com per comptar amb partits polítics propis. Així, l’obrerisme apareixia al costat de radicals, demòcrates o republicans. Seria a Gran Bretanya on, per primer cop, el moviment obrer va perdre la iniciativa d’organitzar-se al voltant d’un projecte polític propi: el cartisme.

ChartistRiot.jpg

En la configuració d’aquest moviment va tenir un paper important l’experiència de les Trade Unions. Els empresaris britànics van negar-se ben aviat a donar feina a tots els afiliats i dirigents d’aquest sindicat, de manera que els sindicalistes van veure’s forçats a passar a una mena de clandestinitat. Immediatament, el govern va actuar contra ells acusant-los de ser una societat secreta. En pocs mesos les Trade Unions van enfonsar-se i només els obrers qualificats, sense problemes per trobar feina, van mantenir-se al voltant del sindicat. A partir d’aquests fets, els obrers van arribar a la conclusió que calia canviar el marc legal per poder canviar les relacions laborals.

El 1836 un grup d’obrers britànics fundava la Working Men’s Assotiation, que el 1838 publicava la Carta del Poble. Els cartistes reclamaven el sufragi universal, secret i idèntic per a tots els homes, idèntica divisió dels districtes lectorals (per posar fi al predomini dels districtes rurals davant dels urbans), sou pels diputats, la immunitat parlamentària i altres mesures destinades a iniciar la democratització de la societat britànica. Aquestes peticions van presentar-se a la Cambra dels Comuns i van anar acompanyades de vagues i manifestacions a les ciutats industrials. El 1842 es creava una Associació Nacional de la Carta, dirigida per Feargus O’Connor, que pot considerar-se com el primer partit dels treballadors. Tot i no aconseguir tots els seus objectius, el cartisme va forçar una reducció de la jornada laboral (primerament a dotze hores, i desprès a deu) i la mobilització i la conscienciació política d’àmplies capes de treballadors.

El ludisme, la lluita contra les màquines

dimarts, 26/10/2010

La lluita contra les màquines va esdevenir, en absència de sindicats, una manera de defensar els llocs de treball i també una manera d’intimidar els empresaris en moments de conflicte laboral. A Espanya, per exemple, van esclatar revoltes ludistes a molts llocs com Andalusia, València o Catalunya, però els fets més coneguts són la revolta d’Alcoi de 1820 i la crema del Vapor Bonaplata a Barcelona el 1835.

Aquesta carta anònima (signada pel personatge fictici Ned Ludd) enviada a un fabricant de Huddersfield el 1812 n’és un bon exemple del ludisme:

Hem sabut que vostè és el propietari d’aquestes detestables màquines de filar, i els meus homes m’han sol·licitat que l’adverteixi que ha de destruir-les. Si no les destrueix abans del final de la setmana que ve, enviaré almenys 200 homes perquè ho facin ells. Si vostè els dispara, tenen ordre de matar-lo i cremar les seves propietats. Comuniqui-ho als seus veïns i informi’ls que si no destrueixen les seves màquines els passarà el mateix.

Aquí tenim un extracte del manifest dels treballadors de Sallent, datat el 1854, on es descriu l’ambient de lluita contra la màquina existent entre els obrers:

Calúmnia és dir-nos,a nosaltres els treballadors, que volem viure sense treballar i que volem igualar les fortunes […]. El que volem els filadors és que les màquines selfactines que estalvien els braços del treballador i fan guanyar el 90% al capital del fabricant mentre llancen a la misèria els pares de família que abans es mantenien de les màquines mogenis [sic].

És una màquina infernal, la selfactina, que hauria de desaparèixer com a escarment d’aquells que, per fer ràpidament la seva fortuna, no tenen por de valer-se d’enganys i prometen al govern, els qui van demanar la introducció d’aquestes màquines per mitjà d’una rebaixa d’un 25% de drets d’entrada, que la filatura seria de la classe de 80 en amunt, i en canvi fins ara només ha igualat la de les màquines mogenis.

Destruint per tant la maquinària mogenis allà on el treballador guanyava el seu pa i el de la seva família, i que en les màquines selfactines l’egoisme dels fabricants els ha exclòs del treball i ha posat al seu lloc dones i nens que amb una mesquinesa de sou els satisfan i que arribant a la majoria d’edat com què tindran més necessitats (no seria pas estrany perquè aquest és el costum dels senyors fabricants) seran despatxats i reemplaçats per altres de menys edat, tot restant a la misèria i en la desesperació tant els qui han estat ocupats en les màquines selfactines com ho han quedat els qui treballen en les màquines mogenis, i els fabricants fent aquestes fortunes ràpides que Barcelona i tota la nació han vist horroritzats […].