Entrades amb l'etiqueta ‘Guerra Civil’

L’Església davant la Guerra Civil

dijous, 21/07/2011

Un dels elements més polèmics de la Guerra Civil espanyola va ser el paper de l’Església. Si bé, ja des d’un primer moment, l’episcopat espanyol va adherir-se a l’alçament pràcticament en bloc, el Vaticà només s’hi sumaria parcialment i amb reserves. Públicament, semblava que les relacions entre Franco i el Vaticà eren òptimes, però, com ha demostrat Hilari Raguer, la documentació secreta revela grans tensions. Ara bé, la propaganda republicana, que desconeixia les tensions, i la nacional, que les silencia, van coincidir a identificar la Santa Seu amb els insurrectes.

El cardenal Isidre Gomà, cardenal primat d’Espanya en el moment de l’esclat de la guerra, va ser decisiu en el reconeixement del franquisme per part del Vaticà, proporcionant a Roma documentació com aquest Informe acerca del levantamiento cívico-militar de España en julio de 1936 adreçat al cardenal Pacelli (el futur papa Pius XII), l’agost de 1936, on Gomà realitza una aferrissada defensa de l’alçament militar recolzant-se en la hipòtesi d’un cop comunista que mai es va produir:

cardenal gomà.jpg

Isidre Gomà

Génesis del alzamiento. La labor desdichada de la República en el orden religioso, civil y económico, durante el bienio 1931-1933, dio sin duda origen al levantamiento del 10 de agosto de 1932, que fracasó por la falta de unión entre el elemento militar. Los dos años de colaboración radical-derechista, 1933-1935, fueron un sedante y una esperanza para el vejado espíritu. Toda esperanza de solución pacífica de la lucha entablada en el fondo de la conciencia nacional se frustró con el nuevo advenimiento del gobierno Azaña.

La forma de las elecciones de febrero último, sobre las que ya tuve el honor de informar a la Santa Sede; las coacciones gubernamentales para lograr una mayoría artificial, con manifiesto vejamen de los partidos de centro-derecha; la prosecución, especialmente, de la labor legislativa del bienio primero; la falta absoluta de autoridad, o mejor, la complicidad del Gobierno con las bandas de malhechores que tenían perturbado profundamente el orden público, sin garantía ninguna para personas, cosas y derechos, produjo la tensión enorme del sentido patriótico y religioso que culminó a raíz del asesinato del Sr. Calvo Sotelo, el más caracterizado y valeroso de los derechistas.

El triste hecho que privó a España de los servicios que podía prestarle el gran estadista [sic] hizo que se acelerara el estallido del alzamiento militar, preparado hacía semanas. Fue providencial, porque es cosa comprobada, por documentos que obran en poder de los insurgentes, que el 20 de julio último debía estallar el movimiento comunista, para el cual se habían pertrechado con fuertes elementos de guerra las ciudades y pueblos de alguna importancia. Será sensacional la publicación de los proyectos que debía llevarse a cabo así que triunfara el régimen comunista. A más de la destrucción o incautación de todo lo de la Iglesia, una verdadera “checa”, indicada en las listas negras que obran hoy, muchas de ellas en poder de los insurgentes, debía aniquilar, en un momento dado y en cada localidad, las vidas de los más conspicuos de derechas, empezando por los sacerdotes.

Su naturaleza o carácter. En conjunto puede decirse que el Movimiento es una fuerte protesta de la conciencia nacional y del sentimiento patrio contra la legislación y procedimiento de gobierno de este último quinquenio, que paso a paso llevaron a España al borde del abismo marxista y comunista.

Pero no puede precisarse el móvil que ha impulsado a cada uno de los directores del Movimiento. Unos se mueven, sin duda, por el ideal religioso al ver profundamente herida su conciencia católica por las leyes sectarias y laicizantes y por las desenfrenadas persecuciones; otros, por ver amenazados sus intereses materiales por un posible régimen comunista; muchos, por el anhelo de una paz social justa y por el restablecimiento del orden material profundamente perturbado; otros, por el sentimiento de unidad nacional amenazado por las tendencias separatistas de algunas regiones.

Cierto que, como en la civilización cristiana están salvaguardados todos esos intereses, aun los de orden material y temporal, los dirigentes del Movimiento, según se desprende de sus proclamas y arengas, propenden a la instauración de un régimen de defensa de la civilización cristiana.

Pero es muy de lamentar que, según manifestaciones que acaba de hacerme una de las figuras más destacadas y más católicas del Movimiento, no se haya concretado previamente en sus líneas generales la forma que habrá de tener el Nuevo Estado español, caso de triunfar el Movimiento. Ello podría malograr en parte la victoria y causar descontento en su día a grandes núcleos que han ofrendado su vida y derramado su sangre primero y ante todo por la defensa de la religión.

Es muy diversa la ideología de los dirigentes del Movimiento y corre desde la de algunos militares de alta graduación que no se hallarían mal con una República laicizante, pero de orden, hasta la de algunos otros que combaten con la imagen del Corazón de Jesús en el pecho y que quisieran una monarquía con unidad católica, como en los mejores tiempos de los Austrias.

De hecho y en reuniones previas de los dirigentes, para no malograr el germen del Movimiento, se han debido eliminar del programa común cuestiones fundamentales que deberán forzosamente plantearse así que triunfara el Movimiento. Entre los puntos tratados han sido el de los colores de la bandera –la tricolor ha sido el símbolo de la República–, el del régimen corporativo y el de las relaciones del Estado con la Iglesia. Esto último ha quedado así en el programa común: “Separación de la Iglesia y el Estado”. Falta ver el alcance que se daría a esta proposición.

Posteriorment, el juliol de 1937, els bisbes espanyols van donar a conèixer una carta pastoral col·lectiva on es mostraven a favor dels sublevats. Seria el mes d’octubre, un cop la sort de les armes ja indicava una futura victòria militar, quan el franquisme va rebre finalment el reconeixement diplomàtic per part del Vaticà. D’aquesta manera, el règim franquista va guanyar-se el suport de l’Església, que es convertiria en un element omnipresent en el Nou Estat que s’estava configurant.

Les lletres contra el feixisme

dijous, 21/07/2011

L’esclat de la Guerra Civil va radicalitzar les posicions ideològiques de molts intel·lectuals i artistes espanyols, els quals van contribuir a mobilitzar esforços i a commoure consciències amb les seves obres. Així, el conflicte va trasbalsar profundament el món de la cultura, l’educació i la intel·lectualitat, i molts dels seus integrants van esdevenir representants de la propaganda ideològica d’un o altre dels bàndols. La majoria de la intel·lectualitat va mantenir-se al costat de la República i dels ideals de la democràcia i la llibertat que aquesta representava. D’aquesta manera, nombrosos intel·lectuals i escriptors espanyols, que ja s’havien compromès amb la tasca cultural iniciada en paral·lel a l’establiment de la República, van situar-se al costat de la legalitat i contra la insurrecció militar, tot redactant aquest manifest publicat al diari El Sol el 30 de juliol de 1936:

manifiesto.gifSe ha producido en toda España una explosión de barbarie en que las viejas formas de la reacción del pasado han tomado nuevo y más poderoso empuje, como si alcanzasen una suprema expresión histórica al integrarse en el fascismo.

Este levantamiento criminal de militarismo, clericalismo y aristocratismo de casta contra la República democrática, contra el pueblo, representado en su Gobierno por el Frente Popular, ha encontrado en los procedimientos fascistas la novedad de fortalecer todos aquellos elementos mortales de nuestra historia, que por su descomposición lenta venían corrompiendo y envenenando el pueblo en su afán activo de crear una nueva vida española. Contra la auténtica España popular se ha precipitado, para destruirla o corromperla, envileciéndola con una esclavitud, embrutecedora y sangrienta, como la de la represión asturiana, ese criminal empeño de una parte del Ejército, que al traicionar a la República lo ha hecho de tal modo que han desenmascarado la culpabilidad de su intención, agravándola con la de traicionarse a sí mismo en la falsedad de los ideales patrióticos que se decía defender, sacrificando la dignidad internacional de España y ensangrentando y destruyendo el suelo sagrado de su historia. Y esto con tal ímpetu desesperado, demoledor, suicida, que la trágica responsabilidad delictiva de sus dirigentes lo ha determinado con características vesánicas de crueldad y destrucción acaso jamás conocidas en España; en una palabra: fascistas.

Contra ese monstruoso estallido de fascismo, que tan espantosa evidencia ha logrado ahora en España, nosotros, escritores, artistas, investigadores, científicos, hombres de actividad intelectual, en suma, agrupados para defender la cultura en todos sus valores nacionales y universales de tradición y creación constante, declaramos nuestra identificación plena y activa con el pueblo, que ahora lucha gloriosamente al lado del Gobierno del Frente Popular, defendiendo los verdaderos valores de la inteligencia al defender nuestra libertad y dignidad humana, como siempre hizo, abriendo heroicamente paso, con su independencia, a la verdadera continuidad de nuestra cultura, que fue popular siempre, y a todas las posibilidades creadoras de España en el porvenir.

La crisi de la República i les causes de la Guerra Civil segons Manuel Azaña

dimecres, 20/07/2011

El 1939, poc després d’iniciar el camí cap a l’exili francès del qual mai retornaria, Manuel Azaña, el ja dimitit president de la Segona República, va escriure un llarg article (que no va arribar a publicar-se en el seu moment) en el qual, tot dirigint-se a la opinió pública internacional, apuntava quines, segons la seva opinió, havien estat les causes que havien conduit a l’esclat de la Guerra Civil espanyola, a més de fer un anàlisi en profunditat dels anys de govern republicà i els entrebancs que aquest va trobar en el seu intent de modernitzar el país:

manuel-azana.jpg

Manuel Azaña

Las causas de la guerra y de la revolución que han asolado a España durante treinta y dos meses son de dos órdenes: de política interior española y de política internacional. Ambas series se sostienen mutuamente, de suerte que faltando una, la otra no habría sido bastante para desencadenar tanta calamidad. Sin el hecho interno español del alzamiento de julio de 1936, la acción de las potencias totalitarias, que ha convertido el conflicto de España en un problema internacional, no habría tenido ocasión de producirse, ni materia donde clavar la garra. Sin el auxilio previamente concertado de aquellas potencias, la rebelión y la guerra civil subsiguiente no se habrían producido. Es lógico comenzar por la situación política de España este rápido examen, que no se dirige a atacar a nadie ni a defender nada, sino a proveer de elementos de juicio al público extranjero, aturdido por la propaganda.

Desde julio del 36, la propaganda, arma de guerra equivalente a los gases tóxicos, hizo saber al mundo que el alzamiento militar tenía por objetivo: reprimir la anarquía, salir al paso a una inminente revolución comunista y librar a España del dominio de Moscú, defender la civilización cristiana en el occidente de Europa, restaurar la religión perseguida, consolidar la unidad nacional. A estos temas no tardaron en agregarse otros dos: realizar en España una revolución nacional-sindicalista, crear un nuevo imperio español. ¿Cuáles eran, desde el punto de vista de la evolución política de mi país y confrontados con la obra de la República, el origen y el valor de estos temas?

Sería erróneo representarse el movimiento de julio del 36 como una resolución desesperada que una parte del país adoptó ante un riesgo inminente. Los complots contra la República son casi coetáneos a la instauración del régimen. El más notable salió a la luz el 10 de agosto de 1932, con la sublevación de la guarnición de Sevilla y parte de la de Madrid. Detrás estaban, aunque en la sombra, las mismas fuerzas políticas y sociales que han preparado y sostenido el movimiento de julio del 36. Pero en aquella fecha no se había puesto en circulación el slogan del peligro comunista.

La instalación de la República, nacida pacíficamente de unas elecciones municipales, en abril de 1931, sorprendió, no solamente a la corona y los valedores del régimen monárquico, sino a un buen número de republicanos. Los asaltos a viva fuerza contra el nuevo régimen no empezaron antes porque sus enemigos necesitaron algún tiempo para reponerse del estupor y organizarse. El régimen monárquico se hundió por sus propias faltas, más que por el empuje de sus enemigos. La más grave de todas fue la de unir su suerte a la dictadura militar del general Primo de Rivera, instaurada en 1923 con la aprobación del rey. Siete años de opresión despertaron el sentimiento político de los españoles. En abril del 31, la inmensa mayoría era antimonárquica. La explosión del sufragio universal en esa fecha, más que un voto totalmente republicano, era un voto contra el rey y los dictadores. Pero la República era la consecuencia necesaria.

El nuevo régimen se instauró sin causar víctimas ni daños. Una alegría desbordante inundó todo el país. La República venía realmente a dar forma a las aspiraciones que desde los comienzos del siglo trabajaban el espíritu público, a satisfacer las exigencias más urgentes del pueblo. Pero el pueblo, excesivamente contento de su triunfo, no veía las dificultades del camino. En realidad, eran inmensas.

Las dificultades provenían del fondo mismo de la estructura social española y de su historia política en el último siglo. La sociedad española ofrecía los contrastes más violentos. En ciertos núcleos urbanos, un nivel de vida alto, adaptado a todos los usos de la civilización contemporánea, y a los pocos quilómetros, aldeas que parecen detenidas en el siglo XV. Casi a la vista de los palacios de Madrid, los albergues miserables de la montaña. Una corriente vigorosa de libertad intelectual, que en materia de religión se convertía en indiferencia y agnosticismo, junto a demostraciones públicas de fanatismo y superstición, muy distantes del puro sentimiento religioso. Provincias del noroeste donde la tierra está desmenuzada en pedacitos que no bastan a mantener al cultivador; provincias del sur y del oeste, donde el propietario de 14.000 hectáreas detenta en una sola mano todo el territorio de un pueblo. En las grandes ciudades y en las cuencas fabriles, un proletariado industrial bien encuadrado y defendido por los sindicatos; en Andalucía y Extremadura, un proletariado rural que no había saciado el hambre, propicio al anarquismo. La clase media no había realizado a fondo, durante el siglo XIX, la revolución liberal. Expropió las tierras de la Iglesia, fundó el régimen parlamentario. El atraso de la instrucción popular, y su consecuencia, la indiferencia por los asuntos públicos, dejaban sin base sólida al sistema. La industria, la banca, y, en general, la riqueza mobiliaria, resultante del espíritu de empresa, se desarrollaron poco. España siguió siendo un país rural, gobernado por unos cientos de familias. Aunque la Constitución limitaba teóricamente los poderes de la corona, el rey, en buen acuerdo con la Iglesia, reconciliada con la dinastía por la política de León XIII, y apoyado en el ejército, conservaba un predominio decisivo a través de unos partidos pendientes de la voluntad regia. La institución parlamentaria era poco más que una ficción.

Las clases mismas estaban internamente divididas. La porción más adelantada del proletariado formaba dos bandos irreconciliables. La Unión General de Trabajadores (UGT), inspirada y dirigida por el Partido Socialista, se distinguía por su moderación, su disciplina, su concepto de la responsabilidad. Colaboraba en los organismos oficiales (incluso durante la dictadura de Primo de Rivera), aceptaba la legislación social. La organización rival, Confederación Nacional del Trabajo (CNT), abrigaba en su seno a la Federación Anarquista Ibérica (FAI), rehusaba toda participación en los asuntos políticos, repudiaba la legislación social, sus miembros no votaban en las elecciones, practicaba la violencia, el sabotaje y la huelga revolucionaria. Las luchas entre la UGT y la CNT eran durísimas, a veces sangrientas. Por su parte, la clase media, en que el republicanismo liberal reclutaba los más de sus adeptos, también se dividía en bandos, por dos motivos: el religioso y el social. Muchos veían con horror todo intento de laicismo del Estado. A otros, cualquier concesión a las reivindicaciones del proletariado les infundía miedo, como un comienzo de revolución. En realidad, esa discordia interna de la clase media y, en general, de la burguesía, es el origen de la Guerra Civil. La República heredó también de la monarquía el problema de las autonomías regionales. Sobre todo la cuestión catalana venía siendo, desde hacía treinta años, una perturbación constante de la vida pública española.

El primer Parlamento y los primeros Gobiernos republicanos tenían que contemporizar entre esas fuerzas heterogéneas, habitualmente divergentes, acordes por un momento en el interés común de establecer la República. Una república socialista era imposible. Las tres cuartas partes del país la habrían rechazado. Tampoco era posible una república cerradamente burguesa, como lo fue bastantes años la Tercera República en Francia. No era posible, primero porque la burguesía liberal española no tenía fuerza bastante para implantar por si sola el nuevo régimen y defenderlo contra los ataques conjugados de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Segundo, porque no habría sido ni justo ni útil que el proletariado español en su conjunto se hallase bajo la República en iguales condiciones que bajo la monarquía. En la evolución política española, la República representaba la posibilidad de transformar el Estado sin someter al país a los estragos de una conmoción violenta. El primer presidente del Gobierno provisional de la Republica, monárquico hasta dos años antes, jefe del partido republicano de la derecha, y católico, formó el Ministerio con republicanos de todos los matices y tres ministros socialistas. La colaboración socialista, indispensable en los primeros tiempos del régimen, a quien primero perjudicó fue al mismo partido, en cuyas filas abrieron brecha los ataques de los extremistas revolucionarios y de los comunistas.

La obra legislativa y de gobierno de la República arrancó de los principios clásicos de la democracia liberal: sufragio universal, Parlamento, elegibilidad de todos los poderes, libertad de conciencia y de cultos, abolición de tribunales y jurisdicciones privilegiados, etc. En las cuestiones económicas era imposible (con socialistas y sin socialistas) atenerse al liberalismo tradicional […].

Las reformas políticas de la República satisfacían a los burgueses liberales, interesaban poco a los proletarios, enemistaban con la República a la burguesía conservadora. Las reformas sociales, por moderadas que fuesen, irritaban a los capitalistas. Las realizaciones principales de la República (reforma agraria, separación de la Iglesia y el Estado, ley del divorcio, autonomía de Cataluña, disminución de la oficialidad en el ejército, etc.) suscitaron, como es normal, gran oposición. También fue rotundamente combatida la función de millares de escuelas y de un centenar de establecimientos de segunda enseñanza porque la instrucción era neutra en lo religioso […].

[En 1934] Había amenazas de un golpe de Estado, dado desde el poder por las derechas, y amenazas de insurrección de las masas proletarias. Huelga de campesinos en mayo del 34. Conflicto con Cataluña. Entrega del poder (octubre 1934) a los grupos de la derecha que no habían aceptado lealmente la República. Decisión gravísima, llena de riesgos. Réplica: insurrección proletaria en Asturias, e insurrección del gobierno catalán. Errores mucho más graves aún, e irreparables. El gobierno no se contentó con sofocar las dos insurrecciones. Realizada una represión atroz, suprimió la autonomía de Cataluña y metió en la cárcel a treinta mil personas. Era el prólogo de la Guerra Civil.

Del aluvión electoral de febrero de 1936, que produjo una mayoría de republicanos y socialistas, salió un gobierno de republicanos burgueses, sin participación socialista. Su programa, sumamente moderado, se publicó antes de las elecciones. El gobierno pronunció palabras de paz, no tomó represalias por las persecuciones sufridas, se esforzó en restablecer la vida normal de la democracia. Los dislates cometidos desde 1934 daban ahora sus frutos. Extremas derechas y extremas izquierdas se hacían ya la guerra. Ardieron algunas iglesias, ardieron Casas del Pueblo. Cayeron asesinadas algunas personas conocidas por su republicanismo y otras de los partidos de derecha. La Falange lanzaba públicas apelaciones a la violencia. Otro tanto hacían algunos grupos obreros. La organización militar clandestina, que funcionaba por lo menos desde dos años antes, y los grupos políticos que se habían procurado el concurso de Italia y Alemania, comenzaron el alzamiento en julio. Lo que esperaban golpe rápido, que en 48 horas les diese el dominio del país, se convirtió en Guerra Civil, en la que inmediatamente se insertó la intervención extranjera.

Carlos Sentís, un homenatge de dubtós mereixement

dimarts, 19/07/2011

El periodista Carlos Sentís ha mort avui, a l’edat de 99 anys. Personatge controvertit, va ser acusar de ser espia de Franco, càrrec que ell sempre va negar. Tot i així, va quedar acreditada la seva vinculació amb la Lliga, que el va deixar en una posició vulnerable quan va començar la Guerra Civil i es va exiliar a Itàlia i França. Va treballar als serveis d’informació de Cambó, que servien informació al bàndol franquista. El 1937 va tornar a Espanya i es va unir a l’exèrcit nacional. En la seva faceta política, durant la Transició va encapçalar la candidatura de la UCD per Barcelona i va ser elegit diputat al Congrés el 1977, càrrec que va repetir el 1979. Igualment, va ser un dels encarregats de gestionar el retorn del president de la Generalitat Josep Tarradellas i d’acompanyar-lo des de París a les primeres entrevistes amb el president del Govern Adolfo Suárez i el rei Joan Carles.

A la premsa digital s’ha lloat la introducció a Catalunya de les tècniques del reportatge modern a través de la seva sèrie de reportatges sobre les condicions en què viatjaven els immigrants murcians que acudien al país en autobusos batejats càusticament com a transmiserians. Llàstima que s’ha oblidat el racisme i el classisme cap al proletariat murcià i almerienc que es podia llegir en aquests articles:

Són molt pocs els habitants de la regió esmentada [murcianoalmerienca] que van a servir; la majoria perquè són tracomatosos des dels primers dies de la seva vida; d’altres perquè se l’encomanen expressament per estalviar-se el servei militar […] [La solució] consistiria en obligar a tots els tracomatosos, per a obtenir treball o per a conservar-lo, a exhibir un carnet en el qual els dispensaris enganxarien segells acreditatius del dia en què foren assistits. No posseir el carnet, o no tenir-lo en regla, equivaldria a no voler-se sotmetre a tractament, i, per tant a ésser bandejat de tot arreu. Però aquest procediment no evita el pretracomatós. Potser caldria proveir de carnet a tots els passatgers dels transmiserians a llur arribada a Barcelona.

SENTÍS, Carles. Viatge en Transmiserià. Crònica viscuda de la primera gran emigració a Catalunya. Ed. La Campana. Barcelona, 1994 [1932] (pàgs. 88 i 93).

Igualment, s’ha oblidat que va ser un franquista declarat com queda patent en aquesta crònica sobre la retirada dels republicans direcció a l’exili francès publicada a La Vanguardia Española el 17 de febrer de 1939 sota el títol “¿«FINÍS CATALONIAE»? El «fin» de una película de «gangsters», simplemente” en la qual assegurava que Franco arribava per alliberar la Catalunya eterna de la màfia republicana:

Entre la neblina que el sol de esto, domingo de lebrero deshilvana, se ha abierto el eco del último cañonazo sobre la tierra catalana.

Ante la serenidad inmutable de un Canigó enteramente blanco y un Cabo de Creus extendido perezosamente sobre un mar espumoso, han cesado las últimas escenas guerreras que ha presenciado este Pirineo tan conocedor de Ejércitos y de batallas.

Esta vez el Pirineo se ha limitado a funciones de Portero Mayor. Quizá el pobre viejo está ya tan cansado de presenciar luchas, que ha preferido contemplar un mero desfile. Una sencilla distracción o pasatiempo para el que ha visto pasar todo el Ejército de Aníbal.

Sí; porque por los mismos sitios y pisando las mismas piedras ha pasado el ejército rojo con sus grandes camiones e incluso con sus tanques, que son la modalidad moderna de los elefantes que componían las fuerzas de asalto de los cartagineses.

Pero, que el lector me perdone, aquí acabo con las comparaciones. No queda ya otra. El paso de los dos Ejércitos es, de tan distinto, opuesto. Unos iban, los otros corrían. Los primeros atacaban, los segundos escapaban.

El paso del ejército rojo se puede explicar o comentar de muchas maneras. De todas, menos en forma de cantar de gesta. Verdaguer no podía jamás prever que un día tendría lugar ésta parodia del «Paso de los Pirineos» que él cantó. ¿Recordáis los versos de epopeya?

I avall, onades d’homes a onades succeeixen,
Ones de ferro a onades d’acer sense parar,
Com mai encara en surten al cim, i ja cobreixen
El pla, les del Massana seguint cap a. la mar,
Mostrant al sol s’escata d’argent que lluenteja,
Apar serpent enorme que corre i anguileja
Des de Banyuls a Salces, de Salces fins Osseja,
Podent dues vegades el Rosselló faixar.

¡Dios mío! ¡Dios, mío! ¡Y qué monótona es la Historia! Exacto, matemáticamente exacto, se podría hoy así describir esta serpiente de material y hombres que por Port-Bou y El Peritas sale precisamente para Banyuls y Osseja, respectivamente. Dice Verdaguer que aquellas huestes podían fajar en doble vuelta al- Rosellón. Esta nueva columna de hombres, de hierro y de acero —«oleadas de hombres a oleadas suceden; olas de hierro a oleadas de acero sin parar»— se extendía días pasados de Gerona a la frontera. Más de una compañía, — concretamente el 32 batallón de Infantería— creyendo que por todas partes cuecen habas (lentejas en este caso), se negaba a desarmar y algunos puros pistoleros de las fuerzas del «Gouvernement» ya se habían escondido en los ejes de los vagones de la estación de Perpiñán, con sus bolsillos repletos de bombas de mano y sus pistolas-ametralladoras bajo el brazo… ¡Pobrecillos!… Del primer puñetazo les han cerrado la boca del estómago… ¡Infelices! Ellos desconocen el francés o, algunos, ni leer el periódico saben para enterarse que ya hoy en Francia son también los marxistas, «los marxistas presuntuosos», traducido literalmente de un periódico de izquierdas.

Los rojos, al volar tos puentes, nos han causado un perjuicio real y tremendo. Real y tremendo a mí y a mi amigo, este audaz operador de la Cinematografía Nacional que parece arrancado de un film americano. Pero a las Divisiones Navarras o Marroquíes, al Ejército en general, estas voladuras han sido tan ridículas como echar gravilla para impedir el paso de una apisonadora.

Pero los últimos puentes no estaban volados ya; les hubiesen cortado la propia retirada, como ya ocurrió a muchos grandes camiones de la D.C.A., que se han quedado a dos kilómetros de la frontera, inmóviles como rollizas perdices sorprendidas por el perro.

Yo no sé si Aníbal por aquellos caminos, que hoy cubre el asfalto do la carretera, dejaba muchos huesos de elefantes. Ignoro qué dejaba en pos de sí el coloso de las anchas espaldas. Pero en cambio he visto lo que ha dejado tras su huella este otro «coloso» de Negrín. Sencillamente ha dejado la mayor cantidad de restos de automóvil que se puede ver hoy en Europa —los cementerios de Automóviles de Detroit ya sabemos que son insuperables.

¡Cómo se ha parecido esta Revolución (en Cataluña) a una inmensa película de «gangsters»! ¡Qué copia tan siniestra de esta producción «standard», con la cual la judía Hollywood invade el mundo!… Todos recordamos que las primeras manifestaciones de la revolución en Barcelona fueron los grandes coches aristados de «Parabellums» y «Hammerless» derrapando por el asfalto de la calle Balines con los neumáticos chirriantes y enloquecidos.

Y, ahora, las últimas manifestaciones: coches quemados, como cerillas, en el Fluviá; coches aplastados en Figueras y coches despeñados por la carretera de P0rt de la Selva, como el final espectacular de una película de George Raft. Desde el fondo de los barrancos de la Costa Brava los coches muestran sus ejes y sus diferenciales, panza arriba en la última instantánea de su desplome que contemplaban, allá arriba, grupos huidizos de aficionados al espectáculo del celuloide. Les faltaba este detalle americano para completar dos años de esta vida de película de «gangsters»; grandes trajes, pistolas en el bolsillo interior de la americana, negocios de exportación y chantaje, borracheras colectivas y desorden integral.

No puedo resistirme de escribir ocho líneas de paréntesis: si el lector quiere vivir media hora de película del más puro sabor Metro Goldwin Mayer no tiene más que trasladarse a la Cheka instalada en casa de los Conde de San Gervasio: mezcla brutal de lujo y desorden; cigarrillos de marca U. E. of A.; revistas y periódicos americanos: el. «New York Worker», el «Nash»; discos de Benie Cárter, botellas vacías y material de tocador femenino.

Pero hacia las crestas —que uno tuvo que subir a pie por los puentes volados de la carretera— que costienen y basan el Cabo de Creus, las huellas no son tan americanas ni modernas. Aquí y allí, desperdigados por el monte, quedan los restos de cabras y carneros que sacrificó el Ejército rojo al dios de la derrota antes de saltar ágilmente la línea fronteriza. El sol saca destellos relucientes del tejido triposo del ganado ya devorado; los cuervos y los buitres desde muchos centenares de metros se lanzan veloces… No tienen, a Dios gracias, otra comida. Estos parajes de poesía, estas mágicas tierras del Ampurdán se han ahorrado, por esta vez, la visión de cadáveres humanos.

Contando con la rapidez de sus ocho cilindros, ha habido «ministros y ministrables» rojos que han llegado a distancias irrisorias. El día de la entrada en Barcelona comimos el arroz preparado para Juan Comorera, y según me contó un periodista francés en la frontera, Negrín pasó a las 3,45 —junto con su escolta de siete coches do poderosa marca americana—, eso es, a muy poco de llegar el propio General Solchaga. Azaña, por el contrario, pasó el primero y no se quedó en Perpiñán. Los periódicos franceses que nos entrega nuestro amigo, nos lo muestran en los alrededores de Chamonix, en casa de un compañero de su cuñado Rivas Cherif, la mujer del cual declara, a los periodistas: «¡Ah!, Si se hubiese escuchado a Azaña… Pero no se le escuchó y quisieron resistir…»

Ya empiezan, pues, las peleas y el descargo del muerto. La desgracia no los hará más dignos.

El propio periodista francés me da el último ejemplar del «Candide», semanario amigo de la España Nacional. En su primera página se lee: «LOS ÚLTIMOS DÍAS DE CATALUÑA.» «Finis Cataloniae».

Pero, ¡por Dios!… Estos periodistas franceses no curarán nunca. Tras lo pintoresco, tras el afán de dramatizarlo todo, caen en el folletín más falso. Señores, un poco de reflexión: Bueno, sí: «Los últimos días de Cataluña»… la de Durruti… «Las últimas horas de Cataluña»… la de Companys… la de Negrín… ¡Perfecto! Pero Cataluña es algo más y algo más eterno que eso.

Eso no ha sido más que «The End», el cartelito de «Fin» de esta gigantesca ampliación de «Scarface» o de «El Imperio del Crimen».

Aquella Cataluña acabó; pero la Cataluña real, que diría, vuestro y nuestro caro Charles Maurras, hoy, precisamente, empieza a amanecer.

En definitiva, avui ha mort el que, sense cap dubte va ser, un dels millors periodistes de la Catalunya dels anys trenta. Però que la memòria de l’oblit nascuda a la Transició no ens enganyi. Avui ha mort un home que va expressar opinions racistes vers la immigració peninsular en els anys trenta, i un franquista declarat i convençut des de la Guerra Civil.

El 19 de juliol de 1936 segons Lluís Companys

dimarts, 19/07/2011

Lluís Companys, el president de la Generalitat de Catalunya, va analitzar en primera persona els fets del 19 de juliol de 1936 a través d’aquestes declaracions que recollia el diari La Voz el 21 de juliol:

companys.jpg

Lluís Companys

A las cuatro de la madrugada, cuando se habían retirado de la Generalidad todos los consejeros y personalidades del Frente Popular que habían acudido a ofrecer su colaboración, quedé completamente solo y muy agotado. En el momento de ir a retirarme a descansar recibí noticias que acusaban una enorme gravedad, ya que el movimiento anunciado, y que se creía habíase aplazado, estallaba. A él se había adherido toda la guarnición, y eran cinco mil hombres armados con disciplina, disponiendo de ametralladoras y cañones, con los que se lanzaban a la calle para apoderarse de la ciudad.

Me di cuenta de la gravedad del momento, y decidí trasladarme a la Comisaría General. Mi presencia en aquel lugar produjo un gran entusiasmo, y, curtido ya por diversas emociones intensas experimentadas desde que inicié mi vida política, confieso que la mayor de todas la recibí en la Comisaría General de Cataluña durante la mañana y la tarde del domingo, hasta conocer la resolución del general Goded.

La incorporación a las fuerzas leales de guardias de Asalto, Seguridad y Guardia Civil y pueblo armado, me dieron la sensación de que podíamos entablar una lucha que debía ser a muerte o victoria decidida a nuestro favor […]. A medida que transcurría la mañana llegaban noticias en las que se decía que la lucha era cruenta. Muchos combatientes leales, heridos de importancia, se presentaban para saludarme, desarrollándose escenas de gran dramatismo, porque guardias, soldados y paisanos, rendidos y ensangrentados, al tenderles yo la mano, decíanme: “Señor Presidente, estamos a su disposición para defender a Cataluña y a la República” […].

Cerca de las once y media de la mañana, y en ocasión de encontrarme en el balcón de la Comisaría, desfilaron, al mando de un coronel, quinientos guardias civiles, que avanzaban lentamente hacia el edificio. ¿Qué iba a ocurrir? Algo emocionante, que provocó un entusiasmo frenético. Los guardias, con sus jefes, desfilaron, saludándome y vitoreando a la República. Este acto de acatamiento decidido al presidente de la Generalidad […] fue en extremo reconfortante.  No lo olvidaré en mucho tiempo.

Regresé a la Presidencia de la Generalidad a descansar, y a las ocho de la noche me anunciaron que traían prisionero al general Goded […].

El 19 de juliol de 1936 a Barcelona

dilluns, 18/07/2011

A Catalunya l’aixecament militar havia de ser dirigit pel general Goded, que va desplaçar-s’hi des de Mallorca, però aquest comptava amb un suport civil escàs. Pocs catalans havien optat per la insurrecció i els partits directament implicats tenien poca implantació en el Principat. A més, el principal partit conservador, la Lliga Catalana, no va participar ni va donar suport explícit al complot, tot i que després del 19 de juliol molts dels seus dirigents van sortir de Catalunya per donar suport a la causa del bàndol nacional.

Tot i la manca de suports civils, els militars confiaven que la majoria de l’exèrcit participaria de la insurrecció i que la Guàrdia Civil els seguiria. Així, a Barcelona la insurrecció va esclatar el dia 19, però els rebels van ser aturats gràcies a l’acció de la població, amb partits i sindicats d’esquerres armats per la Generalitat, i per la intervenció de les forces d’ordre públic, que van mantenir-se fidels a la República. El fracàs de la revolta a Barcelona va propiciar que a la resta del Principat els militars sublevats acabessin rendint-se. La victòria va viure’s com un gran triomf popular. El general Goded va ser arrestat i, posteriorment, jutjat i afusellat.

Aquesta va ser la crònica que el diari La Vanguardia del 22 de juliol va realitzar al voltant dels fets d’aquella llarga jornada:

Durante toda la noche del sábado se notó en las Ramblas y en otras calles céntricas de la ciudad, así como en las barriadas obreras, gran animación y efervescencia entre el público que transitaba por las calles. Circularon insistentes rumores según los cuales en aquella misma noche iban a salir de los cuarteles del extrarradio las tropas iniciando un movimiento subversivo contra la República […].

A las cinco menos cuarto de la madrugada sonaron en la Plaza de la Universidad los primeros disparos […]. El movimiento subversivo se había producido en nuestra ciudad, entablándose entre la Guardia de Asalto y Seguridad y las fuerzas sublevadas que procedían de los cuarteles de Pedralbes […]. Abriendo fuego intentaron avanzar, pero la reacción de las fuerzas leales al Gobierno fue aun más enérgica, consiguiendo impedir el avance […].

La acción de las tropas sublevadas fue decayendo a medida que se prolongaba la lucha. La dispersión total de estas fuerzas se produjo al entrar en combate contra las mismas de Aviación, que operaban al lado del régimen republicano y que con sus ametralladoras desmoralizaron la caballería rebelde […]. Rodeado el cuartel general de la IV División por fuerzas integradas por la Guardia Civil, de seguridad y paisanos, y viendo los sitiados la imposibilidad de resistir, a las seis de la tarde se izó la bandera blanca […]. Las fuerzas leales entraron en el interior del edificio haciendo prisionero al general Goded […].

La_Vanguardia_22_7_1936.png

El pronunciament del general Franco

diumenge, 17/07/2011

El 17 de juliol de 1936 va succeir el que tothom es temia: l’exèrcit va sublevar-se. A Melilla, el coronel Yagüe, cap de la Legió, va aixecar-se en armes contra la República i la insurrecció, l’Alzamiento Nacional, va estendre’s ràpidament a la resta del protectorat marroquí. El 18 de juliol, el general Franco, un cop assegurat el triomf de la insurrecció a Canàries, va passar al Marroc per posar-se al capdavant de l’exèrcit de l’Àfrica i dirigir-se cap a la Península. Seguidament, entre el 18 i el 19 de juliol, la majoria de les guarnicions militars de la resta d’Espanya van unir-se al cop d’Estat, així com sectors civil de la Falange i els requetès carlins. Aquest va ser el pronunciament amb el que Franco va dirigir-se als espanyols:

franco.jpgDon Francisco Franco Bahamonde, General de División, Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos y Alto Comisario.

Hago saber:

Una vez más el Ejército, unido a las demás fuerzas de la nación, se ha visto obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles que vetan con amargura infinita desaparecer lo que a todos puede unirnos en un ideal común: España.

Se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República, no solamente en sus apariencias o signos exteriores, sino también en su misma esencia; para ello precisa obrar con justicia, que no repara en clases ni categorías sociales, a las que ni se halaga ni se persigue, cesando de estar dividido el país en dos grupos: el de los que disfrutan el poder y el de los que eran atropellados en sus derechos, aun tratándose de leyes hechas por los mismos que las vulneraron; la conducta de cada uno guiará la conducta que con relación a él seguirá la autoridad, otro elemento desaparecido de nuestra nación, y que es indispensable en toda colectividad humana, tanto si es en régimen democrático como si es en régimen soviético, en donde llegará a su máximo rigor. El restablecimiento de este principio de autoridad, olvidado en los últimos años, exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondrán y la rapidez con que se llevarán a cabo, sin titubeos ni vacilaciones.

Por lo que afecta al elemento obrero, queda garantizada la libertad de trabajo, no admitiéndose coacciones ni de una parte ni de otra. Las aspiraciones de patronos y obreros serán estudiadas y resueltas con la mayor justicia posible en un plan de cooperación, confiando en la sensatez de los últimos y la caridad de los primeros, hermanándose con la razón, la justicia y el patriotismo sabrán conducir las luchas sociales a un terreno de comprensión con beneficio para todos y para el país. El que voluntariamente se niegue a cooperar o dificulte la consecución de estos fines será el que primero y principalmente sufrirá las consecuencias.

Para llevar a cabo la labor anunciada rápidamente, ordeno y mando:

Art. 1º. Queda declarado el Estado de Guerra en todo el territorio de Marruecos Español, y como primera consecuencia, militarizadas todas las fuerzas armadas, sea cualquiera la autoridad de quien dependían anteriormente, con los deberes y atribuciones que competen a las del Ejército y sujetas igualmente al Código de Justicia Militar.

Art. 2º. No precisará intimación ni aviso para repeler por la fuerza agresiones a las fuerzas indicadas anteriormente, ni a los locales o edificios que sean custodiados por aquellas, así como los atentados y “sabotajes” a vías y medios de comunicación y transporte de toda clase, y a los servicios de agua, gas y electricidad y artículos de primera calidad. Se tendrá en cuenta la misma norma para impedir los intentos de fuga de los detenidos.

Art. 3º. Quedan sometidos a jurisdicción de guerra y tramitados por procedimiento sumarísimo: a) Los hechos comprendidos en el artículo anterior. b) Los delitos de rebelión, sedición y los conexos de ambos, los de atentado y resistencia a los agentes de la autoridad, los de desacato, injuria, calumnia, amenaza y menosprecio a los anteriores o al personal militar o militarizado que lleve distintivo de tal, cualquiera que sea el medio empleado, así como los mismos delitos cometidos contra el personal civil que desempeñe funciones de servicio público. Los de tenencia ilícita de armas o cualquiera otro objeto de agresión utilizado o utilizable por las fuerzas armadas con fines de lucha o destrucción. A los efectos de este apartado quedan caducadas todas las licencias de uso de armas concedidas con anterioridad a esta fecha. Las nuevas serán tramitadas y despachadas en la forma que oportunamente se señalará.

Art. 4º. Se considerarán también como autores de los delitos anteriores los incitadores, agentes de enlace, repartidores de hojas y proclamas clandestinas o subversivas; los dirigentes de las entidades que patrocinen, fomenten o aconsejen tales delitos, así como todos los que directa o indirectamente contribuyan a su comisión o preparación, así como los que directa o indirectamente tomen parte en atracos y robos a mano armada o empleen para cometerlos cualquiera otra coacción o violencia.

Art. 5º. Quedan totalmente prohibidos los “lockouts” y huelgas. Se considerará como sedición el abandono del trabajo y serán principalmente responsables los dirigentes de las asociaciones o sindicatos a que pertenezcan los huelguistas, aun cuando simplemente adopten la actitud de “brazos caídos”.

Art. 6º. Quedan prohibidos el uso de banderas, insignias, uniformes, distintivos y análogos que sean contrarios a este Bando y al espíritu que le inspira, así como al canto de himnos de análoga significación.

Art. 7º. Se prohíben igualmente las reuniones de cualquier clase que sean, aun cuando tengan lugar en sitios públicos, como restaurantes o cafés, así como las manifestaciones públicas.

Art. 8º. Serán depuestas las Autoridades principales o subordinadas que no ofrezcan confianza o no presten el auxilio debido y sustituidas por las que se designe.

Art. 9º. Quedan en suspensión todas las leyes o disposiciones que no tengan fuerza de tales en todo el territorio nacional, excepto aquéllas que por su antigüedad sean ya tradicionales. Las consultas resolverán los casos dudosos.

Art. 10º. Los reclutas en Caja, los soldados de 1ª y 2ª, situación de servicio activo, y los de reserva que sean acusados de delitos comprendidos en este Bando o en el Código de Justicia Militar quedan sometidos a la jurisdicción de guerra.

Art. 11º. Los jefes más caracterizados o más antiguos de la Guardia Civil, Carabineros, Seguridad y Asalto, con mando, y a falta de ellos, los de los Cuerpos forales, Mozos de Escuadra, etcétera (donde existan), se harán cargo del mando civil en los territorios de su demarcación, siempre que en ellos no haya fuerza del Ejército, a quienes compete en primer lugar.

Art. 12º. Quedan sometidas a la censura militar todas las publicaciones impresas de cualquier clase que sean. Para la difusión de noticias se utilizará la radiodifusión y los periódicos, los cuales tienen la obligación de reservar en el lugar que se les indique espacio suficiente para la inserción de las noticias oficiales, únicas que sobre orden público y política podrán insertarse. También quedan sometidas a la censura las comunicaciones eléctricas urbanas e interurbanas.

Art. 13º. Queda prohibido, por el momento, el funcionamiento de todas las estaciones radioemisoras particulares de onda corta o extracorta, incurriendo los infractores en los delitos indicados en los artículos tercero y cuarto.

Art. 14º. Ante el bien supremo de la Patria quedan en suspenso todas las garantías individuales establecidas en la Constitución, aun cuando no se hayan consignado espacialmente en este Bando.

Art. 15º. A los efectos legales, este Bando surtirá efecto inmediatamente después de su publicación.

Por último, espero la colaboración de todas las personas patrióticas, amantes del orden y de la paz que suspiraban por este movimiento, sin necesidad de que sean requeridas espacialmente para ello, ya que siendo sin duda estas personas la mayoría por comodidad, falta de valor cívico o por carencia de aglutinante que aunara los esfuerzos de todos, hemos sido dominados hasta ahora por unas minorías audaces sujetas a órdenes de internacionales de índole varia, pero todas igualmente antiespañolas. Por esto termino con un solo clamor que deseo sea sentido por todos los corazones y repetido por todas las voluntades: ¡Viva España!

Tetuán, 18 de julio de 1936.

Barcelona, el laboratori de proves de la Segona Guerra Mundial

dimarts, 12/07/2011

La utilització de l’aviació per atacar la rereguarda de forma intensa i continuada va ser un element totalment nou que per primer cop en la història va practicar-se durant la Guerra Civil espanyola. L’evolució de la capacitat tècnica dels exèrcits va fer possible que la potència de foc i destrucció de l’agressió provinent des de l’aire esborrés definitivament, pel que fa a Catalunya, el vell concepte de rereguarda. Fins a la Primera Guerra Mundial la llunyania del front de guerra havia estat sempre un element bàsic de la seguretat de la població que romania en la rereguarda. Però aquest concepte va desaparèixer definitivament a partir de la Guerra Civil. Des d’aquest moment, qualsevol zona geogràfica podia ser abastada per la guerra.

Això va suposar un canvi estratègic de primer ordre per als exèrcits. L’experimentació, la comprovació i l’anàlisi de la resposta de la població civil, la població no militaritzada, van ser seguides amb especial atenció, en especial per les potències europees, que preveien que possiblement aviat haurien de passar per una situació similar com a conseqüència de l’expansionisme nazi-feixista dels anys trenta.

Si en els inicis de la Guerra Civil l’aviació amb la qual comptaven els exèrcits espanyols era certament antiquada i totalment obsoleta, aquesta situació aviat canviaria radicalment com a conseqüència de l’entrada en el conflicte de les potències estrangeres, fonamentalment l’Alemanya nazi, la Itàlia feixista i la Unió Soviètica. Aquests països van enviar a la Guerra d’Espanya els millors bombarders amb els que comptaven en aquells moments: els italians Savoia S-81 i S-79, els Dornier i els Heinkell 11 alemanys, i els Katiuska russos. Això convertia la Guerra Civil en un camp de proves i experimentació que a la Segona Guerra Mundial es demostraria, desgraciadament, força útil pels futurs països combatents.

Zentralbild"Legion Condor" in SpanienFaschistische deutsche Interventionstruppen unterstützen den Francoputsch 1936 - 1939 gegen die demokratische Republik Spanien.UBz.: Auf dem Flugplatz Levida. Beim Einhängen der Bomben.C 0214/07/13 N

A Catalunya la majoria dels bombardejos van ser efectuats des de l’aire per l’aviació italiana amb base a l’illa de Mallorca, circumstància que posava de manifest la importància transcendental i l’error que va suposar la no-ocupació de les Illes Balears per part de la República quan, malgrat els molts errors d’organització, des de Catalunya ja s’havia iniciat l’operació militar.

Si els bombardejos soferts en els primers anys de guerra, fins el 1938, van ser colpidors per a la rereguarda catalana, molt més ho serien a partir dels dies 16, 17 i 18 de març de 1938. Aleshores, l’augment en la intensitat i l’eficàcia va superar tota l’experiència viscuda fins aquell moment per demostrar una força terrorífica. Els projectils varen afectar de forma indiscriminada els barris més cèntrics de la ciutat, deixant un balanç de prop d’un miler de víctimes mortals, la destrucció total de 48 edificis, la destrucció parcial d’uns 75 edificis més i, el que era més important, el pànic estès entre tota la població. En el total de la guerra, Barcelona va ser bombardejada fins a 384 vegades, fet que va obligar a la construcció de més de 1.000 refugis subterranis.

Vista aèria de Barcelona, 17 de març de 1938.png

bombardeigs barcelona 1937.jpg

Fent referència a aquests fets, Stohrer, l’ambaixador nazi a Salamanca comentava: “He sabido que los ataques aéreos sobre Barcelona han sido literalmente terribles […]. No hay ningún indicio de que se hayan querido tocar objetivos militares”. D’altra banda, Bowers, l’ambaixador dels Estats Units, escrivia: “Nada en semejante aterradora escala, implicando a la raza blanca, se había conocido hasta entonces. Las bombas no perseguían ningún objetivo militar”. És a dir, els bombardejos no tenien cap finalitat militar estratègica, simplement buscaven desmoralitzar la població mitjançant el terror.

Una prova definitiva del que van suposar els bombardejos de març de 1938 a Barcelona, la primera gran ciutat que era objecte d’un atac aeri a gran escala en la història, per a l’imaginari europeu de l’època la trobem en les paraules de Winston Churchill, que durant la decisiva Batalla d’Anglaterra de 1940, l’atac aeri nazi sobre Londres durant la Segona Guerra Mundial, va posar el poble català com a exemple per afrontar l’agressió nazi: “No vull subvalorar la severitat del càstig que cau damunt nostre, però confio que els nostres conciutadans seran capaços de resistir com va fer-ho el valent poble de Barcelona”.

I és que d’altres bombardejos produïts durant la Guerra Civil, i que igualment van impactar profundament l’opinió pública internacional, com el cas de Gernika, havien estat realitzats com una operació aïllada. En canvi, l’atac a Barcelona va inscriure’s en el context militar del conflicte. I és que la ciutat va ser objectiu militar i civil durant els tres anys de guerra. Així, Catalunya va conèixer uns bombardejos sagnants i continuats des del principi fins el final de la guerra no només com a resultat de l’estratègia franquista d’aniquilació de l’adversari, sinó també com a conseqüència d’haver-se convertit en un camp de proves d’experimentació bèl·lica. Més de 5.000 víctimes a tot el país serien el resultat d’aquesta experimentació.

La immigració a Catalunya en el segle XX: la llarga postguerra (1939-1959)

divendres, 27/05/2011

Amb l’exili que es produeix al final de la Guerra Civil, Catalunya es converteix de nou en terra d’emigració, tot i que només per un breu espai de temps. Es calcula que prop de 440.000 persones van creuar la frontera francesa a primers de l’any 1939 procedents de Catalunya, la meitat de les quals ja mai més retornarien a Espanya. Entre aquest gruix d’exiliats hi havia aproximadament 60.000 catalans.

Els refugiats de guerra que van restar a Catalunya van haver d’emprendre el camí de retorn cap a casa seva. Com a desplaçats de guerra que s’havien instal·lat a la rereguarda republicana passaven a ser sospitosos davant els ulls dels règim franquista que va tractar-los sense cap mirament perquè “continuando en esta ciudad familias de refugiados y evacuados de poblaciones ya liberadas y que indebidamente ocupan viviendas ajenas, agravando además con su presencia el problema de la alimentación benéfica que con tanto celo distribuyen los camaradas de “Auxilio Social” se les advierte la obligación de presentarse en las oficinas de “Evacuación de Refugiados” donde previos los trámites necesarios y la aprobación de la autoridad militar, les será facilitado un pase para el regreso a sus respectivas procedencias”. Els refugiats havien perdut el dret a residir on volguessin dins de l’Estat espanyol i eren obligats a tornar al lloc de sortida, segurament per la seva condició de “rojos” sospitosos.

La Catalunya de postguerra restava convertida en un niu de misèria. De la prosperitat, riquesa i desenvolupament pròpies de l’època contemporània es passava a la pobresa i el racionament. Així, si bé els salaris tornaven per decret als nivells de 1936, els preus no van deixar de pujar i la fam que ja s’havia fet present durant la guerra per la manca de productes bàsics no va fer més que agreujar-se ja que amb els excedents de producció arribats de la “zona nacional” no n’hi havia suficient per abastir tot l’Estat. I la solució econòmica autàrquica que va emprendre el règim encara empitjoraria més les coses al no poder recórrer a la importació de productes de l’estranger. La solució a la manca de productes seria l’intervencionisme econòmic mitjançant el racionament, fet que només va servir per estimular el mercat negre fomentant l’estraperlo. La gana s’instal·laria a Catalunya durant molts anys i amb ella reapareixerien malalties desaparegudes anteriorment com la tuberculosi i el tifus.

Durant els anys quaranta, la immigració procedent de fora de Catalunya va continuar tot i que les autoritats franquistes portaven a terme una política obertament contrària a les migracions cap a les grans ciutats. Així, ja des de la més immediata postguerra van reprendre’s les migracions anteriors a 1936. Les xifres dels saldos migratoris mostren aquesta imatge de represa desigual a Catalunya: les àrees urbanes rebran immigrants, i les àrees rurals n’expulsarien. Per tant, migracions interiors de catalans i migracions peninsulars conviurien com havia passat anteriorment. Les males condicions de vida en serien l’impuls més evident, però per força n’hi havien d’existir d’altres de complementàries ja que la misèria econòmica era general a tot l’Estat. Així, especialment des de 1946, arribarien a Catalunya un nombre molt important d’immigrants que abandonaven la seva terra cercant un lloc de treball, responent a les necessitats de la indústria catalana que insistia en la manca de mà d’obra per a les seves fàbriques, especialment en el camp del tèxtil que tenia un ampli mercat per abastir. La manca de mà d’obra va convertir-se en “motivo que ha obligado a los organismos correspondientes a autorizar, en forma metódica, la inmigración y, de forma prudencial, el trabajo de las mujeres casadas”.

Quadre 6. La immigració, clau de la recuperació demogràfica catalana (1940-1950)

1940 1950 Increment Creixement natural Immigració
Barcelona 1.931.875 2.232.119 15,54% 58.338 241.906
Tarragona 339.299 356.811 5,16% 13.655 3.857
Girona 322.360 327.321 1,53% 1.259 3.702
Lleida 297.440 324.062 8,95% 17.370 9.252
CATALUNYA 2.890.974 3.240.313 12,08% 90.622 258.717

FONT: RIQUER, Borja de i CULLA, Joan B. El franquisme i la transició democràtica (1939-1988). Edicions 62. Barcelona, 1989.

Quadre 7. El creixement de la població catalana (1941-1975)

Creixement Catalunya Creixement natural Immigració Increment població
1941-1945 182.280 21.406 160.874 6,31%
1946-1950 167.059 71.215 95.844 5,44%
1951-1955 293.871 93.994 199.877 9,07%
1956-1960 391.595 151.598 239.997 11,08%
1961-1965 567.628 213.466 354.162 14,46%
1966-1970 629.160 262.880 366.280 14,00%
1971-1975 640.224 308.393 231.831 12,50%
TOTAL 2.771.817 1.122.952 1.648.865 72,86%

FONT: Elaboració pròpia, a partir de: CABRÉ, Anna i PUJADAS, Isabel. “La població: immigració i explosió demogràfica”. Dins: J. NADAL, J. MALUQUER, C. SUDRIÀ i F. CABANA (Dirs.). Història econòmica de la Catalunya contemporània (vol. 5). Ed. Enciclopèdia Catalana. Barcelona, 1989.

El 1940 Catalunya tenia una població de 2.890.974 habitants, segons dades censals, xifra que suposava un estancament demogràfic respecte al creixement anterior com a conseqüència dels efectes de la Guerra Civil, però durant la dècada dels anys quaranta ja podem observar un creixement considerable fins arribar als 3.240.313 habitants amb un increment de 349.339 habitants i un saldo migratori positiu de 258.717 persones (el 8,94%), el que suposava un increment del creixement natural i, especialment, una represa del corrent migratori que ja superava el produït durant els anys deu, recuperant el ritme de creixement aturat durant la crisi econòmica de la dècada dels anys trenta.

La immigració dels anys quaranta i cinquanta va caracteritzar-se pel pes específic dels grups d’adults joves (de 15 a 34 anys) en el seu conjunt. Així, entre els nouvinguts destacaven els individus actius, joves i solters, però la quantitat d’homes i dones resultaria força equilibrada en contra de la creença general del paper masculí com a pioner de la immigració. El nombre de majors de 66 anys, és a dir gent inactiva, era certament insignificant (2,14%). Per tant, els immigrants eren majoritàriament contingents de gent activa que venia a treballar al país.

Els emigrats arribats a Catalunya en la postguerra procedien de les zones més deprimides de l’Espanya rural. Cal destacar que la procedència regional de la immigració va experimentar un canvi en aquest període, passant per primer cop del component murcià majoritari a la preponderància del component andalús. El 1957, la meitat dels immigrants arribats a Catalunya serien d’origen andalús, seguits pels procedents d’Extremadura, Castella la Nova i Aragó, a més dels immigrants procedents de les àrees interiors catalanes que encara protagonitzaven l’èxode rural. Per exemple, el 1950 a la ciutat de Barcelona si bé l’àrea llevantina (València i Múrcia) continua sent el primer lloc d’origen de la població no-catalana resident amb el 9,44% dels habitants –retrocedint del 10,19% de 1940–, la població d’origen andalús passa a representar el 7,01% –quan el 1940 només suposava el 4,36%–.

Els immigrants van distribuir-se de forma molt desigual en el territori català, esdevenint la regió de Barcelona, la franja litoral i els eixos fluvials del Llobregat i el Ter les àrees que van rebre el major volum d’aquestes migracions, és a dir: les àrees més industrialitzades. La població barcelonina continuava augmentant el seu pes relatiu al conjunt català en aquest període. Dels 349.339 nous habitants, 300.244 corresponen a la província de Barcelona. Els nuclis urbans de l’àrea metropolitana de Barcelona, i en conjunt de la província, experimenten un gran creixement gràcies a la immigració. Així, el 1950 el 78,04% de la població barcelonina viu als disset municipis de més de 10.000 habitants de la província –que en el seu conjunt representen el 53,76% de la població total de Catalunya–. Als anys quaranta el creixement relatiu va ser superior al cinturó industrial que a la pròpia Barcelona: és l’inici del gran creixement de municipis com l’Hospitalet de Llobregat, Cornellà, Terrassa, Sabadell, Santa Coloma de Gramenet, i Badalona, que són els municipis de màxim creixement del període i ho seguiran sent en la dècada de 1960. Per exemple, el 1950 a l’Hospitalet de Llobregat trobem 16.780 immigrants per una població total de 71.580 habitants.

Quadre 8. Distribució segons l’origen de la població dels municipis barcelonins amb més de 10.000 habitants (1950)

Població Total Nascuts al propi municipi Nascuts a altres municipis de la província Nascuts a altres províncies Immigració
Barcelona 1.280.179 47,81% 6,13% 44,3% 52,19%
Badalona 61.654 44,95% 15,86% 38,4% 55,06%
Cornellà 11.473 27,5% 29,12% 42,33% 72,5%
Granollers 15.480 45,9% 27,13% 26,38% 54,1%
L’Hospitalet 71.580 24,01% 25,78% 49,03% 75,99%
Igualada 16.945 52,68% 22,05% 24,64% 47,32%
Manresa 40.452 43,62% 25,88% 29,78% 56,37%
Mataró 31.642 52,85% 17,52% 28,47% 47,16%
El Prat de Llobregat 10.401 37,39% 17,23% 44,57% 62,61%
Sabadell 59.494 46,46% 17,98% 34,58% 53,55%
Sant Adrià 10.227 26,95% 28,57% 43,31% 73,05%
Sant Boi 10.811 34,29% 29,59% 35,54% 65,71%
Santa Coloma 15.281 25,99% 33,49% 39,58% 74,01%
Terrassa 58.880 40,65% 13,16% 45,5% 59,36%
Vic 16.975 55,69% 27,66% 16,54% 44,31%
Vilafranca del Penedès 11.177 46,41% 25,56% 27,21% 53,59%
Vilanova i la Geltrú 19.483 50,73% 12,61% 35,99% 49,27%

FONT: MOLINERO, Carme i YSÀS, Pere. “La població catalana de la postguerra, creixement i concentració (1939-1950)”. Publicat a: L’Avenç nº 102 (1987).

A la ciutat de Barcelona, el 1945, el 43% dels censats eren nascuts a la ciutat, el 16,7% procedia de la resta de Catalunya i el 30,3% procedia d’altres províncies espanyoles. Les pautes de l’assentament a la ciutat en els anys quaranta i cinquanta diferien poc respecte dels anys anteriors a la Guerra Civil. Els immigrants es concentraven majoritàriament als districtes de caràcter popular i obrer de Ciutat Vella, Sants, Nou Barris, Gràcia i Poblenou. Cal destacar, però, la consolidació i ampliació de les àrees de barraquisme a Montjuïc, el Somorrostro i el Camp de la Bota, a més de l’aparició de nous nuclis al Carmel, al Guinardó i a algunes zones de Sants i les Corts. Tot això sumat a l’aparició de vivendes d’autoconstrucció, especialment a Sant Andreu. El problema de l’habitatge i la proliferació del barraquisme, com veurem amb detall més endavant, serà un dels principals problemes a que hauran de fer front els nouvinguts.

En qualsevol cas, aquestes arribades sempre respondrien a unes xifres de mínims ja que parlem de migracions enregistrades ja fos a través dels censos o dels padrons municipals i, per tant, no comptabilitzen les migracions “il·legals”. Com és lògic, aquells nouvinguts que van arribar a Catalunya en els anys quaranta per instal·lar-se en una barraca, en una cova o de rellogats il·legals no van donar-se d’alta en el padró. Per tant, considerem que fins els anys seixanta aquestes xifres de les migracions les hauríem de qualificar d’immigració mínima –i, d’igual manera, a l’hora d’analitzar les xifres dels anys seixanta haurem de tenir en compte que molts immigrants es donaven d’alta quan regularitzaven la seva situació habitacional després de portar ja diversos anys al país i perquè el règim va deixar de perseguir les migracions el 1957–.

La immigració va convertir-se en una de les principals causes del creixement econòmic català i de la recuperació del nivell de vida en els anys cinquanta. Els immigrants haurien d’acceptar qualsevol feina, en les condicions que fos. No tenien gaire possibilitats d’escollir perquè eren un grup de persones sense o amb pocs estudis, inclús alguns d’analfabets, sense contactes personals i amb una qualificació laboral molt baixa sense experiència prèvia en les ocupacions industrials. Els homes podien fer de peons a la construcció o a les fàbriques industrials i les dones com a empleades de la llar o minyones. A més, van provocar un impuls “cap amunt” de part dels autòctons en ocupar aquests esglaons més baixos de l’oferta laboral ja que en engrandir amb la seva presència la força productiva i certes indústries els autòctons passaven a ocupar càrrecs de responsabilitat. La major part de la població activa catalana treballava en aquest període en el sector secundari. Relacionant aquestes dades amb les dels municipis amb percentatges més elevats d’immigració podem concloure que la immigració s’ocupava primer en el sector de la construcció i després anava passant a altres sectors productius dels sectors secundari o terciari. D’altra banda, aquest procés continuat de migracions faria que amb l’arribada de nous immigrants per ocupar els estrats més baixos s’impulsés cap amunt les primeres onades de la postguerra.

Quadre 9. Classificació de la població activa dels municipis barcelonins de més de 10.000 habitants segons l’activitat (1950)

Agricultura Indústria Construcció Comerç Transport Serveis
Barcelona 1,41% 41,46% 8,88% 15,54% 6,94% 22,83%
Badalona 4’98% 65,71% 5,66% 7,34% 5,49% 12,17%
Cornellà 11,74% 58,44% 10,16% 5,49% 2,55% 6,13%
Granollers 10,77% 54,17% 4,95% 12,17% 3,35% 10,63%
L’Hospitalet 8,6% 51,48% 12,37% 9,14% 4,73% 10,73%
Igualada 5,2% 62,63% 6,02% 9,95% 3,82% 9,73%
Manresa 5,72% 0,58% 4,31% 7,75% 5,86% 14,57%
Mataró 9,97% 60,38% 3,35% 7,58% 2,9% 13,99%
El Prat de Llobregat 23,39% 52,65% 4,95% 5,62% 5,19% 7,29%
Sabadell 2,51% 72% 3,58% 6,6% 2,42% 10,44%
Sant Adrià 4,84% 51,67% 10,63% 6,55% 7,15% 10,13%
Sant Boi 19,49% 41,88% 7,44% 4,49% 3,36% 19,76%
Santa Coloma 5,51% 52,14% 9,05% 6,66% 6,85% 7,93%
Terrassa 3,44% 70,03% 5,48% 5,9% 2,37% 9,12%
Vic 11% 47,31% 6,28% 9,27% 6,19% 17,1%
Vilafranca del Penedès 13,75% 33,11% 5,84% 16,93% 6,72% 18,16%
Vilanova i la Geltrú 12,16% 59,43% 6,13% 4,85% 8,67% 6,42%

FONT: Elaboració pròpia a partir de: MOLINERO, Carme i YSÀS, Pere. “La població catalana de la postguerra, creixement i concentració (1939-1950)”. Publicat a: L’Avenç nº 102 (1987).

Salaris minsos i dificultats per viure en condicions dignes. Així les coses, per què aquestes persones van buscar l’aventura de la immigració cap a Catalunya? La manca d’esperances de millora per part dels sectors més humils de la societat, especialment dels vençuts en la guerra, va ser el que va impulsar el nou èxode que mica en mica aniria incrementant-se, en paral·lel a la normalització de les comunicacions i els transports. Els antics partidaris del bàndol republicà, si s’havien lliurat d’anar a la presó, molts cops tenien dificultats per trobar feina, especialment a les àrees rurals, i molts d’ells van pensar que la millor opció era començar de nou en un lloc on fossin uns desconeguts no marcats per les seves antigues conviccions polítiques i es trobessin protegits de les represàlies que van patir els republicans en la postguerra. Les ciutats esdevenien així el territori perfecte per passar desapercebuts l’aiguat repressiu. Davant aquesta realitat les autoritats franquistes tancarien les fronteres i restringirien els moviments de població pel territori per facilitar les tasques repressives. Segons la historiadora Ángela Cenarro:

aquellos que volvían al pueblo en situación de libertad no podían cambiar de residencia, pues se había establecido que por guardia civil pueblos o alcaldes se llenará ficha clasificadora, lo que hacía evidente que las comunidades locales actuaron como auxiliadoras del control y la clasificación social que ejercían las autoridades franquistas centrales […] no es difícil atisbar que por debajo de las razones económicas, que se hacen explícitas [a les sol·licituds d’emigració], subyacen otro tipo de motivaciones que tienen que ver con las experiencias personales vividas durante la guerra, como la pérdida o el encarcelamiento de familiares, la fuerte enemistad surgida con ciertas familias del pueblo o la inhabilitación profesional motivada por los antecedentes izquierdistas.

Les autoritats franquistes limitarien de forma permanent la llibertat de residència, especialment a les grans ciutats de l’Estat perquè, com descriu l’historiador Francisco Moreno Gómez: “en medio de la aglomeración se hacía difícil mantener las vigilancias reglamentarias de la libertad condicional. Así pues, para dirigirse a estas ciudades había que demostrar vínculos con ellas anteriores al 18 de julio de 1936, además de otros variados informes. La Subdirección General [del Servicio de Libertad Vigilada] de Madrid llegó a precisar toda una relación de localidades y zonas prohibidas como lugar de residencia para los liberados. Se solicitaba también a las Juntas Provinciales que designaran las zonas o lugares prohibitivos en cada provincia, de manera que los pudiera tener en cuenta la Subdirección General y la Comisión Central a la hora de fijar los lugares de residencia de los confinados. Por supuesto eran zonas prohibidas todas la limítrofes con las fronteras de Portugal, Francia y Gibraltar”.

Els candidats a immigrants deixaven de ser lliures d’anar allà on volguessin, fins i tot dins del territori espanyol, donant lloc a un nou fenomen: l’aparició de la figura de l’immigrant espanyol il·legal –o “sense papers”– en la pròpia Espanya per la dificultat per obtenir la documentació necessària que permetés el canvi de residència. Així, les migracions dins de l’Estat van ser constantment interferides i les detencions d’“il·legals” esdevingueren una constant fins a l’any 1957. D’aquesta manera, els ajuntaments franquistes molts cops van respondre davant del fenomen de la immigració amb deportacions cap al lloc d’origen com es pot observar en el següent document:

El esfuerzo de la Municipalidad no se ha limitado a desarrollar y arraigar el sentimiento de hermandad entre los vecinos del Municipio, sino que lo ha expansionado hacia los que, atraídos por la fama industrial de que goza, adquieren el carácter de inmigrantes y que a causa de no encontrar trabajo continúan en estado de indigencia en que se hallaban al salir de sus respectivos pueblos […]. Este problema inmigratorio tiene una importancia extraordinaria y absorbe gran cantidad de medios personales y económicos de carácter municipal […]. El Ayuntamiento acoge a estos náufragos hasta que obtienen una colocación y de no encontrarla después de un tiempo prudencial, los repatría a su punto de origen.

Mancat de cap mena de drets, els immigrants restaven sotmesos a l’arbitrarietat de les autoritats. L’acció més espectacular la portaria a terme el Govern Civil de Barcelona que el 1945 habilità l’antic Palau de les Missions de Montjuïc com a camp de concentració per aquests immigrants il·legals que arribaven a Barcelona sense casa ni feina fixa –anomenant-lo Centro de Clasificación de Indigentes–. Les ordres del governador civil, Felipe Acedo Colunga eren les següents: “se impedirá en lo sucesivo la entrada y la subsiguiente permanencia en sus respectivos términos municipales de aquellas personas que por no tener domicilio tuvieren que recurrir a la vivienda no autorizada debiéndolos remitir a este Gobierno Civil para su evacuación por el servicio que se encuentra a este efecto establecido”. Així, entre 1952 i 1957 van ser deportats 15.000 “sense papers”cap als seus llocs d’origen a la resta d’Espanya, molts d’ells detinguts a les estacions de la ciutat de Barcelona tal i com arribaven des dels seus llocs d’origen. Ara bé, totes aquestes mesures repressives servirien relativament de ben poc i els immigrants anirien arribant en un degoteig continuat a Catalunya on trobaven feina i amb el temps podien arribar a instal·lar-se en un habitatge legal.

La immigració a Catalunya en el segle XX: de l’èxode rural a les primeres migracions peninsulars (1877-1939)

dijous, 26/05/2011

El primer cens modern espanyol, realitzat el 1857, donava a Catalunya una població de 1.652.291 habitants; el 1877 la població havia crescut fins els 1.752.033 i el 1900 ja era de 1.966.382 persones. El país es dividia geogràficament en dues grans àrees: la litoral o industrial i la continental o rural. A més, ja des de la segona meitat del segle XIX estava clarament definida la macrocefàlia barcelonina –el 1877 amb 353.853 habitants constituïa el 17,3% de la població catalana, arribant al 24% i 544.137 habitants el 1900–. Per tant, Catalunya comença a entrar en el règim demogràfic modern en aquest període, el que comportaria, com a la resta dels països industrials europeus, un èxode del camp cap a la ciutat.

Respecte de les migracions, cal remarcar que fins a finals del segle XIX Catalunya era terra d’emigrants. Molts d’ells sense sortir de Catalunya, d’altres marxant cap a l’Amèrica Llatina –colonial i independent–. Catalunya va créixer en habitants al llarg de la centúria, però aquests es concentraven majoritàriament a l’entorn de la ciutat de Barcelona i els saldos migratoris del país resultaven invariablement negatius. El que es produïa a nivell intern del país era un moviment de la població que anava de la muntanya al pla i de les àrees rurals a les zones urbanes buscant fer fortuna en les grans ciutats en procés d’industrialització. En paraules de l’historiador Jaume Vicens Vives: “L’estímul dels sous elevats promogué el començament del gran trasbals demogràfic català contemporani, caracteritzat, com arreu de l’Europa occidental, per l’emigració del camp a la ciutat i la transformació del pagès en obrer. Considerables masses humanes canviaren d’horitzons. Aquest fenomen es veié afavorit pel desenvolupament dels mitjans de transport des del regnat d’Isabel II: els ferrocarrils i les carreteres, pujant muntanya amunt, estengueren la xarxa que havia de xuclar cap a la indústria o l’emigració la sang de la pagesia catalana”.

Tot i així, en el període 1857-1877 encara van marxar de Catalunya 68.910 persones més de les que van arribar des de fora i el percentatge de no-catalans residents al país era només del 1,25%. Per tant, Catalunya era en aquest període una terra de sortida i no pas d’entrada d’immigrants. Seria cap a finals de la centúria quan les coses començarien a canviar i de l’Aragó i el País Valencià arribarien els primers grans contingents d’immigrants que convertirien Catalunya en un país receptor net de població en els següents cent anys. El resultat d’aquest procés seria que en el període 1877-1900 la tendència migratòria ja s’havia invertit, donant un saldo positiu  de 83.004 persones –el 3,33% dels residents a Catalunya–. Sense que l’èxode rural interior cap a les ciutats s’aturés, ara començarien a arribar immigrants no catalans –bàsicament valencians, aragonesos i els primers murcians–, a les principals poblacions urbanes i industrials del país com a conseqüència de  l’anomenada “febre de l’or” (1876-1886), de la generació de llocs de treball derivats de l’Exposició Universal de Barcelona de 1888 i de l’auge econòmic provocat pel sistema proteccionista de la Restauració.

Des de finals del segle XIX fins a pràcticament la Guerra Civil (1936-1939) la xarxa urbana catalana va anar creixent continuadament reestructurant-se respecte a les característiques pròpies del segle XIX. En especial va créixer la ciutat de Barcelona que va agregar-se el municipis veïns de Gràcia, Sants, Sant Andreu de Palomar, Sant Martí de Provençals, Sarrià, etc. Els moviments migratoris han estat de manera general el principal motor del creixement de la ciutat de Barcelona i no resulta exagerat dir que la gran expansió demogràfica de la capital catalana va alimentar-se gairebé de forma exclusiva de la immigració. També van créixer algunes de les velles ciutats del Principat (Girona, Manresa, Tarragona) i antigues poblacions rurals es convertien en ciutats (Sabadell, Terrassa), mentre que d’altres ciutats tradicionals o s’estancaven o bé retrocedien (Reus, Tortosa, Valls, Vic). Paral·lelament a aquest procés, anaven desenvolupant-se la indústria i el comerç, prenia cos la xarxa de transports ferroviaris i millorava la xarxa de carreteres. Catalunya esdevenia un país urbà i la ciutat de Barcelona era la gran protagonista del procés. L’aportació de la immigració va resultar determinant per aquest procés. Els ràpids creixements de la població no s’alimenten només del creixement natural –resultat de la diferència entre natalitat i mortalitat– perquè la capacitat natalícia d’una comunitat és limitada. Les migracions no només engrandeixen la població del lloc on van a parar per si mateixes, sinó per l’aportació que aquests mateixos provoquen a la natalitat, sempre més baixa, de les àrees urbanes. A més, la major part dels immigrants són gent jove en edat de procrear.

Aquestes primeres migracions vers Catalunya provocarien els primers conflictes interns entre els residents autòctons i els nouvinguts. Tot i ser generalment persones de parla catalana –valencians o aragonesos de la Franja de Ponent–, les tensions entre persones vingudes de llocs diferents i els que es consideraven “autòctons” perquè hi eren abans en el país van sorgir sota el mar de fons de les disputes pels llocs de treball que els autòctons veien amenaçats per l’arribada de nova mà d’obra. L’escenari immediat d’aquesta disputa seria, tal i com pot resseguir-se a la premsa de l’època, la disputa pels llocs d’oci, és a dir les tavernes.

Quadre 1. El creixement de la població catalana (1911-1940)

Creixement total Creixement natural Creixement migratori Increment població
1911-1915 55.181 33.489 21.692 2,65%
1916-1920 204.670 2.062 202.608 9,56%
1921-1925 166.922 59.569 107.353 7,12%
1926-1930 279.651 64.925 214.726 11,13%
1931-1935 99.062 49.177 49.885 3,55%
1936-1940 620 -59.318 59.938 0,02%
TOTAL (1911-1940) 806.106 149.904 656.202 5,67%

FONT: CABRÉ, Anna i PUJADAS, Isabel. “La població: immigració i explosió demogràfica”. Dins: NADAL, J.; MALUQUER, J.; SUDRIÀ C. i CABANA F.  (Dirs.). Història econòmica de la Catalunya contemporània (vol. 5). Ed. Enciclopèdia Catalana. Barcelona, 1989.

Quadre 2. Estimació dels saldos migratoris quinquennals i la seva participació en el creixement total (1901-1940)

Creixement total Creixement natural Creixement migratori Impacte de les migracions (%)
1901-1905 58.160 42.564 15.596 26,8%
1906-1910 60.326 42.253 18.073 30%
1911-1915 55.181 33.489 21.692 29,3%
1916-1920 204.670 2.062 202.608 99%
1921-1925 166.922 59.569 107.353 64,3%
1926-1930 279.651 64.925 214.726 76,8%
1931-1935 99.062 49.177 49.885 50,4%
1936-1940 620 -59.318 59.938 96,67%
TOTAL 924.592 234.721 689.871 68,54%

FONT: CABRÉ, Anna i PUJADAS, Isabel. “La població: immigració i explosió demogràfica”. Dins: NADAL, J.; MALUQUER, J.; SUDRIÀ C. i CABANA F.  (Dirs.). Història econòmica de la Catalunya contemporània (vol. 5). Ed. Enciclopèdia Catalana. Barcelona, 1989.

Ara bé, el veritable salt de qualitat arribaria a partir de la dècada de 1910, arribant Catalunya a la xifra de 2.344.719 habitants el 1920, un increment degut fonamentalment a la immigració, que va cobrir l’emigració catalana cap a una França mancada de braços en els anys de la Gran Guerra. Així, el saldo migratori per al període 1911-1930 supera el mig milió d’habitants i suposa el 77% del creixement total del país. Aquest moviment va arrencar amb força el 1916 i va mantenir-se amb intensitat fins al 1930. Els immigrants arribats a Catalunya en aquest període procedien majoritàriament del País Valencià, l’Aragó, Múrcia i Almeria, tant el 1920 com el 1930. Existia una forta atracció, especialment, sobre les províncies frontereres (Castelló, Osca, Terol), que van ser les que van subministrar la proporció més grans dels seus habitants. La seva proximitat geogràfica, cultural i lingüística, sumada al fet que ja havien arribat amb anterioritat altres onades migratòries va provocar una ràpida integració social. En canvi, els immigrants de Múrcia i Almeria representarien més del 10% de la població immigrada total i serien els que més contrastarien tant per la llengua com pels seus costums, provocant el primer debat al voltant del fet migratori en els anys vint i trenta.

Quadre 3. Població activa a Catalunya per sectors (1900-1940)

Sector Primari Sector Secundari Sector Terciari
1900 429.266 52,88% 221.419 27,28% 161.018 19,84%
1910 344.701 36,31% 338.685 37,87% 201.380 22,52%
1920 345.163 33,23% 431.142 41,52% 253.750 24,44%
1930 321.245 26,63% 612.262 50,76% 266.507 22,09%
1940 329.178 26,86% 523.924 42,76% 368.843 30,10%

FONT: CÁMARA OFICIAL DE COMERCIO, INDUSTRIA Y NAVEGACIÓN DE BARCELONA. Informe económico de Cataluña (1968).

Quadre 4. Evolució de la població activa per sectors d’activitat (1910-1930)

1910 1930 Increment 1910-1930
Actius % Actius % Absolut Relatiu
Agricultura 370.417 41,4% 317.956 26,3% -52.461 -14,16%
Indústria i mines 259.803 29% 554.415 45,8% 294.612 113,4%
Energia i aigua 2.938 0,3% 5.047 0,4% 2.609 107,01%
Construcció 47.852 5,3% 64.390 5,3% 16.538 34,56%
Comerç 58.520 6,5% 71.347 5,9% 12.827 21,92%
Transports 24.185 2,7% 40.564 3,4% 16.379 67,72%
Serveis 131.439 14,8% 156.474 12,9% 25.035 19,05%

FONT: CABRÉ, Anna i PUJADAS, Isabel. “La població: immigració i explosió demogràfica”. Dins: NADAL, J.; MALUQUER, J.; SUDRIÀ C. i CABANA F.  (Dirs.). Història econòmica de la Catalunya contemporània (vol. 5). Ed. Enciclopèdia Catalana. Barcelona, 1989.

Els immigrants arribaven a la Catalunya urbana a la recerca de noves possibilitats d’ocupació i de millora econòmica, partint d’àrees deprimides econòmicament, preferentment rurals. Estimulats pel rellançament industrial de Catalunya a causa de la no bel·ligerància a la Gran Guerra, per la gran quantitat d’obres públiques realitzades a Barcelona –xarxa de metro, obres de l’Exposició de 1929, obertura de la Via Laietana– i pel treball a les mines de sal potàssiques arribarien a Catalunya milers d’immigrants peninsulars. Per tant, la gran empenta al fenomen migratori va produir-se arran de la Primera Guerra Mundial i es mantindria amb un ritme important durant la dictadura de Primo de Rivera. L’estructura de la població activa catalana contrastava amb l’espanyola ja des de finals del segle XIX: un 52% estava dedicat al sector primari, un 27% al secundari o industrial i un 19,8% al terciari o serveis, mentre que al conjunt de l’Estat presentava pels diferents sectors l’estadística de 66,3% sector primari, 16% sector secundari i 17,7% sector terciari. Cap a 1920 la tendència s’havia incrementat ja que Catalunya tenia només un 33% de la població activa en el sector primari –per un 57,3% a Espanya–, un 41,5% en el secundari –per un 22% a Espanya– i un 24,4% en el terciari –per un 20% a Espanya–, i encara era necessària més mà d’obra per cobrir la demanda de treball. Aquesta necessitat de mà d’obra seria l’atracció principal que tindrien els immigrants a l’hora d’emprendre l’aventura.

Les circumstàncies econòmiques viscudes en els llocs d’origen sumades a la situació política que allí patien van impulsar aquestes persones a prendre la decisió de marxar cap a Catalunya, és el que l’historiador Carlos Serrano ha denominat com a grau zero de la revolta, l’acceptació de la impossibilitat de canviar la situació a casa seva i iniciar l’aventura de la immigració incluso cuando se alimenta de sueños de un esplendor futuro y de ilusiones de un regreso venturoso, significa siempre el rechazo a aceptar o la imposibilidad de soportar la vida que su propia sociedad ofrece al individuo. En este sentido, y cualesquiera que sean las explicaciones propuestas, evidencia una profunda distorsión e indica quienes son las víctimas—”.

Durant el primer terç del segle XX la població catalana es concentra al litoral. El destí principal de la immigració, per tant, seria la ciutat de Barcelona –de cada tres immigrants dos anaven a la capital catalana– i les comarques més properes a la capital. D’aquesta manera, la població de la ciutat de Barcelona va incrementar-se en 386.482 persones entre 1915 i 1930, de les quals aproximadament 185.000 eren no-catalanes, a més de 70.000 immigrants procedents de la resta de Catalunya. L’assentament dels immigrants a Barcelona dibuixaria una sèrie d’espais clarament diferenciats. Un d’ells era el de la “Barcelona autòctona”, amb predomini dels nascuts a la ciutat, localitzada principalment a la dreta de l’Eixample, part de Gràcia, el centre de Ciutat Vella i els antics nuclis municipals de Sants, Horta, Sarrià, Sant Andreu i Sant Martí (aquest en menor proporció) ara convertits en barris de la ciutat. Els altres espais configuraven la “Barcelona immigrant” localitzada a Ciutat Vella –el Barri Gòtic– i a la perifèria dels antics municipis com Sant Martí, Gràcia, Sants i la part alta de Sant Andreu. A més, trobem importants concentracions d’immigrants a als barris suburbials de cases barates i de barraques que es trobaven principalment a Montjuïc i la franja litoral, però també a la perifèria de l’esquerra de l’Eixample, la Sagrada Família i les Corts.

Quadre 5. La concentració de la població a Barcelona i les seves comarques immediates (1857-1930)

1857 1910 1930
Barcelona ciutat 13,9% 28,2% 36%
Comarca del Barcelonès 1,3% 2% 3,8%
Comarques immediates 12,5% 12,2% 13,3%
Resta de Catalunya 72,3% 57,6% 46,9%

FONT: TERMES, Josep. De la Revolució de Setembre a la fi de la Guerra Civil (1868-1939). Edicions 62. Barcelona, 1987.

La societat catalana va rebre aquesta immigració de maneres molt diferents segons el punt de vista adoptat: els sectors més conservadors els presentaven com una amenaça, els més progressistes com una esperança de futur. En aquells anys s’arribaria a crear un despectiu “murciano” que serviria per a denominar despectivament els nouvinguts. L’impacte certament havia de ser considerable ja que de l’1,25% de no-catalans residents al país el 1887 es passava a un volum d’immigrants que oscil·lava al voltant del 20% el 1930. Tot i que l’animadversió va centrar-se en els col·lectius murcians (73.826 immigrants) i almeriencs (37.544), la realitat és que en l’any 1930 trobem a Catalunya nombrosos immigrants procedents de València (50.707), Castelló (49.247), Osca (43.675), Terol (38.193), Saragossa (36.478), Alacant (26.211), Madrid (15.106) i les Illes Balears (11.317). La immigració espanyola a Catalunya el 1920 era de 300.871 persones, el que constituïa el 12,83% de la població –percentatge que creix fins el 19,21% de la població si només observem la província de Barcelona–, mentre que el 1930 ja era de 509.721 persones, el que representava el 18,26% de la població total catalana –el que suposava el 25,35% de la població de la província de Barcelona–. Val a dir que els immigrants catalans no barcelonins traslladats a la capital també feien un volum considerable, arribant als 192.226 el 1930.

L’Ajuntament de Barcelona debatria en el gener de 1933 sobre el problema de la immigració a la ciutat, per acabar concloent que no existia cap problema i desviant la proposició de formació d’una comissió destinada a l’estudi de la qüestió cap a la comissió de política social. El regidor radical Santamaria –un dels signants de la proposició– va dir que “tots els treballadors espanyols tenen dret a venir ací” i el regidor Vilalta de l’Esquerra Republicana va aclarir que el seu partit considerava “catalans tots els que del seu treball visquin a Catalunya”. El debat social existia, però les autoritats polítiques no van intervenir per frenar una immigració, que en aquells moments ja davallava per si sola com a conseqüència de la depressió.

L’allau immigratòria que havia caracteritzat els anys vint va estroncar-se en els anys de la República a causa de l’extensió a Espanya de la crisi econòmica europea derivada de la Gran Depressió, tot i que el nombre de nouvinguts pel quinquenni 1931-1935 encara seria considerable i suposava el 50,4% del creixement del país. Seria l’esclat de la Guerra Civil, el 1936, el que acabaria de convulsionar la situació. La importància de les migracions durant els anys de guerra és molt difícil d’avaluar ja que, si bé numèricament es presenta un increment de població importantíssim, realment s’hauria de parlar de desplaçaments forçats per motius de mobilització militar i d’allau de refugiats. Per tant, Catalunya va rebre durant la Guerra Civil gran quantitat de civils refugiats –es calcula una xifra aproximada de 200.000 refugiats “controlats”–, sobretot d’Astúries, el País Basc i l’Aragó, però seria només la conjuntura bèl·lica el que els portava al país i majoritàriament serien aquests refugiats els primers que fugirien cap a França davant de l’entrada franquista al país el 1939 o bé serien retornats als seus llocs d’origen per les autoritats franquistes a través de les anomenades Oficinas de Evacuación de Refugiados.