Entrades amb l'etiqueta ‘Crisi de l’Antic Règim’

El Tractat de Fontainebleau

dilluns, 7/11/2011

Els inicis de la Guerra de la Independència o Guerra del Francès cal situar-los en els acords del Tractat de Fontainebleau del 27 d’octubre 1807, aliança franco-espanyola que deterioraria encara més la situació del país. Segons l’acord negociat per Godoy amb el vistiplau de Carles IV, Espanya autoritzava l’entrada al país de les tropes franceses (uns 28.000 soldats) per a realitzar l’ocupació de Portugal, aliat de la Gran Bretanya, i procedir el seu posterior repartiment en tres parts: una per França, una per Espanya i un principat per a Godoy.

Tratado de Fontainebleau (27 de octubre de 1807):

Napoleón emperador de los franceses […]. Habiendo visto y examinado el tratado concluido, arreglado y firmado en Fontainebleau á 27 de octubre de 1807 por el general de división Miguel Duroc, gran mariscal de nuestro palacio etc., en virtud de los plenos poderes que le hemos conferido á este efecto, con don Eugenio Izquierdo, consejero honorario de Estado y de Guerra de S. M. el rey de España, igualmente autorizado con plenos poderes de su soberano, de cuyo tratado es el tenor como sigue:

S. M. el emperador de los franceses y S. M. el rey de España queriendo arreglar de común acuerdo los intereses de los dos estados, y determinar la suerte futura de Portugal de un modo que concilie la política de los dos países, han nombrado por sus ministros plenipotenciarios, á saber: S. M. el emperador de los franceses al general Duroc, y S. M. el rey de España á don Eugenio Izquierdo, los cuales después de haber canjeado sus plenos poderes, se han convenido en lo que sigue :

1. La provincia de Entre-Duero-y-Miño con la ciudad de Oporto se dará en toda propiedad y soberanía a S.M. el Rey de Etruria con el título de Rey de la Lusitania Septentrional.

2. La provincia de Alentejo y el Reino de los Algarbes se darán en toda propiedad y soberanía al Príncipe de la Paz para que las disfrute con el título de Príncipe de los Algarbes.

3. Las provincias de Beira, Tras-los-Montes y la Extremadura portuguesa quedarán en depósito hasta la paz general, para disponer de ellas según las circunstancias y conforme a lo que se convenga entre las dos altas partes contratantes.

4. El Reino de la Lusitania Septentrional será poseído por los descendientes de S.M. el Rey de Etruria, hereditariamente y siguiendo las leyes que están en uso en la familia reinante de S.M. el Rey de España.

5. El principado de los Algarbes será poseído por los descendientes del Príncipe de la Paz hereditariamente y siguiendo las reglas del artículo anterior.

6. En defecto de descendientes o herederos legítimos del Rey de la Lusitania Septentrional, o del Príncipe de los Algarbes, estos paises se darán por investidura por S.M. el Rey de España, sin que jamás puedan ser reunidos bajo una misma cabeza, o a la Corona de España.

7. El Reino de la Lusitania Septentrional y el principado de los Algarbes reconocerán por protector a S.M. el Rey de España y en ningún caso los soberanos de estos países podrán hacer ni la paz ni la guerra sin su consentimiento.

8. En el caso de que las provincias de Beira, Tras-los-Montes y Extremadura portuguesa, tenidas en secuestro, fuesen devueltas a la paz general a la casa de Braganza, en cambio de Gibraltar, la Trinidad y otras colonias que los ingleses han conquistado sobre la España y sus aliados, el nuevo soberano de estas provincias tendría con respecto a S.M. el Rey de España los mismos vínculos que el Rey de la Lusitania Septentrional y el Príncipe de los Algarbes y serán poseídas por aquel bajo las mismas condiciones.

9. S.M. el Rey de Etruria cede en toda propiedad y soberanía el Reino de Etruria a S.M. el Emperador de los franceses.

10. Cuando se efectúe la ocupación definitiva de las provincias de Portugal, los diferentes Príncipes que deben poseerlas nombrarán de acuerdo comisarios para fijar sus límites naturales.

11. S.M. el Emperador de los franceses sale garante a S.M. el Rey de España de la posesión de sus Estados del continente de Europa, situados al Mediodía de los Pirineos.

12. S.M. el Emperador de los franceses se obliga a reconocer a S.M. el Rey de España como Emperador de las dos Américas, cuando todo esté preparado para que S.M. pueda tomar este título; lo que podrá ser, o bien a la paz general, o a más tardar dentro de tres años.

13. Las dos altas partes contratantes se entenderán para hacer un repartimiento igual de las islas, colonias y otras propiedades ultramarinas de Portugal.

14. El presente tratado quedará secreto, será ratificado y las ratificaciones serán canjeadas en Madrid veinte días, a más tardar, después del día en que se ha firmado.

Convención anexa al tratado anterior:

1. Un cuerpo de tropas imperiales francesas de veinticinco mil hombres de infantería y tres mil de caballería entrará en España y marchará en derechura a Lisboa. Se reunirá a este cuerpo otro de ocho mil hombres de infantería y de tres mil de caballería de tropas españolas, con treinta piezas de artillería.

2. Al mismo tiempo, una división de tropas españolas de diez mil hombres tomará posesión de la provincia Entre-Duero-y-Miño y de la ciudad de Oporto; y otra división de seis mil hombres, compuesta igualmente de tropas españolas, tomará posesión de la provincia de Alentejo y del Reino de los Algarbes.

3. Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por España, y sus sueldos pagados por Francia, durante todo el tiempo de su tránsito por España.

4. Desde el momento en que las tropas combinadas hayan entrado en Portugal, las provincias de Beira, Tras-los-Montes y la Extremadura portuguesa (que deben quedar secuestradas) serán administradas y gobernadas por el general comandante de las tropas francesas, y las contribuciones que se impongan quedarán a beneficio de la Francia. Las provincias que deban formar el Reino de Lusitania Septentrional y el principado de los Algarbes, serán administradas y gobernadas por los generales comandantes de las divisiones españolas, que entrarán en ellas, y las contribuciones que se impongan quedarán a beneficio de la España.

5. El cuerpo del centro estará bajo las órdenes de los comandantes de las tropas francesas, y a el estarán sujetas las tropas españolas que se reúnan a aquellas. Sin embargo, si el Rey de España o el Príncipe de la Paz juzgaran conveniente trasladarse a este cuerpo de ejército, el general comandante de las tropas francesas, y estas mismas, quedarán bajo sus órdenes.

6. Un nuevo cuerpo de cuarenta mil hombres de tropas francesas se reunirá en Bayona, a más tardar, en 20 de Noviembre próximo, para estar pronto a entrar en España y trasladarse a Portugal, en el caso que los ingleses enviasen refuerzos y amenazasen atacarle. Este nuevo cuerpo no entrará, sin embargo, en España, hasta que las dos altas potencias contratantes se hayan puesto de acuerdo a este efecto.

La monarquia de Carles IV i la por al contagi de la Revolució francesa

dissabte, 5/11/2011

Durant les primeres etapes de la Revolució francesa, la política de Carles IV va caracteritzar-se pel retrocés polític en relació a les reformes endegades pel despotisme il·lustrat al llarg del segle XVIII. Així, la monarquia espanyola va abandonar la política reformista i amb ella van desaparèixer de l’escena política els ministres il·lustrats com Floridablanca o Jovellanos, això acompanyat de la censura de llibres i premsa, i la repressió al carrer. A més, a través de l’Observancia de las anteriores prohibiciones con nuevas declaraciones para evitar la introducción de libros prohibidos Carles IV va segellar les fronteres per evitar que penetressin a Espanya les idees progressistes procedents de la França revolucionària:

Carlos_IV.jpg

Carles IV

Con motivo de haber dado noticia a la vía reservada de Hacienda los Administradores de las aduanas de Sevilla, Cádiz y Ágreda de haber llegado a ellas varias remesas de libros Franceses, preguntando lo que deberían ejecutar, se examinó este punto en mi Consejo de Estado; y hecho cargo de lo prevenido y dispuesto en las anteriores órdenes y cédulas; y considerando que de la traída, detención y retorno de los libros que fueren corrientes, y no hubieren venido a Madrid se originarían al comercio y a los interesados muchos embarazos y perjuicios; he resuelto […]:

1. Que todas las brochuras o papeles impresos o manuscritos que traten de las revoluciones y nueva constitución de la Francia desde su principio hasta ahora, luego que lleguen a las Aduanas, se remitan por los Administradores de ellas directamente al ministerio de Estado, que es a quien corresponden los asuntos relativos a Naciones extranjeras.

2. Que los abanicos, caxas, cintas y otras maniobras que tengan alusión a los mismos asuntos, se remitan al Ministerio de Hacienda, que dispondrá se les quiten las tales alusiones, antes de entregarlas a sus dueños.

3. Que todos los libros en lengua Francesa, que lleguen a las aduanas de las fronteras y puertos con destino a Madrid, se remitan por los Administradores de ellas, cerrados y sellados, a los Directores Generales de Rentas; los quales avisen su llegada al Gobernador del Consejo, para que haciéndolos reconocer, se dé el pase a los que fueren corrientes, deteniendo los sediciosos, y que traten de las revoluciones de Francia, que se deberán remitir por dichos Directores al Ministerio de Estado […].

Real Orden de 15 de julio y Cédula del Consejo de 22 de agosto de 1792.

Catalunya en temps de la Revolució francesa

diumenge, 20/03/2011

L’esclat de la Revolució francesa el 1789, el gran esforç col·lectiu francès per acabar amb l’Antic Règim i el feudalisme, va provocar una onada de temor que va estendre’s per totes les monarquies de l’Europa de l’absolutisme, i l’espanyola dels Borbons no en va ser una excepció.

Carlos_IV.jpg

Carles IV

La Revolució va coincidir en el temps amb el regnat de Carles IV (1788-1808). L’aristocràcia espanyola, que ja estava descontenta amb les mesures reformistes que l’anterior rei, Carles III, havia realitzat des dels principis del despotisme il·lustrat, s’havia acostat al príncep regent en els darrers anys de regnat del seu pare. Així, en arribar al tron, Carles IV va sentir-se forçat pels aristòcrates a frenar les idees de la Il·lustració i de certs sectors del poble, els quals, animats per les notícies que arribaven de França, va dur a terme petites accions per reclamar els seus drets. D’aquesta manera, la resposta de la monarquia espanyola a la Revolució va ser la destitució dels ministres il·lustrats (Jovellanos fins i tot va ser desterrat), la censura de llibres i premsa, i la repressió al carrer.

En definitiva, durant les primeres etapes de la Revolució francesa, la política de Carles IV va caracteritzar-se pel retrocés polític en relació a les reformes endegades pel despotisme il·lustrat al llarg del segle XVIII. L’aristocràcia va recuperar els privilegis perduts i, cada cop més enfortida, en el segle XIX va acabar enfrontant-se al propi monarca per demanar-li que abdiqués en favor del príncep Ferran, el qual semblava encara més favorable als seus interessos.

D’altra banda, en paral·lel a la repressió política, va produir-se un endarreriment cultural i científic. Espanya va descuidar les universitats i l’ensenyament primari, es va retornar a la religiositat tradicional enfortint novament la Inquisició, van suprimir-se alguns diaris, van limitar-se les Societats d’Amics del País i van tancar-se les fronteres amb França (1790). Però, tot i això, determinats sectors de la societat, minoritaris, no van renunciar a les idees liberals i van esforçar-se per convertir el país en un Estat constitucional.

Els francesos, ja des de la convocatòria dels Estats Generals i la seva deriva en Assemblea Nacional Constituent, havien pensat a estendre les idees de la Revolució, i van plantejar-se convertir Catalunya en una base d’actuació dels seus activistes a la Península. Els comitès revolucionaris de les ciutats de Perpinyà i Baiona van arribar a plantejar-se l’esclat de la Revolució a Espanya, i amb aquest objectiu van introduir clandestinament diversos opuscles i llibres de propaganda traduïts al català, al mateix temps que a Catalunya i a la resta de l’Estat arribaven agents revolucionaris per observar el grau de consciència revolucionària del país.

Aquest esforç propagandístic desplegat per la França revolucionària, però, no va arribar a quallar a l’Espanya del període. Malgrat que la crisi de l’Antic Règim també hi era present amb la seva injustícia econòmica i social, ni la monarquia ni l’absolutisme eren qüestionats com a sistema de govern. Així, tot i que els Rebomboris del Pa del 1789 semblaven indicar, almenys a Barcelona, una situació social favorable a la revolta, l’antipatia tradicional vers França i el pes de la tradició religiosa en un ampli sector de la població va provocar un moviment contrari, de forta hostilitat al nou règim revolucionari francès.

Prise_de_la_Bastille.jpg

En canvi, la influència dels immigrats francesos reialistes a Catalunya i Espanya sí que es va deixar notar. Així de l’esclat de la Revolució, Catalunya va rebre un bon nombre d’emigrats provinents de la Provença, el Llenguadoc i el Rosselló. Tanmateix, la seva arribada a terres catalanes tampoc va ser ben rebuda per la població i les autoritats, tot provocant recels i problemes de convivència.

Gairebé totes les parròquies catalanes van haver d’allotjar religiosos francesos que s’havien negat a jurar la Constitució Civil del Clergat. Tot i tractar-se d’elements obertament contraris a la Revolució, van despertar la desconfiança de les autoritats i de la població catalanes. Així, no se’ls permetia predicar i els bisbes feien vigilar les seves converses. Com va explicar Rafael d’Amat, el baró de Maldà, en el seus dietaris: “se’ls examina amb tota escrupolositat perquè no sembrin en aquest regne catòlic ni en aquesta província cap sedició i alteració en la santa doctrina”.

En una situació pitjor es trobaven els refugiats que no eren eclesiàstics i comptaven amb minsos recursos econòmics: les fondes estaven plenes, la gent dormia pels carrers i els que tenien algun ofici s’oferien per a treballar cobrant un sou més baix del que era habitual. I, a més, no eren ven vistos per una població que encara estava impregnada del sentiment antifrancès derivat de les campanyes del segle XVII i els fets de la Guerra de Successió.

Aquells emigrats, fugitius, camperols rics, nobles de la Gascogne, bisbes i sacerdots, burgesos, soldats i oficials, desertors la majoria d’ells, van organitzar la contrarevolució des del seu exili a la Península, formant legions de voluntaris encarregades d’ajudar els exèrcits europeus en l’atac contra el París revolucionari. Amb aquest objectiu, a Barcelona va formar-se l’anomenat Regiment del Rosselló, allotjats a la Caserna de l’Esplanada.

Hinrichtung_Ludwig_des_XVI.png

Així, quan el monarca francès Lluís XVI va ser executat el 1792 va néixer en el poble català un desig de venjança força arrelat. La Revolució estava atacant una institució inqüestionable per a la societat de l’Antic Règim i, en resposta, va articular-se un corrent d’opinió que demanava el trencament de les relacions de l’Estat espanyol amb la França revolucionària a la vegada que propugnava la prestació de qualsevol mena d’ajut per tal de frenar la seva expansió.

Aquesta ajuda va veure’s traduïda a Catalunya en la formació d’un cos de vuit-cents voluntaris de totes les comarques que aniria a lluitar a França al costat de la contrarevolució, la formació d’un altre cos de voluntaris religiosos per a servir en l’exèrcit i els hospitals, així com en la recaptació per part dels gremis d’ajudes i subscripcions en metàl·lic per socórrer les famílies de les víctimes.

En qualsevol cas, la presència dels emigrats francesos a Catalunya va permetre el Principat conèixer i viure indirectament la Revolució. El principal mitjà amb el qual van comptar els catalans per assabentar-se de la Revolució va ser el testimoni dels refugiats un cop la frontera va ser tancada per evitar la penetració de la propaganda revolucionària.

Si bé entre les capes altes de la societat existia la possibilitat de comprar la premsa contrarevolucionària que editaven els nobles emigrats a l’estranger i que alguns impressors catalans van traduir, la resta de la població alfabetitzada comptava amb poc mitjans per conèixer els fets que s’estaven produint més enllà dels Pirineus. Per exemple, el 1792 va aparèixer el Diario de Barcelona, però la seva informació sobre les notícies provinents de la França revolucionària, ja fos per la censura o per la ideologia dels editors, presentava moltes mancances.

Per la seva banda, l’Església i l’Estat van difondre una visió deformada de la Revolució que permetia salvaguardar els seus interessos. Mitjançant cançons i romanços, cantats als mercats o impresos, s’oferia una visió esbiaixada del que succeïa a França, tot esforçant-se a camuflar la Revolució contra l’Antic Règim i el sistema feudal sota la imatge d’un aixecament anticatòlic contra la religió i la monarquia.

Tot i que, inicialment, Carles IV no havia volgut adherir-se a la coalició europea contra la França revolucionària, fonamentalment per la manca de preparació militar i també amb l’esperança d’afavorir Lluís XVI, quan el rei francès va ser executat Espanya va declarar la guerra a la República francesa. Va ser la Guerra Gran (1793-1795), en la qual Espanya formaria part de la coalició per a preservar l’absolutisme i les institucions de l’Antic Règim.

guerra gran.jpg

L’exèrcit espanyol va obrir tres fronts al Pirineu, dos clarament defensius, al País Basc i a l’Aragó, i un tercer amb vocació ofensiva, a Catalunya. Però l’exèrcit que va iniciar la invasió de les terres franceses del Rosselló no passava dels 3.500 homes armats amb fusells. Tot i això, en un primer moment, els exèrcits espanyols destacats a Catalunya, comandats pel general Antonio Ricardos, van aconseguir victòries a les comarques del sud de França (Rosselló, Conflent, etc.).

Tot un seguit de pobles francesos van lliurar-se sense resistència a l’exèrcit espanyol perquè estaven enfrontats amb el govern de la Convenció i creien que la monarquia espanyola seria un mal menor davant el republicanisme francès, però això va canviar quan l’exèrcit mal proveït va iniciar la rapinya i els voluntaris van realitzar actes de violència. Les tropes espanyoles van intentar la presa de Perpinyà sense èxit, i amb l’arribada de l’hivern van haver de retirar-se a posicions defensives, tot advertint al govern que si no es milloraven les seves condicions s’aniria cap al desastre.

El 1794, en el moment àlgid de la Revolució francesa, en reprendre’s els combats la guerra va canviar de signe: les tropes espanyoles van ser expulsades del Rosselló i l’exèrcit francès en la seva contraofensiva va travessar la frontera per ocupar la Vall d’Aran, la Cerdanya i part de l’Empordà. El govern va respondre iniciant un procés de militarització de Catalunya que ressuscitava el sometent per tal de no haver de sortejar quintes.

Couthon.JPG

Georges Couthon

Malgrat les mostres d’hostilitat vers la Revolució que s’havien evidenciat des de Catalunya, el Comtiè de Salut Pública, després d’escoltar les opinions expressades en els informes del general Dugommier i els observadors Milhaud i Sobrany, va considerar que “els catalans, sempre amants de les seves llibertats, es troben madurs per a la Revolució i, si l’exèrcit francès entra a Catalunya com un benefactor, aconseguirà enfront d’Espanya un baluard molt més segur que no els Pirineus”. Ara bé, mentre que Dugommier proposava la incorporació de Catalunya a la República francesa, Georges Couthon va optar per convertir el territori català en una República germana independent i revolucionària. Els revolucionaris havien oblidat l’advertència de Robespierre: “ningú estima els missioners armats”.

Amb aquest sentiment de fraternitat, els soldats revolucionaris francesos van envair Catalunya. El castell de Figueres, la primera gran plaça forta que es trobava un cop travessats els Pirineus, va rendir-se a les tropes franceses sense que cap dels seus 10.000 soldats entrés en combat ni disparés cap dels 200 canons amb els que estaven armats. La porta de Catalunya restava així oberta a l’invasor.

Aleshores, l’ajuntament de Manresa va proposar al de Barcelona que convoqués una reunió de representants de diversos districtes per tal de prendre mesures contra el desastre que s’apropava. Així, van reunir-se una cinquantena de representants de les principals localitats catalanes que van constituir la Junta General del Principat, una mena de govern català imposat per les circumstàncies i tolerat per les autoritats espanyoles ja que contribuïa decisivament a un esforç bèl·lic finançat amb una insuficiència manifesta. La Junta va acordar la creació d’un cos de miquelets integrat per 18.000 homes per reemplaçar l’ineficaç sometent i un seguit de mesures econòmiques com la contribució general de defensa.

paz de basilea.jpg

El 1795, amb els reforços proveïts per la Junta, la situació a Catalunya va començar a millorar recuperant algunes places i derrotant els francesos en alguns combats. En canvi, al País Basc les coses no anaven tant be i els francesos van arribar a ocupar Bilbao. La derrota de les tropes espanyoles era contundent. La situació va complicar-se quan el govern va tenir temor a que es produís un cop republicà i perquè era incapaç de sostenir decorosament la guerra. Llavors van iniciar-se les gestions per signar la pau. El 1795 es signava la Pau de Basilea i els francesos abandonaven la Península Ibèrica.

Lluís XVI, del reformisme frustrat a la guillotina

dilluns, 3/01/2011

A Versalles, el 23 d’agost de 1754, naixia Lluís XVI, el Borbó que patiria la Revolució. Fill del delfí Lluís, succeiria en el tron francès el seu avi Lluís XV (1774). Abans, el 1770, s’havia casat amb la filla de l’emperadriu Maria Teresa d’Àustria, l’arxiduquessa Maria Antonieta, amb la qual va tenir quatre fills, tot i les seves dificultats inicials per consumar el matrimoni degut a una fimosi a la que el rei es resistia a operar-se. Personatge gris, la historiografia conclou que les seves principals passions van ser el bon menjar, la caça i els treballs manuals. Mancat d’una gran personalitat, va ser conegut com l’Indolent, en moltes de les seves decisions estava darrera la mà de Maria Antonieta, també despreocupada de la política però aficionada a canviar ministres.

Lluís XVI.jpgDurant els primers anys de regnat sorgiren certes esperances en els medis progressius del país, per les mesures de tipus humanitari a què el rei féu costat i per l’esperit de reforma econòmica i fiscal dels seus ministres, que foren frustrades una i altra vegada per la resistència dels privilegiats i la indecisió del monarca.

Així, el seu regnat va iniciar-se amb la pujada de Maurepas al poder i la destitució del triumvirat Terray-Maupeou-D’Aiguillon dominant en el tram final de la vida de Lluís XV, el restabliment del Parlament de París i la constitució d’un nou govern format per homes de gran vàlua com Malesherbes, Sartine, Saint-Germain o Turgot. La política econòmica estaria dirigida successivament per Turgot (1774-1776), que imposaria mesures liberals com la lliure circulació de grans i la supressió de les corporacions; i Necker (1776-1781), que toparia amb els privilegiats per la seva política fiscal. En política exterior, Vergennes va inclinar-se per participar victoriosament en la Guerra d’Independència nord-americana contra els britànics (1778-1783) per a debilitar el gran rival en la lluita per l’hegemonia europea un cop consumada l’aliança matrimonial amb Àustria.

Tot i un inici prometedor, la crisi econòmica i financera de l’Estat derivada de la irracionalitat de l’administració de la corona en els darrers anys va fer-se patent, sumada a una crisi generalitzada a finals de segle i a la negativa dels estaments privilegiats a establir reformes fiscals provocarien la caiguda del ministre Calonne (1783-1787). Aquesta situació portaria a una crisi política interna que derivaria en la convocatòria dels Estats Generals i al retorn de Necker (1788). Lluís XVI adquiriria certa popularitat al decretar el vot doble del Tercer Estat (doblant la seva presència), però no ho sabria aprofitar en els moments decisius.

En esclatar la Revolució (1789), la seva resistència passiva li va fer perdre popularitat. No va ser capaç de fer front al desafiament del Tercer Estat que convertia els Estats Generals en Assemblea Nacional, i les seves reaccions autoritàries –recurs a l’exèrcit, destitució de Necker– només van agreujar la situació comportant l’esclat revolucionari de la presa de la Bastilla. La seva negativa a sancionar la Declaració de Drets de l’Home i el Ciutadà i els decrets que abolien el feudalisme i el règim senyorial va comportar un nou aixecament, a l’octubre, que l’obligaria a abandonar Versalles i instal·lar-se a París.

Louis_le_dernier.jpgTot i jurar la nova Constitució (1791), Lluís XVI no es resignava a acomodar-se en la nova situació creada que rebaixava els seus drets absolutistes i va recórrer a buscar ajuda exterior.  Així, decidit a no prestar suport a l’ordre revolucionari i confiant en l’ajuda dels altres monarques europeus, intentaria la fugida (1791); però, reconegut pel camí, a Varennes, i fet presoner, després de deliberacions a l’Assemblea sobre la conveniència de la seva continuïtat, fou mantingut com a símbol necessari de l’ordre i jurà la Constitució una altra vegada. Però, els poders que emanaven d’aquesta constitució suposaven un insult per a un monarca instruït en l’absolutisme il·lustrat –simplement dret a vet suspensiu–. Per això, en aquest període estimularia els elements i les mesures que creia que portarien a l’anarquia revolucionària i, superada aquesta, a la restauració de l’Antic Règim.

Així, des de la seva posició el monarca permeté d’atacar Àustria. La subsegüent invasió de França per austríacs i prussians i les proclames dels invasors a favor seu el presentaren com a traïdor a la Revolució i al país. En aquest moment, Lluís XVI faria valer el seu dret a vet a les mesures d’excepció reclamades pel govern girondí, provocant la còlera dels sans-culottes parisencs que protagonitzarien l’assalt a les Tulleries el juny de 1792. Paral·lelament, a l’exterior, els emigrats monàrquics van fer públic el Manifest de Brunswick que amenaçava amb represàlies davant les injúries a la família reial. Això, sumat a noves intrigues del rei contra els girondins, va conduir a una nova insurrecció extremista que el 10 d’agost prenia novament les Tulleries, fent presoner el monarca que restava en mans de l’anomenada Comuna insurreccional després de ser suspès en les seves funcions per decret de l’Assemblea Legislativa.

Proclamada la República, el “ciutadà” Capet fou jutjat pel nou govern de la Convenció entre desembre de 1792 i gener de 1793. Finalment, fou condemnat a mort per una feble majoria de diputats i guillotinat el 21 de gener del 1793 davant una multitud congregada a la plaça de la Revolució.

January_21,_1793_-_Louis_XVI.jpg

L’esfondrament de la monarquia borbònica i l’entrada de Napoleó a Espanya

dijous, 2/12/2010

La caiguda de la monarquia. Els inicis de la Guerra de la Independència o Guerra del Francès cal situar-los en els acords del Tractat de Fontainebleau del 27 d’octubre 1807, aliança franco-espanyola que deterioraria encara més la situació del país. Segons l’acord negociat per Godoy amb el vistiplau de Carles IV, Espanya autoritzava l’entrada al país de les tropes franceses (uns 28.000 soldats) per a realitzar l’ocupació de Portugal, aliat de la Gran Bretanya, i procedir el seu posterior repartiment en tres parts: una per França, una per Espanya i un principat per a Godoy.

Els francesos van travessar els Pirineus i van entrar a Catalunya el febrer del 1808. La seva presència va ser acceptada per les autoritats borbòniques, malgrat que va provocar força irritació entre la població. Les tropes es van situar en llocs estratègics com ara Barcelona, Vitòria i Madrid, des d’on havien de desplegar-se per tot el territori.

La por que la presència francesa acabés en una invasió real del país va anar prenent cos entre la població. Una por agreujada pel fet que Godoy i Carles IV haguessin decidit retirar-se a Aranjuez, des d’on pensaven viatjar cap a Sevilla on embarcarien cap a Amèrica. Això va fer esclatar la crisi amb el Motí d’Aranjuez contra Godoy el 18 de març de 1808. El motí va ser protagonitzat per les capes populars, però estava dirigit per l’aristocràcia palatina, el clergat i els oficials de l’exèrcit, i el seu objectiu era la caiguda del valido Godoy i l’abdicació de Carles IV en la figura del príncep Ferran, esperança de redreçament de la crisi que patia el país.

Motín_de_Aranjuez.JPG

El motí triomfar i els amotinats van aconseguir el seu objectiu de derrocar Carles IV i Godoy, però els fets sobretot van evidenciar la profunda crisi en la qual estava immersa la monarquia espanyola. Ferran VII era proclamat rei d’Espanya, però Carles IV no va acceptar la derrota i va recórrer a demanar auxili a Napoleó per a recuperar el tron arrabassat pel seu propi fill.

Els fets van confirmar a Napoleó la seva convicció de la feblesa, la corrupció i la incapacitat de la monarquia dels Borbons espanyols, i el van decidir a ocupar el país per fer-ne un satèl·lit de l’Imperi. Així Espanya es regeneraria il·lustradament en agraïment a que ajudés a la lluita contra Anglaterra i a l’engrandiment de França. A més, dominar Espanya volia dir tenir el comandament de les índies i controlar el corrent de metalls preciosos que procedien de les colònies americanes. L’emperador estava convençut que l’Espanya d’inicis del segle XIX, governada per una dinastia inepta, seria un enemic sense importància i que podia dominar-se amb poc esforç en la seva lluita pel control d’Europa.

La monarquia de Josep I Bonaparte. Així, Carles IV i Ferran VII van ser convocats per Napoleó a Baiona (abril-maig de 1808) i aquest va forçar l’abdicació, sense cap resistència, dels Borbons en la seva persona. Legitimat per les abdicacions de Baiona, Napoleó va tenir les mans lliures per introduir la dinastia bonapartista a Espanya en la figura de Josep I, el seu germà.

Jose-Bonaparte.jpg

Josep I

A continuació, Napoleó va convocar les corts per tal d’aprovar una constitució que acabés amb l’Antic Règim i ratifiqués el nomenament de Josep I com a nou rei d’Espanya. En conseqüència va aprovar-se el Codi de Baiona pel qual es reconeixia la igualtat dels espanyols davant la llei, en els impostos i en l’accés als càrrecs públics. Tot i això, l’Estatut de Baiona destacava pels seus signes autoritaris per sobre dels ingredients liberals ja que instaurava un sistema centralista amb unes Corts reduïdes a la mínima expressió per la seva representació de caràcter estamental, mancada d’influència a l’Espanya de principis de segle. Josep I juraria el seu càrrec el 7 de juliol de 1808 convertint-se en el nou monarca davant la passivitat de la major part de l’administració borbònica.

Josep Bonaparte va intentar portar a terme una experiència reformista amb l’objectiu de liquidar l’Antic Règim. D’aquesta manera, el monarca va abolir el règim senyorial, va desamortitzar terres de l’Església, va desvincular les terres de les primogenitures i va acabar amb les terres de mans mortes. També estava prevista l’abolició dels privilegis, declarar la invulnerabilitat del domicili, la llibertat de residència, el lliure accés a totes les professions, la unificació dels diferents codis jurídics, l’abolició de les duanes interiors, la fixació d’una extensió màxima pels mayorazgos i l’abolició de la Inquisició.

Tot i ser una reforma raonable, aquesta va tenir poc suport i va topar amb una total incomprensió entre la societat espanyola que considerava que estava governada per un govern il·legítim, estranger i basat en el poder de les armes. D’aquesta manera, els càlculs de Napoleó respecte d’Espanya van demostrar-se erronis. Ni el clergat, excepció feta de la jerarquia superior, era tan fàcil de controlar, ni la resta de la societat espanyola podia reduir-se a “populacho” com ell creia. Tenia raó quan pensava que la força dels exèrcit espanyols era ben escassa, però no havia previst la importància que tindrien les forces irregulars i la poderosa combinació que podrien formar resistència i tropes regulars britàniques. La resistència popular espanyola a la introducció dels francesos faria esclatar la Guerra de la Independència.

El regnat de Carles IV: l’impacte de la Revolució francesa

dimecres, 1/12/2010

El regnat de Carles IV (1788-1808) va estar marcat per l’esclat de la Revolució francesa i les seves conseqüències així com per ser una època de crisi generalitzada per a la societat espanyola. Espanya no es podrà mantenir en una posició neutral davant l’esclat revolucionari i així Carles IV es veurà obligat a escollir entre els imperatius estratègics i les motivacions ideològiques per decantar-se en una aliança amb Anglaterra o França.

Carlos_IV.jpg

Carles IV

familia de carlos iv.jpg

Carles IV va abandonar la política reformista i amb ella van desaparèixer de l’escena política els ministres il·lustrats com Floridablanca o Jovellanos. A més, va segellar les fronteres per evitar que penetressin a Espanya les idees progressistes procedents de la França revolucionària. El 1792, Manuel Godoy, un jove militar allunyat dels cercles nobiliaris que fins aquell moment havien gaudit del poder a la cort, va ser nomenat valido de la monarquia (primer ministre) per Carles IV.

Manuel_Godoy.jpg

Manuel Godoy

El 1793 a França era guillotinat el rei Lluís XVI: ens trobem en la fase més radical de la Revolució francesa. A Espanya, si la Inquisició ja s’encarregava d’evitar l’entrada al país de les idees revolucionàries franceses, després de l’execució de Lluís XVI Godoy va decretar l’expulsió del país dels súbdits francesos. Davant la radicalitat de la Revolució Carles IV va declarar, en coalició amb d’altres monarques europeus units en la Primera Coalició, la guerra a la França de la Convenció.

Va ser la Guerra Gran (1793-1795), en la qual Espanya formaria part de la coalició per a preservar l’absolutisme i les institucions de l’Antic Règim. El País Basc, Navarra i Catalunya serien els principals escenaris del conflicte. Aquesta guerra, que duraria poc més de dos anys, va afectar de formar especial a Catalunya i va ser un bon testimoni de les actituds polítiques dels catalans vuitanta anys després del final de la Guerra de Successió.

El Tercer Pacte de Família es trencava definitivament donant lloc a una aliança hispano-britànica per fer front a la guerra. Durant el conflicte la propaganda revolucionària a territori espanyol va augmentar i això va unir-se a la crisi que vivia el país amb l’increment dels preus i dels impostos indirectes per fer front a les despeses bèl·liques. Els intents revolucionaris interna i les manifestacions van augmentar.

La guerra va ser pagada substancialment a costa d’un fortíssim endeutament de la monarquia que seria el preludi de la crisi final de la hisenda absolutista en els primers anys del segle XIX. El cost econòmic de la guerra va ser de 935 milions de rals. Entre 1794 i 1795 van emetre’s vals reials destinats a pagar les despeses corrents de la guerra, però aquests no van bastar ni per cobrir el 10%.

guerra gran.jpg

El pla de campanya preveia la formació de tres exèrcits a Catalunya, Guipúscoa i Aragó, però l’exèrcit que va iniciar la invasió de les terres franceses del Rosselló no passava dels 3.500 homes armats amb fusells. En un principi, entre març de 1793 i febrer de 1794, tot un seguit de pobles van lliurar-se sense resistència a l’exèrcit espanyol perquè estaven enfrontats amb el govern de la Convenció i creien que la monarquia espanyola seria un mal menor davant el republicanisme francès, però això va canviar quan l’exèrcit mal proveït va iniciar la rapinya i els voluntaris van realitzar actes de violència.

Les tropes espanyoles van intentar la presa de Perpinyà i amb l’arribada de l’hivern van haver de retirar-se a posicions defensives advertint al govern que si no es milloraven les seves condicions s’aniria cap al desastre. El govern va respondre iniciant un procés de militarització de Catalunya ressuscitant el sometent. Tot i això, la campanya de 1794 va significar la desfeta de l’exèrcit espanyol amb la contraofensiva francesa que va capgirar la situació i va suposar la penetració francesa a Catalunya ocupant la Seu d’Urgell i Puigcerdà.

L’ajuntament de Manresa va proposar al de Barcelona que convoqués una reunió de representants de diversos districtes per tal de prendre mesures contra el desastre que s’apropava. Així, van reunir-se una cinquantena de representants de les principals localitats catalanes que van acordar la creació d’un cos de miquelets integrat per 18.000 homes per reemplaçar l’ineficaç sometent i un seguit de mesures econòmiques com la contribució general de defensa.

El 1795, amb els reforços proveïts per aquesta assemblea, la situació a Catalunya va començar a millorar recuperant algunes places catalanes i derrotant els francesos en alguns combats. En canvi, al País Basc les coses no anaven tant be i els francesos van arribar a ocupar Bilbao. La derrota de les tropes espanyoles era contundent.

La situació va complicar-se quan el govern va tenir temor a que es produís un cop republicà i perquè era incapaç de sostenir decorosament la guerra. Llavors Godoy va iniciar les gestions per signar la pau. El conflicte entre els absolutistes i els revolucionaris francesos va perllongar-se des de 1793 fins a 1795 quan es signava la Pau de Basilea i els francesos abandonaven la Península Ibèrica.

paz de basilea.jpg

La Pau de Basilea suposava que Espanya recuperava els territoris que havien ocupat els republicans francesos a canvi de la cessió a França de la part espanyola de l’illa de Santo Domingo i del reconeixement d’una sèrie de privilegis comercials a França. A més, els costos econòmics i humans serien considerables, especialment les pèrdues demogràfiques i de collites a la zona de frontera on s’havien desenvolupat les accions bèl·liques de la Guerra Gran.

La Guerra Gran va ser una mostra palpable de la debilitat de l’Antic Règim i va servir als catalans per redescobrir la seva capacitat d’organització autònoma, dos fets que tindrien un pes important en el futur. No hi havia res en la política dels Borbons que afavorís el creixement català: no entenien el que passava a Catalunya i alguns eren francament hostils. Així, la hostilitat i la incomprensió entre catalans i castellans s’anava agreujant. A més, la marxa decidida de l’economia i la societat catalana cap el desenvolupament capitalista i la industrialització topaven amb una societat espanyola força endarrerida i que no assumirà la conveniència d’aquest camí.

godoy-carlos4.jpg

D’altra banda, la Pau de Basilea va suposar un canvi en les aliances internacionals. A partir d’aquest moment Espanya serà novament un aliat subordinat de França contra la monarquia anglesa, en especial després del pacte segellat a Sant Ildefons el 1796. Aquest tractat suposava una aliança ofensiva i defensiva contra Anglaterra.

El 1801 Espanya, pressionada per França, trencarà les relacions amb Portugal davant la negativa portuguesa a tancar les seves fronteres al comerç britànic. Quan Napoleó sigui proclamat emperador en 1804 es declararà el blocatge continental al comerç Britànic i Portugal serà l’únic aliat continental dels britànics al continent europeu. Carles IV es tornarà a aliar amb França. L’aliança hispano-francesa, però, viuria una forta derrota enfront els anglesos el 1805 al front de Trafalgar davant l’almirall Nelson. Això suposava la destrucció de la flota espanyola i el final de la força naval de l’exèrcit espanyol.

battle-of-trafalgar1.jpg

A més, la desastrosa política exterior de Godoy va complicar encara més les coses per a l’economia del país que entre 1796 i 1802 viuria una forta crisi per la interrupció del comerç marítim agreujada per les males collites. El posterior desastre naval a Trafalgar paralitzaria el comerç colonial, agreujant encara més la crisi de la hisenda reial que es veia privada dels ingressos provinents del comerç amb Amèrica. igualment, la producció tèxtil catalana va veure’s força afectada perquè veia perillar un dels seus principals mercats.

Per a fer front a la crisi, Godoy va recórrer a l’endeutament, a l’augment de les contribucions i a reformes com ara la desamortització i venda de terres eclesiàstiques. Aquestes mesures van provocar una àmplia oposició entre amplis sectors de la noblesa i l’Església que ja des de bon començament eren hostils a la figura de Godoy pel seu origen plebeu. Així, moviments aristocràtics contraris a la figura del favorit reial van reunir-se al voltant de la figura del príncep Ferran (fernandistes). La monarquia es trobava per tant en mig d’un conflicte dinàstic entre els partidaris de Carles IV i els partidaris de Ferran VII.

Fernando_VII.jpg

Ferran VII

Els impostos sobre la pagesia, tant els senyorials com els estatals, van estimular el creixement del descontentament popular, incrementat per les epidèmies, la fam i la carestia que vivia el país que van costar la vida a entre 350.000 i 500.000 persones en només vint anys. La incapacitat del govern per a resoldre aquesta crisi va alimentar que es produïssin avalots i protestes que responsabilitzaven Godoy de la greu crisi que assolava el país.

La Catalunya borbònica: moviments de protesta i lluita antifeudal

dimarts, 30/11/2010

Si prenem com a referència el conjunt del segle XVIII, podem observar com Catalunya, la gran derrotada de la victòria dels Borbó en la Guerra de Successió, va esdevenir en les darreries del segle com la potència capdavantera de l’economia peninsular. Així, si en iniciar-se el segle XVIII Catalunya es trobava en un estadi preindustrial, en entrar en el segle XIX ja podrem parlar d’una societat de tipus capitalista.

DecretNovaPlanta.pngAmb la desfeta de 1714, els grups que havien mostrat senyals, ja a finals del segle XVII, d’una forta recuperació (menestralia, burgesia comercial) van restar marginats dels nous centres de decisió. Així, mentre que a bona part d’Europa la rígida estructura de poder de l’Antic Règim entrava en el seu segle de crisi generalitzada, a Espanya aquesta estructura es veia fixada pel Decret de Nova Planta i amb ella els defectes més flagrants i coercitius. L’única sortida possible per aquests grups puixants de la societat catalana va ser la creació d’instruments propis per a desenvolupar les seves activitats, com per exemple la Junta de Comerç (1758).

D’altra banda, el Decret de Nova Planta va introduir en els ajuntaments catalans un nou component social que fins aleshores n’havia restat al marge: l’estament nobiliari. Els estaments privilegiats van ser, doncs, la base del nou grup políticament dominant en la Catalunya borbònica.

Enfront d’aquest grup va aparèixer en un primer moment, en la immediata postguerra, una resistència armada constituïda per petits escamots que no van durar gaire (Pere Joan Barceló, “Carrasclet”). Després de 1725, quan va signar-se la pau definitiva entre Felip V i Carles d’Àustria, tota resistència armada al Principat va perdre el seu sentit. Per això, les protestes posteriors anirien dirigides contra el mal funcionament del sistema, però ja sense qüestionar el nou règim.

Aquestes protestes van manifestar-se, sobretot, en la lluita contra el despotisme i la corrupció existent en els ajuntaments borbònics que havien esdevingut uns poders municipals absolutament desarrelats del poble. Les protestes van significar, de fet, una represa de la consciència col·lectiva. Si en la primera meitat del segle aquestes eren una protesta gairebé individual, des dels anys quaranta ja podem observar indicis de l’embrió d’un moviment organitzat, fruit de l’accés a la vida pública d’una nova generació de catalans que no havien conegut directament ni la guerra ni la forta repressió posterior.

Ara bé, cal tenir present que aquest moviment de protesta no va ser en cap moment un moviment de reivindicació de les antigues llibertats i institucions catalanes medievals, sinó que anava dirigida tant contra les institucions borbòniques com contra el mal govern de les persones que les encarnaven.

Des de mitjans de segle, el descontentament va manifestar-se mitjançant la redacció de representacions o memorials, com l’enviat al marquès d’Esquilache el 1759 o l’adreçat a Carles III el 1760, on es feien constar les deficiències paleses i es proposaven mesures per a resoldre els problemes més conflictius que existien.

Els anys seixanta del segle XVIII van significar per a Catalunya una etapa de canvis espectaculars que van coincidir amb el govern il·lustrat de Carles III. Aquesta va ser una etapa de canvis i de pressió popular que va traduir-se en la creació el 1766 dels “diputats del comú” i dels “síndics personers” per a realitzar la fiscalització de la gestió dels regidors.

En el darrer terç de segle van esclatar a Barcelona dues revoltes populars importants: l’avalot de les quintes (1773) i els rebomboris del pa (1789). Aquestes revoltes no poden interpretar-se com un ferment revolucionari, sinó uns moviments de protesta. La prova d’aquest fet és l’èxit que la guerra contra la França revolucionària de 1793 va tenir a Catalunya.

El 1770, durant el regnat de Carles III, va implantar-se el sistema obligatori de reclutament de soldats per a l’exèrcit. Això va provocar un gran malestar a Catalunya i va acabar desencadenant una revolta a Barcelona el 1773 –l’avalot de les quintes– que va acabar amb la supressió temporal d’aquest sistema que encara seria emprat durant el segle XIX.

Els rebomboris del pa van ser una revolta popular espontània que va produir-se a Barcelona contra l’increment del preu del pa que va produir-se el febrer de 1789. El moviment va extendre’s durant uns quants dies i va adquirir una gran violència. Finalment, el capità general Lacy va poder sufocar la revolta mitjançant l’exercici d’una forta repressió militar.

Tot i que coincidien en el temps amb l’esclat de la Revolució francesa, en realitat, els rebomboris del pa no van ser res més que un de tants aldarulls de subsistència com els que es venien produint a Europa des de feia segles. Si aquest fet va cridar l’atenció de la historiografia ha estat perquè no eren gaire comuns a la Barcelona del segle XVIII ja que aquesta es trobava ben integrada en els corrents comercials i habitualment estava ben proveïda de pa.

La coincidència de les males collites locals amb la crisi d’àmbit europeu va fer minvar el volum de les exportacions i això va suposar l’increment del preu del pa fins un 50%. A això va sumar-se una minvada dels preus de l’aiguardent que va provocar una crisi de treball i salaris que va deprimir la capacitat de compra de les classes populars, fet que les va fer més sensibles a l’increment del preu del pa.

Segons Ernest Lluch, el que més sobta de la cultura catalana contemporània és que no va aparèixer una cultural liberal forta en els inicis del segle XIX i això va succeir perquè el creixement econòmic ja s’havia donat en el segle XVIII sota el sistema de l’Antic Règim. Així, els fets produïts a Barcelona el 1789 no van tenir cap mena de relació amb la revolució social d’inspiració burgesa que paral·lelament s’estava donant a França. Els protagonistes dels aldarulls de Barcelona havien estat la noblesa, burgesos i menestrals amb un alt percentatge de suport social al sistema.

Els rebomboris no anunciaven la fi del sistema de l’Antic Règim, sinó que hi pertanyien plenament i demostraven la seva solidesa. Els signes d’erosió del sistema han de buscar-se a altres fets menys espectaculars i d’abast més general, però més efectius a l’hora de provocar la fallida del sistema.

Molt més importants per a la fallida de l’Antic Règim van ser els conflictes que anaven erosionant la seva base econòmica, l’apropiació de l’excedent camperol per la via dels drets i els privilegis del sistema senyorial: el feudalisme. Estem davant d’un quadre força complex amb una naturalesa social i econòmica. Els senyors veien com els seus guanys eren inferiors a l’increment que van experimentar els cultivadors directes. La capa intermèdia dels arrendataris també tenia uns guanys considerables nodrits, a més, amb l’acumulació prèvia.

La duresa de les càrregues del feudalisme queia sobre la pagesia més modesta, fet que va agreujar les seves condicions, ja dures, i determinades per la competència entorn de la terra per l’època de forta pressió demogràfica. A la base de la població, una massa potent de mà d’obra lliure, de purs proletaris, oferia la seva força de treball a l’empresa industrial naixent o a l’agricultura intensiva i especulativa. A la punta de la piràmide, l’ingrés senyorial pur, tot i el seu salt endavant, retenia una part important del producte regional, però en deixava una part important en mans dels arrendataris i adjudicataris.

Drenada dels pagesos i menestrals més rics, aquesta acumulació de natura no capitalista donarà els seus primers mitjans a l’incipient capitalisme, mentre que a poc a poc, i sota les formes més diverses (censos emfitèutics, parceries, etc.), la renda senyorial que produïa l’agricultura cedia el lloc a la deducció econòmica. Estem davant de l’inici del benefici i la renda del sòl.

L’essència mateixa del sistema era la seva diversitat i capacitat d’adaptabilitat. El pas del temps i els processos d’inflació dels segles XVI i XVII havien fet que els censos fixos perdessin importància i que en guanyessin els pagaments proporcionals a la producció que acabaran representant la part fonamental de la renda senyorial juntament amb els monopolis que s’acostumaven a arrendar a tercers. Les prestacions de treball havien tendit a commutar-se per un pagament de diners.

En l’evolució de la renda senyorial podem observar una forta represa a les darreres dècades del segle XVIII. Això s’explica per l’estímul que l’alça dels preus agrícoles havia produït sobre els senyors, potenciant els arrendaments dels drets. Un negoci del que participarà activament la burgesia. L’alça de la renda feudal tindria uns efectes importants sobre els camperols que la patien. Aquest increment de la renda obeïa a l’extensió dels cultius a terres marginals, mantenint les mateixes taxes de detracció del producte, fet que va agreujar l’explotació camperola.

Liberalisme i nacionalisme a l’època de les revolucions (1815-1870)

divendres, 8/10/2010

Malgrat l’aparent retorn a l’Antic Règim que van suposar la Restauració i la implantació del sistema Metternich, una bona part de les idees que havia generat la Revolució francesa i que s’havien expandit per Europa a través dels exèrcits napoleònics havien penetrat de forma profunda a molts països europeus.

Molts dels ciutadans dels Estats sotmesos a l’Antic Règim restaurat se sentien identificats amb el liberalisme polític (llibertat, igualtat i propietat) i amb el dret dels pobles a constituir nacions independents. D’aquesta manera, el Congrés de Viena, que no va respectar ni els principis del liberalisme ni les aspiracions nacionals d’alguns països europeus, va donar un nou impuls a aquestes idees com a eixos de l’oposició al sistema restauracionista.

El liberalisme polític, doctrina política hereva i continuadora de la Il·lustració i de la Revolució francesa, fonamentava la societat en l’individu. L’Estat havia de garantir els drets dels ciutadans, és a dir, les llibertats fonamentals dels individus: llibertat de consciència, de culte, d’expressió, de reunió, etc.

Aquest individu era un ciutadà, no el súbdit de l’absolutisme de l’Antic Règim, i el conjunt de ciutadans constituirien la nació, detentora de la sobirania. Així doncs, el liberalisme propugnava un sistema representatiu (parlamentari) en el qual les decisions emanarien d’una assemblea escollida per sufragi, tot i que en principi es limitaria el dret de vots als ciutadans que disposessin d’uns recursos econòmics suficients (sufragi censatari).

La voluntat de la nació s’expressaria mitjançant l’elaboració de lleis per part del Parlament, i la Constitució seria la Gran Llei, el marc a través del qual regular les relacions dels ciutadans. L’altre gran eix del liberalisme polític seria la divisió de poders (executiu, legislatiu i judicial) per evitar el despotisme i la concentració de poder de l’absolutisme.

La llibertat individual s’estendria també a l’àmbit econòmic i social. El dret de propietat seria, en aquest àmbit, una de les llibertats fonamentals a perseguir. Tanmateix, l’Estat ideal del liberalisme havia de reduir al mínim les intervencions econòmiques i permetre que la iniciativa privada s’expandís i es consolidés. En definitiva, el liberalisme defensava l’autonomia de la societat civil tot afirmant la seva total confiança en l’economia de mercat.

Eugène Delacroix-La liberté guidant le peuple.jpg

El nacionalisme, el dret dels pobles a disposar d’ells mateixos i de defensar la seva independència i sobirania, va anar estretament lligat al liberalisme en els inicis del segle XIX. Ara bé, la idea de nació podia definir-se de diferents maneres segons les tendències polítiques i la pròpia nacionalitat.

Així, l’anomenat model francès definia la nació com un contracte entre ciutadans lliures i iguals que aplegava tots els que volien viure en comú defensant els valors de la llibertat i la igualtat. Per contra, el model alemany va establir una definició de tipus cultural que fonamentava la nació en la llengua, la raça o la història. En qualsevol cas, tots dos aspectes es barrejarien en la primera meitat del segle XIX en defensa d’una Europa de les nacions lliures davant de l’Europa de la Santa Aliança i els monarques absoluts.

Ja a l’Antic Règim els Estats no es corresponien amb el que es consideren les nacionalitats històriques. En aquest període imperava el concepte que els regnes eren un patrimoni únic del sobirà per sobre de les diferències nacional que la corona inclogués. El fet que les fronteres resultants del Congrés de Viena tampoc coincidissin amb les nacionalitats va suscitar dos tipus de reaccions que marcarien el segle XIX europeu: l’existència de nacions dividides en diversos Estats i que aspiren a la unificació (Alemanya, Itàlia) i la presència de nacions que depenien d’altres Estats i que aspiraran a la seva independència nacional (Bèlgica, Polònia, Grècia, Hongria, etc.).

El nacionalisme en la segona meitat del segle XIX, més que com ideologia, es configuraria com un sentiment: la consciència de pertinència a una mateixa comunitat formada per un conjunt d’elements territorials, lingüístics, culturals i ètnics que actuarien de nexe entre les persones. Es buscaria la seva existència, recreació i justificació en la història remota de cada població, exaltada per la propagació de l’ideal romàntic. En el seu origen, però, el nacionalisme es basava en l’ideal burgès de la nació sobirana configurada per la unió dels ciutadans amb uns drets i deures.

Els factors principals que van contribuir al desenvolupament del nacionalisme van ser:

1. L’extensió dels ideals de la Revolució francesa, amb la idea de que la nació (unió de ciutadans) és sobirana, no sotmesa a cap autoritat superior, i per tant la proclamació dels pobles a disposar d’ells mateixos. D’altra banda, els canvis introduïts per la dominació napoleònica van afavorir un procés d’unificació administrativa de territoris molt dividits (Alemanya i Itàlia) i van provocar l’aparició d’un sentiment patriòtic de resistència enfront de l’invasor.

2. El moviment cultural del Romanticisme, en rehabilitar i idealitzar el passat, va estimular els pobles a descobrir els seus particularismes (o a crear-los) i a exaltar la seva especificitat davant altres entitats nacionals.

3. La Revolució Industrial i el liberalisme econòmic van veure un inconvenient per a l’articulació dels nous mercats en l’existència de fronteres i divisions nacionals internes per a realitzar l’intercanvi dels excedents agraris i de la producció industrial. Fet especialment acusat a Itàlia i Alemanya.

4. La democratització de la cultura i la difusió de l’esperit democràtic que afectaria al llarg del vuit-cents a la classe burgesa, tant industrial com rural, que fins a cert punt va identificar la sobirania dels pobles amb el seu dret a formar una nació lliure de la dependència política d’un altre Estat. Per això, en parlar dels Estats europeus en el tombant de segle podrem parlar d’Estats burgesos i nacionals.

Davant la renúncia de les monarquies absolutes a acceptar els canvis que el liberalisme econòmic estava introduint en la població dels seus regnes, van aparèixer societats secretes que englobarien grups liberals i republicans clandestins com els carbonaris a França o Itàlia. Sota una organització ramificada i una jerarquització absoluta, aquestes societats conspirarien per obtenir els seus objectius a través de la revolució, seguint l’ideal francès de 1789. A altres països, com Espanya, el paper d’aquestes societats seria reduït (tot i que podem trobar el seu paral·lelisme en la maçoneria). El sistema d’imposar-se seria el del pronunciament militar per aconseguir un canvi de règim.

París, 14 de juliol de 1789: esclata la Revolució

dilluns, 27/09/2010

El 5 de maig de 1789 va celebrar-se l’obertura oficial dels Estats Generals al pavelló des Menus Plaisirs, al recinte enjardinat de Versalles. La sessió va ser presidida pels reis, i el propi monarca va ser l’encarregat d’iniciar els parlaments amb un breu discurs que, davant el desencís dels assistents, no va al·ludir en cap moment a les esperades reformes fiscals. Una reacció similar es produiria quan Necker, novament ministre, va prendre la paraula; les reformes que va anunciar no van deixar content ningú dels presents.

estats-generals.jpg

Tot i això, la calma va predominar a la cambra fins que va arribar el moment en el qual els diputats del Tercer Estat van sol·licitar dur a terme les deliberacions –i la conseqüent votació– conjuntament, és a dir, deixant de banda els estaments tradicionals. Contra la suma dels vots dels dos ordres privilegiats –Església i aristocràcia–, l’única possibilitat del Tercer Estat per aconseguir reformar l’ordre era per prevaler el seu nombre de diputats.

Durant el mes de maig i els primers dies de juny la burgesia va demanar inútilment la unitat de la cambra, mentre el rei i la noblesa consideraven gairebé un sacrilegi la discussió dels assumptes d’Estat en una única cambra. Així, la burgesia només va aconseguir que un escàs nombre dels membres del clergat s’unissin a la seva causa. Finalment, esgotada la seva paciència, el 17 de juny els representants del Tercer Estat van convertir-se en Assemblea Nacional amb l’objectiu de legislar en matèria financera. El desafiament a l’autoritat reial i l’ordre establert abocava França a la Revolució.

La reacció del monarca no va fer-se esperar. Pressionat pels privilegiats va fer clausurar la sala des Menus Plaisirs. Els parlamentaris del Tercer Estat van optar per reunir-se en el pavelló del Jeu de Pomme (Joc de Pilota), on van comprometre’s a no dissoldre l’Assemblea sense haver dotar d’una Constitució al poble francès. Després del cèlebre jurament –immortalitzat pel pintor Jacques Louis David–, els assemblearis van continuar la sessió.

Serment_du_jeu_de_paume.jpg

Lluís XVI va decidir avançar-se a les conclusions a les que poguessin arribar-se en el Jeu de Pomme i va anunciar una sèrie de tímides reformes mentre insistia en prohibir la reunió conjunta dels tres ordres. Tot i això, aquestes reformes resultaven insuficients pel Tercer Estat. Davant la fermesa dels representants de la burgesia, el monarca no va tenir més remei que capitular. D’aquesta manera, quan el 9 de juliol l’Assemblea Nacional va esdevenir Constituent, Lluís XVI va contemplar, impotent, la fi de la monarquia absoluta.

Paral·lelament al treball dels diputats constituents, la intranquil·litat anava creixent en els carrers de París. Les agitacions abraçarien un període comprés des de desembre de 1788 fins a la tardor de 1789, per no dir que es mantindrien durant els següents anys. La política començava a transcendir el marc de l’Assemblea, convertint-se en “cosa de tots”, tot i que cada grup social va entendre aquest fenomen d’una manera diferent.

Els primers símptomes de la revolta van tenir els clàssics caràcters d’una crisi de subsistències davant l’escassetat de productes i l’increment dels preus dels aliments de primera necessitat. El poble sempre creia que el reialme era fèrtil i que les crisis eren degudes a una conspiració aristocràtica de la qual era la víctima. Abans de juliol es produïren saqueigs de graners, atacs a funcionaris fiscals, motins als forns de pa, destrucció dels burots de cobrament d’impostos de consums i uns greus disturbis per la baixada dels salaris (26 i 27 d’abril al Faubourg Saint-Antoine) que són considerats com el primer esclat popular de la Revolució.

Aquesta inquietud social va arribar a tals extrems que el rei, cedint davant les pressions del seu entorn, va concentrar a la capital un elevat contingent de tropes amb l’objectiu de salvaguardar els accessos a Versalles i defensar els magatzems militars; a més, es destituïa Necker i d’altres ministres liberals. Aquestes mesures, però, només servirien per a agreujar la crisi, tot i que la Revolució era imprevisible. Els rumors i les falses notícies van anar escampant-se per la ciutat. A les clàssiques reivindicacions de pa barat i abundant es sumaven noves acusacions: es deia que els aristòcrates acaparaven els subministraments, enverinaven l’aigua i pagaven a criminals i assassins. Tot això amb l’objectiu de deixar morir de fam el poble.

Com a resposta, entre el 12 i el 13 de juliol el pillatge s’havia estès per la ciutat. París es convertia en el motor de la Revolució. Era una resposta en part espontània i en part provocada per la intervenció d’activistes del Tercer Estat i per la pròpia actitud reial i de l’anomenat “partit de la Cort”. El dia 12 els activistes del Tercer Estat van convertir els jardins del Palais Royal en un espai públic de llibertat on alliçonar les masses.

El dia 13 una multitud exacerbada per allò que Georges Lefebvre va denominar “por i esperança” –por a la fam i als aristòcrates i esperança en la regeneració política de França– va dirigir-se a la Maison Saint-Lazare, on es trobaven els presos culpables de delictes econòmics, va assaltar la presó i va excarcerar els seus interns. La mobilització popular iniciada a París, i després estesa a les províncies, obria el camí d’una Revolució inesperada i insòlita. Les masses feien la seva “irrupció” en la història.

Amb la finalitat de controlar les masses, des de la naixent Comuna de París instal·lada a l’Hotel de Ville –el nou Ajuntament que substituïa, de fet, l’antiga municipalitat– el Tercer Estat va decidir crear una milícia popular urbana per fer-se amb el control de la situació. S’havien construït barricades i es donaven enfrontaments entre el poble i els regiments reials que van ser guanyats pel poble insurrecte davant d’uns soldats que es negaven a obeir les ordres. Només hi havia un problema per a la milícia: faltava l’armament.

Per a solucionar-ho, el 14 de juliol, a primera hora del matí, uns milers de persones, concentrats en diversos punts de la ciutat, van assaltar diversos arsenals, entre ells el de l’Hospital Militar dels Invàlids, i van incautar-se 32.000 fusells i una vintena de canons.

presa-de-la-bastilla.jpg

De tornada cap a l’Hotel de Ville, al passar per la Bastilla, la presó va semblar als manifestants el símbol de l’autoritat reial. Gairebé un miler de persones va assaltar la fortalesa espontàniament. De Launay, el governador del centre, va intentar contenir els assaltants amb l’ajuda de la guàrdia. Així, van sonar primer els dispars i després les canonades que van produir 98 morts i 73 ferits. Després de quatre hores de combat la fortalesa va rendir-se cap a les cinc de la tarda a condició de salvar la vida. Va ser inútil. Els caps de De Launay i d’alguns dels oficials de la guàrdia van ser passejats en pals i exposats a l’Ajuntament. Els únics set presoners (dos d’ells bojos) van ser alliberats. La Bastilla havia estat presa, i el que podia haver estat un fet més en el curs del moviment revolucionari encetat dos mesos abans esdevenia, davant dels seus contemporanis i dels ulls de la història com el símbol de la victòria del poble sobre els tirans.

Les masses havien envaït l’espai públic i van esdevenir el motor de la Revolució. Encara, però, no reivindicaven un món millor, sinó que seguien demanant els clàssics “pa i responsabilitats per les crisis de subsistències”. Aviat arribaria un projecte polític propi que evolucionaria cap al somni de l’articulació d’una nova societat. L’important era que la irrupció de la multitud el juliol de 1789 venia produïda pel pànic i no per l’acció directa de les elits revolucionàries del Tercer Estat, però les conseqüències d’aquestes jornades serien veritablement revolucionàries.

bastille.jpg

Aquella nit, a Versalles, Lluís XVI escrivia al seu diari: “Dimarts, 14 de juliol: Res”. Si bé pel monarca la manca d’èxit en l’exercici diari de caça havia marcat la jornada, en realitat aquella data ho era tot. Qualsevol Revolució necessita, per a triomfar, una simbologia que esdevingui capaç de transmetre la sensació que les classes subalternes poden fer-se amb el poder. El mateix dia que queia la Bastilla, el món sencer va adquirir una nova icona, un nou símbol: un grup d’esparracats podia fer trontollar una monarquia absoluta com l’encarnada pels reis francesos. Darrere de l’esplendor de Versalles es deixava entreveure un decorat que podia caure davant de l’empenta col·lectiva de la societat. En aquest moment estava naixent un mite que senyalaria un camí que ompliria de dates revolucionàries els segles XIX i XX.

De la crisi de l’Antic Règim als Estats Generals

dilluns, 27/09/2010

Durant el segle XVIII, en els Estats europeus va començar a posar-se de manifest l’existència d’un desfasament entre les estructures polítiques i socials i les estructures econòmiques. D’una banda, els governs restaven en mans de monarquies absolutes de dret diví recolzades en l’aristocràcia i el clergat, resistents a qualsevol reforma que contradigués els seus privilegis feudals. D’altra banda, la noblesa estava perdent força enfront d’una puixant burgesia desitjosa de que el seu poder polític es correspongués amb el seu poder econòmic.

Lluís XVI.jpgAquesta contradicció determinaria el fracàs del reformisme emprés per monarques com Lluís XVI de França. El seu objectiu del monarca seria reforçar el seu poder absolut racionalitzant les despeses i els ingressos de l’Estat mitjançant la modificació del sistema econòmic de l’Antic Règim. Els seus intents reformistes serien boicotejats des dels estaments privilegiats i, inconscient de que és impossible la introducció d’uns canvis modernitzadors conservant el vell model social, acabaria abocant el país cap a la Revolució amb l’ajuda dels propis notables amotinats contra el monarca.

El 1789, França comptava amb 29 milions d’habitants, bons recursos naturals i una certa hegemonia política a Europa, reforçada per la victòria assolida a Amèrica en recolzar les colònies insurgents que configurarien els Estats Units contra Anglaterra. En canvi, la victòria en aquella guerra va originar un gravíssim problema financer, carrega que suportarien els estaments no privilegiats, és a dir, la burgesia, el petit poble i el camperolat. A aquest fet s’unirien una sèrie de males collites que desembocarien en un creixement desenfrenat dels preus que agitaria el fantasma de la fam. Aquesta explosiva conjuntura acabaria desembocant en l’esclat revolucionari.

Per aquest motiu, la crisi generalitzada de l’Antic Règim que es vivia a tota l’Europa occidental va concretar-se dràsticament a França. Les teories il·lustrades havien creat un escenari idoni perquè la burgesia s’oposés a les reformes econòmiques i socials que pretenien acabar amb la crisi sempre que fossin solucions que mantenien els seus privilegis a l’aristocràcia i al clergat. L’Estat francès estava fortament endeutat com a conseqüència de la seva política hegemònica a Europa i des de la corona no es trobaven solucions per a evitar la bancarrota.

Ja en temps de Lluís XV s’havien començat a escoltar les primeres veus demanant un sistema impositiu més just i uniforme, però qualsevol intent reformista toparia sistemàticament amb l’oposició de la noblesa i no passaria de la condició de projecte. La monarquia de Lluís XVI era una màquina complexa, mal adaptada a les grans transformacions demogràfiques, econòmiques, socials i culturals que vivia el país i l’aparell de l’Estat estava envaït per una burocràcia parasitària. Només quan el rei Lluís XVI va nomenar, el 1783, ministre d’hisenda a Charles Calonne (desprès dels intents reformistes fallits de l’enciclopedista Turgot i el liberal Necker) va semblar possible iniciar una sèrie de reformes en el sistema.

calonne.jpgDesprés d’estudiar la situació de les arques públiques, Calonne va proposar la instauració d’un codi tributari uniforme per la tinença de terres. Si bé el projecte va comptar amb el recolzament del monarca, a la vegada va topar amb la ferma oposició de l’Assemblea de Notables, un òrgan consultiu del que només formaven part els estaments privilegiats del regne. L’Assemblea va resistir-se a les reformes fiscals sota l’argumentació que només els Estats Generals podien aprovar una reforma de tals característiques i importància. És el que es coneix com la revolta dels notables. En realitat, en el si dels Estats Generals l’aliança en el vot entre els estaments privilegiats –noblesa, clergat i Tercer Estat votaven no per representants sinó per estaments– deixava sense possibilitats el Tercer Estat per a imposar el seus criteris.

Amb la seva sol·licitud de convocatòria dels Estats Generals el que realment buscaven els notables era diluir la seva responsabilitat en la negativa a les reformes i posar en entredit la força de Lluís XVI davant els seus privilegis. Paral·lelament, l’Assemblea de Notables va exigir al rei la destitució de Calonne, que va ser substituït per Étienne-Charles de Loménie de Brienne, arquebisbe de Tolosa i líder de l’oposició al que havia estat el seu antecessor com a ministre d’hisenda.

Necker,_Jacques_-_Duplessis.jpgTot i això, davant la delicada situació econòmica de l’Estat, Brienne també va intentar la seva pròpia reforma, inspirada en part en el projecte anterior però amb una sèrie de canvis que havien de suposar la desaparició de la resistència per part dels estaments privilegiats. De res no va servir arreglar la reforma a mida dels privilegiats i aquests van tornar a oposar-se a qualsevol reforma fiscal que atemptes contra els seus drets. A més, la insistència de Brienne en la necessitat de les reformes va donar lloc a la resistència dels grups més poderosos i a la retirada de qualsevol préstec a curt termini, aquells que fins aleshores havien permès a la corona mantenir, almenys en aparença, les finances de l’Estat.

L’agost de 1788, Brienne va veure’s obligat a dimitir del seu càrrec i va ser substituït per Jacques Necker, antic ministre de finances i de conegut caràcter reformista. Davant la paralització econòmica, Lluís XVI va convocar els Estats Generals pel mes de maig de 1789. Era la millor prova de la gravetat de la situació econòmica, ja que des de 1614, en temps de Lluís XIII, no es convocava l’assemblea.

Les eleccions dels representants escollits als Estats Generals van portar-se a termes segons els paràmetres tradicionals del l’Antic Règim, és a dir, segons els estaments feudals. En canvi, davant la pressió popular, Lluís XVI i els seus ministres van accedir a doblar el nombre de representants del Tercer Estat, si bé només podien votar com a estament.

D’altra banda, d’acord amb la tradició, qualsevol ciutadà, de qualsevol condició social, podia dirigir-se a l’Assemblea exposant les seves queixes o peticions per escrit. Són els coneguts com a “memorials de greuges”, que en aquesta ocasió van arribar a la quantitat de 50.000 quaderns. Majoritàriament, aquests testimoniarien la fidelitat de la població francesa a la seva monarquia, però coincidien en la proliferació de les demandes d’abolició dels privilegis senyorials, eclesiàstics i municipals, la igualtat davant la llei i l’aprovació d’un règim que garantís les llibertats individuals.

Cahiers_Doleances.jpg

Per exemple, recollim un extracte del memorial de greuges de Valençay:

Els habitants que formen el Tercer Estat d’aquesta ciutat i parròquia de Valeçay, a Berry, supliquen molt humilment a Sa Majestat […].

Que caldria suprimir la talla, la capitació i els dos vintens. Per substituir aquests impostos, el govern establiria un dret [impost] únic que cada província lliurement podria repartir i percebre i que els eclesiàstics i els nobles, que hi estarien subjectes, també haurien de satisfer, igual que el Tercer Estat […].

Que per pagar els deutes de l’Estat no hi hauria una altra sortida que apropiar-se [nacionalitzar] de tots els béns dels frares i dels monjos que actualment són inútils per al servei diví […].

Els diputats electes van començar a arribar a Versalles des de tots els municipis de França en els darrers dies de l’abril de 1789. Pocs dies abans, arrel del nou encariment del preu del blat, s’havien produït una sèrie d’avalots i desordres públics en el barri de Saint-Antoine. Però el 5 de maig, en iniciar-se la reunió dels Estats Generals, l’ordre semblava regnar a París. Restava poc més d’un mes pel 14 de juliol.

estats-generals-versalles.jpg

estats-generals.jpg