Un nou moviment de bullanga, l’agost de 1835, va adreçar-se contra les autoritats militars ja que el general Bassa acudia en una actitud provocadora a castigar els barcelonins després de les primeres bullangues i emparant-se en el context de la Primera Guerra Carlina. Bassa va ser assassinat per un grup d’assaltants i llançat daltabaix del balcó sense que la milícia ni la tropa fessin res per evitar-lo. El cadàver va ser arrossegat i cremat posteriorment a costat de la destrucció de l’estàtua de Ferran VII i la crema de les casetes dels burots i de la fàbrica Bonaplata.
La crema del vapor Bonaplata va ser un acte de ludisme, un atac a la industrialització i mecanització, en un període en que la persistència de la guerra carlina creava dificultats de treball i ocupació. Aquest fet revelava que els burgesos no podien controlar les masses populars amb la facilitat que havien cregut quan van estimular la seva agitació o l’havien tolerada mentre les seves accions respectaven la seva propietat. La crema del Vapor faria néixer el temor a les masses descontrolades, apartaria els més tebis de l’acció revolucionària i donaria lloc a que l’autoritat actués sense contemplacions.
D’aquesta manera es relataven els fets que van culminar amb l’incendi de la fàbrica Bonaplata al diari liberal barceloní El Vapor de 10 d’agost de 1835:
La fuerza impotente de la facción carlista del Norte; los repetidos descalabros que nuestro valiente ejército sufrió en Navarra; el aumento escandaloso de la facción de Cataluña, y su insolente audacia; los asesinatos de los urbanos de Manresa, Camarasa, Reus y otras poblaciones; los continuos robos que diariamente estaban haciendo los facciosos a los ciudadanos más pacíficos y honrados, deteniéndolos en los caminos públicos o sacándolos de su casa para exigirles por su libertad cantidades que no podían pagar ni aun desposeyéndose de cuanto tenían; las quemas de las diligencias y de los coches que conducen la correspondencia pública; la obstrucción, por estos medios, del comercio exterior y consecuente paralización de la industria […] hechos eran que hacían penetrar en los espíritus de todas las personas interesadas en el nuevo orden de cosas aquella inquietud que precede ordinariamente las grandes crisis […].
Autorizado con este decreto venía el general Bassa a castigar de un modo ejemplar a los que hubiesen tomado parte en los acontecimientos de la noche del 25 al 26 de julio: la resistencia del Pueblo produjo la muerte del general gobernador.
En ambos días las propiedades de los particulares habían sido respetadas, y en medio del desorden reinaba cierto orden que honraba al pueblo barcelonés; pero por una de aquellas desgracias, inevitables en una población de 150.000 habitantes, un enemigo de las prosperidad pública logró sin duda seducir a algunos sugiriéndoles la idea de que la fábrica de vapor de Bonaplata, Vilaregut, Rull y compañía, perjudicaba al pobre jornalero, porque causaba la disminución en el precio de su jornal.
Con este engaño los seducidos, en vez de acudir a la Junta de Autoridades pidiendo leyes que mejorasen la suerte de las clases inferiores; que diesen una instrucción proporcionada a sus hijos para que con el tiempo pudiesen ser unos ciudadanos útiles, que disminuyesen los enormes derechos que pesan sobre la clase más pobre y más numerosa; que reformasen la ley de elecciones, para que los Procuradores pudiesen ser verdaderos representantes de la Nación española; que la elección de alcaldes y regidores, como que es un gobierno de familia, pudiese recaer en cualquier ciudadano que mereciese la confianza del pueblo sin necesidad de la autorización del Gobierno; que la policía dependiese exclusivamente del alcalde del pueblo, como autoridad central del Gobierno civil de la Provincia, a fin que la policía no pudiese ser convertida en un medio de opresión del hombre de bien, libertando al pueblo de las engorrosas y dispendiosas trabas con que hasta ahora se le ha mortificado: leyes que autorizasen a los individuos de una compañía de la Milicia ciudadana, protectora especial de los derechos del Pueblo, a nombrar sus oficiales y los capitanes de batallón, la plana mayor; que toda la Milicia de España estuviese organizada por batallones […]; que concediesen libertad de imprenta […], leyes en fin que declarasen nacionales los bienes del clero […].
En vez, repetimos, de ocuparse el Pueblo en pedir estas leyes que podían hacer su felicidad y establecer sólidamente un verdadero gobierno representativo, se detuvo en destruir los elementos de la riqueza nacional quemando la fábrica de Bonaplata y compañía. Con ello, los que lo hicieron, acreditaron las voces de que Barcelona estaba llena de anarquistas que sólo aspiraban a enriquecerse con el robo de la propiedad de los ciudadanos pacíficos […]. Dieron con su ejemplo motivo a otros desórdenes y son responsables de los castigos que algunos desgraciados sufran: desmintieron a los que habían prometido que el pueblo no cometería ningún exceso de este género: privaron al Pueblo inocente y desgraciado de sus mejores defensores que de ordinario son filósofos, que al paso que intentan hacer restituir al pueblo los derechos que le competen, son enemigos del robo y del asesinato: finalmente, fueron ingratos con los jefes de aquella fábrica que en aquel mismo día los habían conducido al combate.
Y cuando todas las naciones de Europa recompensan con munificencia a los inventores de un descubrimiento que acelere los motores de las máquinas de vapor para dar mayor vigor a la industria; cuando por medio de caminos de hierro se conducen por el vapor con extraordinaria rapidez, facilidad y baratura de las primeras materias, los géneros de consumo y los artefactos; cuando por el vapor llegamos con velocidad y tiempo determinado a las regiones más distantes; cuando sin el vapor seremos siempre y necesariamente tributarios de la industria extranjera porque nunca podremos rivalizar ni competir con ella; cuando por carecer España de aguas no pueden abrirse canales; y sin el vapor no puede haber caminos de hierro que nos transporten los granos de que abundan otras provincias para comer el pan barato […] ¿no es un enemigo del Pueblo el que induce a quemar las máquinas de vapor? ¿Podremos nunca sin el vapor fabricar las muselinas, holandas y otras manufacturas que tenemos ahora que comprar al extranjero, y en qué se emplearían los brazos del jornalero español? […].
Pero el mal está hecho: de lo que debe tratarse ahora es de repararlo. La política y la justicia lo exigen. Lo primero, para que se vea que cuando en un trastorno político se causa un mal, se repara; lo segundo, porque si no nos engañamos: y en efecto los gobernantes, siguiendo un sistema erróneo, dieron lugar al estallido popular de resultas del cual se quemó la fábrica, es justo y muy justo que la Nación indemnice a los propietarios de los perjuicios sufridos, toda vez que por carecer de una ley de responsabilidad no pueden los propietarios reclamar la responsabilidad de los agentes del poder.
Si nuestro dictamen debiese prevalecer, la Junta de Autoridades autorizaría a la de Comercio para que abriese una suscripción voluntaria y recaudase las sumas que entregasen para la indemnización: la Junta de Autoridades pediría la Reina Gobernadora el terreno de uno de los conventos derruidos de esta ciudad para que vendiéndolo se aplicase su producto a la indemnización entregando lo restante, si lo hubiese, al Ayuntamiento para el equipo de los que se alistasen ahora a la Milicia Urbana y no tuviesen facultades para costearse el uniforme.

Con este engaño los seducidos, en vez de acudir a la Junta de Autoridades pidiendo leyes que mejorasen la suerte de las clases inferiores; que diesen una instrucción proporcionada a sus hijos para que con el tiempo pudiesen ser unos ciudadanos útiles, que disminuyesen los enormes derechos que pesan sobre la clase más pobre y más numerosa; que reformasen la ley de elecciones, para que los Procuradores pudiesen ser verdaderos representantes de la Nación española; que la elección de alcaldes y regidores, como que es un gobierno de familia, pudiese recaer en cualquier ciudadano que mereciese la confianza del pueblo sin necesidad de la autorización del Gobierno; que la policía dependiese exclusivamente del alcalde del pueblo, como autoridad central del Gobierno civil de la Provincia, a fin que la policía no pudiese ser convertida en un medio de opresión del hombre de bien, libertando al pueblo de las engorrosas y dispendiosas trabas con que hasta ahora se le ha mortificado: leyes que autorizasen a los individuos de una compañía de la Milicia ciudadana, protectora especial de los derechos del Pueblo, a nombrar sus oficiales y los capitanes de batallón, la plana mayor; que toda la Milicia de España estuviese organizada por batallones […]; que concediesen libertad de imprenta […], leyes en fin que declarasen nacionales los bienes del clero […].
Y cuando todas las naciones de Europa recompensan con munificencia a los inventores de un descubrimiento que acelere los motores de las máquinas de vapor para dar mayor vigor a la industria; cuando por medio de caminos de hierro se conducen por el vapor con extraordinaria rapidez, facilidad y baratura de las primeras materias, los géneros de consumo y los artefactos; cuando por el vapor llegamos con velocidad y tiempo determinado a las regiones más distantes; cuando sin el vapor seremos siempre y necesariamente tributarios de la industria extranjera porque nunca podremos rivalizar ni competir con ella; cuando por carecer España de aguas no pueden abrirse canales; y sin el vapor no puede haber caminos de hierro que nos transporten los granos de que abundan otras provincias para comer el pan barato […] ¿no es un enemigo del Pueblo el que induce a quemar las máquinas de vapor? ¿Podremos nunca sin el vapor fabricar las muselinas, holandas y otras manufacturas que tenemos ahora que comprar al extranjero, y en qué se emplearían los brazos del jornalero español? […].


El ludisme era la primera expressió de rebel·lia obrera contra la introducció d’unes màquines a les quals s’atribuïa la responsabilitat de la pèrdua de llocs de treball i de la minva dels jornals. Així, el 1821, els treballadors de la indústria artesana de les localitats de la rodalia d’Alcoi van assaltar la ciutat i van cremar els tallers mecànics. L’incident ludista més rellevant, però, va ser l’incendi, l’agost de 1835, de la fàbrica Bonaplata a la ciutat de Barcelona, el primer vapor que havia funcionat a Espanya.
La nova indústria va comportar la introducció d’una organització del treball caracteritzada per la utilització de mà d’obra assalariada, tot trencant amb el vell sistema gremial de l’Antic Règim. Així, la indústria tèxtil cotonera catalana va passar de donar feina a 10.000 persones el 1760 a donar-ne a 100.000 en la primera meitat del segle XIX. Aquest nou proletariat, format per antics artesans i jornalers urbans així com per pagesos i artesans de les rodalies, va anar concentrant-se als nuclis urbans, fet que va permetre que la ciutat de Barcelona comptés, el 1856, amb 54.272 obrers industrials. Tanmateix, Espanya era un país fonamentalment rural on la indústria era minoritària i només el 32% de la població vivia en ciutats de més de 10.000 habitants.
A les noves fàbriques que estaven apareixent es treballava fins el límit de l’esgotament físic en una jornada laboral, que no estava regulada, de 12 a 14 hores diàries durant sis dies a la setmana en unes condicions terribles amb sorolls i fums asfixiants. A més, es cobrava per dia treballat o per feina a preu fet i si no es treballava per malaltia, per no tenir treball o per ser un dia festiu, no es cobrava, fet que va convertir la vida dels obrers en un seguit de feina per aconseguir uns salaris que només permetien l’estricta subsistència.



La Constitució de 1845 va ser derogada a favor de la Constitució progressista de 1837 i van convocar-se unes eleccions que, en presentar un cens electoral més ample, va permetre una majoria progressista i l’entrada al parlament, per primera vegada, d’alguns diputats demòcrates. El nou govern va restaurar els principis del progressisme, va reimplantar la Milícia Nacional, la llei municipal que permetia l’elecció directa dels alcaldes i va elaborar una nova Constitució (1856) que introduïa importants novetats, però no arribaria a ser promulgada.
A Catalunya, la situació de crisi econòmica (increment dels preus, males collites, etc.) combinada amb una epidèmia de febre groga va produir l’esclat de vagues obreres a Barcelona l’any 1855. El capítol essencial d’aquest conflicte el trobem en l’actuació del moviment obrer durant el conflicte de les selfactines durant el qual van incendiar-se fàbriques de filar i van produir-se vagues ludistes contra la introducció de les màquines. Els treballadors demanaven la reducció dels impostos de consums, l’abolició de les quintes, l’increment dels salaris i la reducció de la jornada laboral. Els problemes van agreujar-se amb l’arribada del còlera i la reaparició de les partides carlines. En conseqüència, Catalunya va tornar a trobar-se sota l’estat d’excepció i des de l’estiu de 1855 es prohibirien les associacions obreres. La resposta treballadora va ser la vaga general de juliol, un dels episodis més notables del moviment obrer català com a mostra de l’elevat grau d’organització i de consciència de classe assolit. El moviment va ser durament reprimit per Zapatero.

Així, l’agudització de la crisi econòmica va comportar un increment de la delinqüència. Això explica que la Guerra dels Matiners arrelés amb força a Catalunya i que, malgrat els esforços de l’exèrcit, la lluita es perllongués durant més de tres anys. La guerrilla no hagués pogut subsistir sense una certa complicitat de la població, i és que, a més del tradicional aixecament camperol, s’hi va unir la revolta dels sectors urbans a causa del malestar creat per la crisi econòmica.








Vicente Moreno Cullell (Barcelona, 1981) és llicenciat en Història per la Universitat Autònoma de Barcelona. Professor d’educació secundària, és membre del Centre d’Estudis sobre les Èpoques Franquista i Democràtica (CEFID-UAB).





