Els pronunciaments

Com a conseqüència de la política absolutista de Ferran VII i de la crisi econòmica que va afectar Espanya en la postguerra, l’oposició liberal es va anar enfortint. Així, a les ciutats van créixer les societats secretes i maçòniques, i, a més, la integració dels caps de la guerrilla a l’exèrcit va originar un sector liberal, partidari de reformes, que protagonitzaria un gran nombre de pronunciamientos militars, mètode que en el futur jugaria un paper fonamental a l’hora de forçar canvis de governs a Espanya.

D’aquesta manera, bona part de l’agitació arribava principalment des de les files d’un exèrcit que es trobava equipat de forma deficitària, era pagat de forma irregular i patia de macrocefàlia. La Guerra de la Independència havia suposat l’inici d’un procés que va fomentar la intervenció dels militars a la vida política, convertint-los en un factor dominant de la vida pública. Els pronunciaments liberals proclamaven la Constitució de 1812 pels hereus de la guerrilla influïts per una forta càrrega utòpica insurreccional que associava la Constitució de Cadis amb la llibertat.

Manifest de la Junta Provincial de Galícia, presidida pel mariscal de camp Juan Díaz Porlier, dirigit a la Nació espanyola (21 de setembre de 1815)

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Juan Díaz Porlier

Obligados por la necesidad, viendo que la verdad no puede llegar a oídos del Rey, sitiado a toda costa por sus consejeros, a menos que ésta se le presente de una manera a propósito para hacerla respetar, hemos tomado la resolución terrible, pero indispensable, de reclamar con las armas en la mano lo que se ha negado a nuestras solicitudes.

Nuestro objeto es el de España entera: una monarquía sometida a leyes justas y sabias, y constituida de una manera que sea una garantía, lo mismo de las prerrogativas del trono que de los derechos de la nación. Pedimos la convocación de Cortes nombradas por el pueblo, y que estas tengan la capacidad de hacer en la Constitución proclamada por las Cortes extraordinarias, los cambios que exige nuestra situación, que aconseja la experiencia, que nos indiquen las leyes constitucionales de las otras monarquías.

Las Cortes restablecerán el orden en nuestra Hacienda, cuidarán de la suerte de nuestros soldados, recompensarán sus servicios, les asegurarán la existencia para la vejez, y harán en adelante la nación sea respetada y estimada.

Renunciando la nobleza a una insignificante parte de sus privilegios, encontrará la indemnización del sacrificio en las nuevas disposiciones constitucionales que le darán existencia política. Todas las clases de la sociedad verán mejorar su situación: los párrocos, cuya influencia puede ser tan útil, obtendrán sueldo más elevado; el agricultor, el artesano, el comerciante y el industrial gozarán de nuevo de las ventajas que habían empezado a sacar de los cambios hechos en su favor por las Cortes; y gracias a una sabia administración de los fondos públicos, los acreedores del Estado podrán esperar ser indemnizados de los adelantos que tienen hechos y de las pérdidas que han sufrido, ya por sacrificios patrióticos, ya por desconfianza en las promesas del gobierno.

¡Españoles! Tales son nuestros deseos; tales serán sin duda los de las Cortes cuando estén reunidas. Para alcanzar tan sagrado objeto, Galicia invita a sus hermanas a reunirse a ella. Igual invitación ofrecemos a los intrépidos defensores de la patria, a los dignos oficiales, a los ilustres generales, en una palabra, a los españoles de todas las clases.

Firmes en nuestra resolución, no dejaremos las armas (si nos vemos obligados a recurrir a ellas) antes de obtener lo que pedimos; y tan dispuestos estamos a estrechar entre nuestros brazos a todo español que se aliste bajo el estandarte nacional, como a ser implacables para con los que, enemigos a un tiempo de su patria y de su rey, prefieran abandonar a éste en manos de sus viles consejeros, a apartarle de su influencia y ponerle delante de los ojos sus pérfidas intenciones.

Nuestra conducta servirá de modelo a la de nuestros adversarios. Respetaremos la propiedad, y la libertad individual será santa para nosotros. Pero ¡desgraciados aquellos que, abusando del augusto nombre del Rey, se permitirán contra quien quiera que sea el insulto o la persecución! Responderán con sus cabezas, y en su defecto, la responsabilidad caerá sobre los que se crean susceptibles de ser tomados en rehenes.

Estamos seguros de la justicia de nuestra causa, y el mundo verá que España, que ha sabido desplegar tanto valor guerrero para el sostén de su independencia contra el extranjero, está dispuesta a mostrar igual energía para proteger en el interior sus derechos y libertades.

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