El Gran Memorial del Comte-duc d’Olivares al rei Felip IV

Amb l’ascens al poder de Felip IV, els Àustries van recuperar, després del parèntesi que havia suposar el pacifisme practicat per Felip III, el seu projecte polític europeu. Així, el regnat va caracteritzar-se pel suport donat a l’Imperi Habsburg durant la Guerra dels Trenta Anys (1618-1648) i el seu enfrontament, durant i després d’aquest conflicte, amb França, guerres que marcarien el final de l’hegemonia castellana a Europa. Aquest projecte, però, comportava unes despeses molt elevades que Castella, esgotada i en un moment en què les remeses americanes començaven a davallar, no podia sufragar en solitari.

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Felip IV

D’aquesta manera, calia cercar els recursos en els altres territoris que configuraven la Monarquia Hispànica. En aquest sentit, el principi de diversitat territorial de la Monarquia Hispànica com a unió entre regnes iguals (aeque principaliter) es qüestionaria a partir del nomenament del Comte-duc d’Olivares com a nou valido (primer ministre) de la monarquia. El programa d’Olivares aspirava a reforçar el poder del rei, retallant l’autogovern dels diferents territoris uniformitzant tot el territori hispànic a partir de la imposició de les lleis castellanes, que afavorien més el poder reial.

Així, el valido va creure convenient imposar una centralització de l’administració estatal que repartís les càrregues militars i fiscals entre tots els regnes i alleugerir el pes de les despeses castellanes. Per aconseguir els seus objectius, Olivares va proposar tres “caminos” en un memorial secret adreçat al rei el 1624: 1. la integració gradual dels regnes mitjançant un sistema d’enllaços matrimonials i el nomenament dels naturals d’un regne per als càrrecs dels altres; 2. la negociació amb els regnes sota pressió militar perquè el monarca exercís una posició de força; i 3. provocar aldarulls durant la visita del rei a un regne perquè l’exèrcit pogués intervenir, ocupar el regne i fer valer el dret de conquesta.

Aquest és un extracte del Gran Memorial que el Comte-duc d’Olivares va adreçar al rei Felip IV el 1624:

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Comte-duc d'Olivares

Tenga V. M. por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente V. M. con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona […], sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo y leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si V. M. lo alcanza será el Príncipe más poderoso del mundo.

Procure poner la mira en reducir sus reinos al estado más seguro, deseando este poder para el mayor bien y dilatación de la Religión Cristiana, conociendo que la división presente de leyes y fueros enflaquece su poder y le estorba conseguir fin tan justo y glorioso, y tan al servicio de Nuestro Señor, extender la Religión Cristiana, y conociendo que los fueros y prerrogativas particulares que no tocan en el punto de la justicia (que ésa en todas partes es una y se ha de guardar) reciben alteración por la diversidad de los tiempos y por mayores conveniencias se alteran cada día y los mismos naturales lo pueden hacer en sus cortes […]. Se procure el remedio por los caminos que se pueda, honestando los pretextos por excusar el escándalo, aunque en negocio tan grande se pudiera atropellar por este inconveniente, asegurando el principal.

Tres son, Señor, los caminos que a V. M. le pueden ofrecer la ocasión y la atención de esta parte, y aunque diferentes, mucho podría la atención de V.M. juntarlos y que, sin parecerlo, se ayudasen el uno al otro.

El primero, Señor, y el más dificultoso de conseguir (pero el mejor pudiendo ser) sería que V. M. favoreciese los de aquel reino, introduciéndolos en Castilla, casándolos en ella, y los de acá, allá y con beneficios y blandura, los viniese a facilitar de tal modo, que viéndose casi naturalizados acá con esta mezcla, por la admisión a los oficios y dignidades de Castilla, se olvidasen los corazones de manera de aquellos privilegios que, por entrar a gozar de los de este reino igualmente, se pudiese disponer con negociación esta unión tan conveniente y necesaria.

El segundo sería, si hallándose V. M. con alguna gruesa armada y gente desocupada, introdujese el tratar de estas materias por vía de negociación, dándose la mano aquel poder con la inteligencia y procurando que, obrando mucho la fuerza, se desconozca lo mas que se pudiere, disponiendo como sucedido acaso, lo que tocare a las armas y al poder.

El tercer camino, aunque no con medio tan justificado, pero el más eficaz, sería hallándose V. M. con esta fuerza que dije, ir en persona como a visitar aquel reino donde se hubiere de hacer el efecto, y hacer que se ocasione algún tumulto popular grande y con este pretexto meter la gente, y en ocasión de sosiego general y prevención de adelante, como por nueva conquista asentar y disponer las leyes en conformidad con las de Castilla y de esta misma manera irla ejecutando con los otros reinos […].

El mayor negocio de esta monarquía, a mi ver, es el que he representado a V. M. y en qué debe V. M. estar con suma atención, sin dar a entender el fin, procurando encaminar el suceso por los medios apuntados.

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