Marc Bloch i el falsejament de la història

L’historiador francès Marc Bloch (1886-1944), pare de l’Escola dels Annals juntament amb Lucien Febvre, va deixar escrit en l’article “Reflexions d’un historien sur les fausses nouvelles de la guerre” aparegut a la Revue de synthèse historique (volum 33, 1921):

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Marc Bloch

La obra crítica no lo es todo para el historiador. El error no es para él únicamente un cuerpo extraño que se esfuerza por eliminar de toda la precisión de sus instrumentos; lo considera también como un objeto de estudio sobre el que se vuelca cuando se esfuerza por comprender el encadenamiento de las acciones humanas. Los falsos relatos han levantado a las masas. Las falsas noticias, en toda la multiplicidad de sus formas –simples historietas, imposturas, leyendas– han llenado la vida de la humanidad”.

[Les històries falsejades] nacen con frecuencia de observaciones individuales inexactas o de testimonios imperfectos, pero este accidente original no es el todo; en realidad, por sí sólo no explica nada. El error no se propaga, ni se amplifica ni vive si no se cumple una condición: encontrar en la sociedad en la que se expande el caldo de cultivo favorable. En ella los hombres expresan sus prejuicios, sus odios, sus temores, todas sus emociones fuertes. Sólo […] los grandes sentimientos colectivos tienen el poder de transformar una mala percepción en una leyenda.

A veces, sin duda, sucede que un rumor que corre por el país o dentro de cierto grupo social es reproducido con toda ingenuidad por un periodista; sería muy naïf rechazar a los reporteros toda inocencia. Pero lo más frecuente es que la falsa noticia sea simplemente un objeto fabricado; se ha forjado de la mano de un artesano con un objetivo muy concreto: para actuar sobre la opinión, para seguir una consigna; o simplemente para adornar la narración, de acuerdo con esos curiosos preceptos literarios que se imponen tan evidentemente a los más modestos publicistas y arrastran tantos recuerdos de las viejas retóricas; Cicerón y Quintiliano tienen en las salas de redacción más discípulos de lo que se cree normalmente.

Se cree con frecuencia lo que se tiene necesidad de creer. Una leyenda que ha inspirado acciones de gran resonancia y sobre todo acciones crueles es casi indestructible.

Una falsa noticia nace siempre de representaciones colectivas preexistentes a su nacimiento; sólo es fortuita en apariencia, o más precisamente, lo único fortuito es el incidente inicial, sea el que sea, que desencadena el trabajo de las imaginaciones; pero esta activación sólo se produce porque las imaginaciones están ya preparadas y fermentando en silencio […]. Si osara utilizar un término al que los sociólogos han dado con frecuencia un valor para mi gusto demasiado metafísico, pero que se acomoda y en todo caso está lleno de sentido, diría que la falsa noticia es el espejo en el que la ‘conciencia colectiva’ contempla sus propios rasgos.

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