A la recerca de les claus de la història d’Europa

Europa és un continent que es troba en mig de la recerca de si mateix. Envoltat d’una geografia plena de contradiccions que es mouen entre les ferides més sagnants i els èxits més gloriosos en el seu passat històric i guaitant els grans reptes que suposa el seu futur Europa ha de començar a pensar la seva història com a unitat, com ja alguns visionaris havien fet en un passat no tan llunyà.

Europa és el nou (i vell) objecte d’estudi de José Enrique Ruiz-Domènec que a la seva nova obra Europa. Las claves de su historia busca mostrar els pilars de la nostra història comuna com a europeus. I és que “el europeo está condicionado por su historia, pero no la conoce” en paraules de l’autor. Ahir m’arribava el llibre i només llegint-ne la introducció i les referències publicades a la premsa ja m’atreveixo a dir que serà imprescindible lectura amb el pas dels anys.

Ruiz-Domènec presenta una Europa de les nacions amb una història que és comuna:

Los países ejes que marcan Europa, es decir, Francia, Alemania, Gran Bretaña e incluso Italia tienen la Historia como un elemento estructural. Europa es una idea mucho más compleja, rica y transversal que el Occidente. Europa es un juego de espacios políticos muy diversos en la que intervienen múltiples tradiciones, incluida la bizantina, que no podemos olvidar porque forma parte de un núcleo duro de Europa, que llega hasta Rusia.

Una història amb arrels perdudes en la descomposició de l’Imperi Romà d’Occident, quan apareix per primera vegada la idea d’Europa:

La idea surge tras la descomposición del Imperio Romano, en los siglos IV y V de nuestra era. Un imperio, no lo olvidemos, más panmediterráneo que europeo: Roma estaba más interesada en países como Egipto y Siria que en Galia o Hispania.

La noche de san Silvestre del año 406 el Rin se heló. Miles de hombres mujeres y niños lanzaron los carromatos sobre el río, y el hielo aguantó. No necesitaron puentes para atravesarlo. Las tropas imperiales quedaron desbordadas por la avalancha; pero nunca sospecharon el papel que les reservaba la historia. Con ese gesto comenzaron las invasiones bárbaras en Occidente. La muralla se agrietó. Nunca volvería a restaurarse.

Sobre les arrels cristianes afirma:

Europa se construye en diferentes fases. Hay muchas raíces cristianas, pero también ha habido reformas desde el cristianismo primitivo, como la renovación franciscana o la luterana. El cristianismo se ha reinventado en Europa. ¿Cómo ajusta sus tesis con una Europa laica, ilustrada? Creo que el cristianismo está en trance de reinventarse y eso es positivo. Lo conservador es algo contradictorio con el cristianismo. Se puede hacer esa evolución sin tergiversar el mensaje original.

Aquest, però és un

diálogo que debe establecer entre los que son cristianos y los que aseguran que no lo son, porque en Europa, incluso los que aseguran que no son cristianos, lo son, porque su educación, resulta evidente, no es confucionista. Los principios cristianos han influido en todos. Ahí está Goya, Rubens, Leonardo da Vinci. Tenemos que aprender a establecer una convivencia. No se puede evitar la historia.

Però no només hi ha unes bases cristianes per parlar d’Europa: hi ha una cultura (de l’edat mitjana al romanticisme), una geografia, un esperit científic, una separació del fet secular i el fet religiós, unes formes de govern (de les monarquies absolutes a les democràcies passant per la Revolució) i uns mites comuns (el greal).

Al voltant de la Il·lustració, el romanticisme i el nazisme, Ruiz-Domènec afirma:

La Ilustración francesa y alemana no se pusieron de acuerdo. El mundo de Goethe no logró establecer contacto con Les Lumières y la Revolución Francesa puso fin a los posibles contactos. De ese fracaso, el Romanticismo forma la síntesis. El Romanticismo se apropia de los valores de la Ilustración pero los subvierte. Y hoy en día el Romanticismo está en plena vigencia, lo que prueba que la Ilustración no cristalizó como los ilustrados hubieran deseado.

Los fascismos son románticos, en buena parte, al menos en su caldo de cultivo: es la idea de la tierra, del sueño como terror. Todo esto no era pensable por la Ilustración, que hubiera creado otro tipo de Estados autoritarios, otro tipo de desastres si se quiere, pero no la locura del nazismo.

I sobre les deficiències de l’Europa d’avui dia Ruiz-Domènec considera que

Nos falta lo que siempre ha tenido Europa: think-tanks. No podemos tener los pensamientos de otros. No puede permitirse el lujo de no tener una universidad entre las quince mejores del mundo.

No es sólo un problema económico. Es la credibilidad de las ideas. Si se pierde, se fracturará el sistema. Europa siempre ha arbitrado soluciones a grandes problemas y en momentos más difíciles que los actuales. Ahora sólo se apuesta por la investigación aplicada y no el pensamiento. Las dos son igual de importantes. Siempre hubo ese equilibrio: Einstein y Thomas Mann. Nunca hubo una disociación entre lo matérico y los espiritual.

Los políticos no están a la altura de las circunstancias. Han creado una crónica de su mundo a través de los medios de comunicación. No es bueno. A los políticos se les hace una crónica diaria excesiva. Las personas lo que quieren es que les resuelvan los problemas. Una respuesta clara.

Cuando en España hay más BMW que en Francia y peores universidades que en el país galo, es que falla algo. Muchos estudiantes se van a EE UU para hacer un curso y ya quedarse allí. Nosotros tenemos la fuga de cerebros en la fase formativa.

En resum, als europeus

nos gusta el lugar que ocupa la tierra y la lengua de cada uno dentro de un cosmos más o menos ordenados; nos gustan las viejas ciudades reconstruidas, nos gusta Rotemburgo, Carcasona o el barrio gótico de Barcelona. El europeo ha creado su patrimonio cultural y nadie lo discute, pero esa reconstrucción, esa restauración de un pasado, es la antítesis del pensamiento ilustrado, que lo que proponía era deshacerse de un pasado oscurantista y construir encima de él, aun destruyéndolo. Y con el Romanticismo se cuela también la religión, el hecho religioso, que tiene ahora, en pleno siglo XXI una presencia extraordinaria. Si Jean-Paul Sartre levantara la cabeza nos tomaría por locos.

No perdeu la pista d’aquest llibre on, un cop més, Ruiz-Domènec ens dóna una obra imprescindible en la qual, es comparteixin o no les tesis de l’autor, principalment se’ns convida a pensar i reflexionar sobre nosaltres mateixos. Una obra especialment il·luminadora sobre el passat per entendre el perquè del present. I tot sota una metàfora que m’evoca un pensament compartit amb el mestre Ruiz-Domènec: la imatge de la construcció de la Torre Eiffel (símbol parisenc, símbol francès) com a reflex de la construcció de la pròpia Europa (símbol d’una Exposició Universal, símbol europeu, símbol del món).

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