La visió infantil de la guerra

La guerra va trasbalsar la societat. Van sorgir nous rics beneficiats de les comandes de guerra; la major part de la societat, però, va empobrir-se ja fos com a conseqüència directa del conflicte o per les noves condicions econòmiques. A més, la guerra, i la manca de mà d’obra masculina consegüent, va donar a les dones un nou lloc dins de la societat permetent la seva incorporació al món laboral. Com vivia un infant els efectes de la Gran Guerra en la seva vida quotidiana? El seu món vital havia canviat sobtadament i havia d’adaptar-se a les noves circumstàncies.

Aquest és el testimoni de l’actriu i cantant alemanya Marlene Dietrich a la seva autobiografia Marlene (1984):

La guerra había hecho que numerosas reglas y costumbres fueran ya caducas. El país estaba bajo medidas de urgencia. El hecho de que nuestra educación siguiera como si estuviéramos todavía en paz nos hacía dudar de la razón de nuestros mayores. Perplejos, meneábamos la cabeza, nos sentíamos maduros y sabios, pero también impotentes e ignorantes […].

L’actriu i cantant alemanya Marlene Dietrich

Sin ninguna resistencia por mi parte acepté esa silueta vaga que era mi padre cada vez que evocaba su memoria. La mayor parte de mis compañeras no tenían padre, ya no los echábamos en falta y apenas comprendíamos que se habían ido para siempre […].

Vivíamos en un mundo de mujeres. Los pocos hombres que frecuentábamos eran enfermos o ancianos que no eran hombres propiamente dichos. Los hombres verdaderos estaban en el frente, luchando; luchaban hasta que caían, y, después de una guerra tan larga, transcurrirían muchos años hasta que hubiera hombres nuevamente. Nuestra vida junto a las mujeres se había convertido en un hábito tan cómodo que a veces nos inquietaba la posibilidad de que aparecieran hombres entre medio, hombres que representaban la superioridad y que se convertían en los amos de su territorio […].

La visita de un primo de una de mis tías, que iba a ser trasladado del frente Este al Oeste me demostró que tenía razón. Un ambiente febril se apoderó de la casa, los pies subían y bajaban la escalera con viveza, las voces vibraban, cambiaban, la impaciencia y el reproche se vislumbraban detrás de palabras y gestos. Mucho antes de la hora de comer se oía el sonido de la vajilla y la casa parecía agitada por un temblor de tierra.

Las guerras de los libros de Historia, todas aquellas guerras que yo había estudiado, de las que había aprendido de memoria la fecha y la razón de su declaración y su final, jamás me habían interesado demasiado […]. Tuve que vivir aquella temporada excepcional para comprender de verdad el sentido de la guerra que estábamos viviendo. El soldado en nuestra casa, el ambiente que trajo y nos dejó, sus resonantes pasos por los corredores, su cuerpo macizo, los peligros que había afrontado y los que le esperaban después de su marcha, el beso que me había dado, sus camisas gris campo, la certeza de que no volvería más… todos estos hechos hicieron que contemplara la guerra por primera vez. Me pareció que hasta aquel momento había vivido sumergida en una especie de neblina. Permanecí llorando en el baúl de mimbre.

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