Es importante destapar la cimentación del templo. Esta sería la parte más espectacular de la investigación arqueológica, pero lo que será más importante para nosotros es lo que se denomina documentación estratigráfica y estudio de materiales. Es lo que no se ve después de una excavación y es la parte más dificultosa, pero provechosa, de una intervención arqueológica. Nos referimos a la estratigrafía. La excavación y el análisis metódico de los estratos de tierra y los objetos recuperados que allí se encuentran son la base científica sobre la que se desarrolla posteriormente el discurso historicista.
De esta manera podemos establecer cronologías, absolutas o relativas, complementar los estudios existentes de economía de mercado –a partir de las cerámicas o monedas-, estudios de reconstrucción paleoambiental –con los sedimentos vegetales-, estudios sociales –con los datos epigráficos-, estudios de iconografía y religiosidad y, de esta forma, otros muchos aspectos que, pacientemente, el arqueólogo recupera y estudia con la ayuda de las nuevas tecnologías.
Sólo de esta forma podremos fechar las evidencias arquitectónicas que puedan surgir y, por lo poco que se ha conservado de nuestro pasado, es obligatorio no rechazar nada.